Crónica de un movimiento anunciado. Tercera parte: la toma de Sol

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Pocas personas permanecían inmóviles a la una de la madrugada en la Puerta del Sol. Unos venían de las calles aledañas con cartones, sofás e incluso colchones. Otros se adherían a pequeños grupos que, por farolas, debatían sobre cuáles serían los próximos pasos en las reivindicaciones. Las decisiones se tomaban en asambleas en las que se organizaban en comisiones, la comisión de acción en la primera farola a la izquierda, la de limpieza en el estanco, la de comunicación en la tercera farola y así, se disponían a salir del caos que horas antes se había vivido en el turístico punto madrileño debido a la gran afluencia de personas. Ahora, instalada la carpa y organizados en comisiones, empezaba la acción.

En un momento de la manifestación desde la organización –situadas a un lado de la estatua ecuestre de Carlos III- se pidió a los asistentes que tomasen asiento. Eran muchos asique el proceso fue algo lento como si se tratase de mover una máquina muy pesada. Mientras el majestuoso edificio de la Presidencia de la Comunidad de Madrid permanecía en silencio, en la plaza, el pueblo estaba reunido, construyendo lo que muchos compararon con la versión española de la Tahrir egipcia. Cuando al fin todo el mundo estaba en suelo una voz pronunció una frase que provocó varios minutos de aplausos, desde Arenal, hasta Alcalá, desde los andamios del edificio del Corte Inglés hasta las escaleras del metro: “Esto no es sólo una concentración es una asamblea”. Eran alrededor de las 21.00 de la noche y nadie estaba dispuesto a dejar que la policía les echase como habían hecho la noche anterior. Una hora antes, el flujo de personas era constante. Pancartas, silbatos, cacerolas, máscaras… y cánticos, muchos cánticos para demostrarle al mundo y a sí mismos, que la manifestación no había sido más que el principio.

Pero ¿Quiénes son los que asisten a las concentraciones? ¿Desempleados desencantados?, ¿jóvenes anti sistema?, ¿Ninis? Este movimiento no puede clasificarse, así lo demuestran Rafa y Paz de 63 y 50 años, ambos funcionarios o Eloy de 32 años, profesor en un centro concertado o Javi de 30 y autónomo, o Dani de 21 años o Antonio de 19 años. Lo cierto es que tras dar un paseo por la plaza, la vestimenta, tan clásica para clasificar a la gente demostraba la heterogeneidad del grupo. Desde los trajes chaqueta, a los vestidos vintage, desde los pantalones ceñidos y crestas rojas, a los vaqueros Carhartt y polos Lacoste. ¿Votarán? Muchos ya lo han hecho por correo y otros tanto no quieren perderse esa cita, sólo que lo harán de forma responsable, según declaraban, sabiendo que hay más partidos que los mayoritarios y más formas de voto que las que comúnmente se utilizan.

Este grupo, tan distinto y distante en cuanto a sus ideologías políticas está iniciando algo grande ¿el qué? Nadie puede definirlo con exactitud pero a nadie parece importarle porque lo esencial es pensar en cómo transformar la indignación en acción. “Esto no es un movimiento es una expresión del hartazgo del pueblo”, decía José mientras observaba como ponían en pie la gran carpa azul que se convertiría en el centro neurálgico del campamento. Como en la manifestación, se debatía en pequeños grupos organizados por edades, los más jóvenes debatían con los más jóvenes y los mayores con los más mayores, sobre bipartidismo, huelgas y cambios sociales y políticos profundos. ¿Cómo se harán esos cambios? Tampoco es lo importante porque el camino se hace al andar. Y lo cierto, es que lo han iniciado con tanta inteligencia que lo que en principio era un movimiento seguido por varios centenares de personas, hoy lo apoyan varios miles y lo que podría tener un carácter local ha traspasado a nivel internacional. Por poner un ejemplo, hoy hay convocada una concentración en la Embajada Española en Ciudad de México, como también la convocaron en Berlín, Londres, Roma y lo harán en Bruselas.

No les importa no contar con el apoyo de los periódicos, radios y televisiones nacionales porque su principal medio de difusión son las redes sociales. En especial Twitter en el que, #acampadasol, #nonosvamos, #yeswecamp y #spanishrevolution son desde el lunes temas del momento a nivel nacional. Algunas jornadas, lo fueron también a nivel global. Eso sí, puntualizan y critican cuando algunos comentaristas dan informaciones erróneas como es el caso de Cristina a quien puede escucharse aquí.

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El de sol es un movimiento inexperto que deja muchas cuestiones en el aire y que en ocasiones puede resultar un poco caótico, pero está conformado por gente que aporta ideas, que participa y que no sólo quiere un país distinto sino que además lo visualiza y lucha por conseguirlo. En principio, todos los días a las 20.00 se convocan en más de 20 ciudades españolas concentraciones en el lugar que históricamente ha servido de encuentro para el pueblo: las plazas.

Nadie en su sano juicio debería volver a subestimarlo, porque después de tanto tiempo de sumisión ciudadana pocos están dispuestos a volver, como más de uno desea, al laberinto del silencio y la apatía.

Fuentes de la imagen
Roberto E. González

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