Crónica de un movimiento anunciado. Primera Parte: La marcha

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Cinco minutos antes de las seis de la tarde la plaza de Cibeles era un auténtico hervidero. Cientos de jóvenes y no tan jóvenes inundaban la calle con pancartas, tambores y silbatos. Quedaban pocos minutos para el inicio de la marcha cuando un camión se abrió paso entre la multitud. Todos lo recibieron con aplausos. El conductor les respondía con pitidos. En la caja, varias personas compartían el espacio con micrófonos, cámaras de fotos y dos grandes bafles. Serían los encargados de animar la manifestación. Todo debía estar a punto.

No parecía una manifestación como otra cualquiera, se respiraba la indignación, las ganas de los asistentes de hacerse oír, de provocar el cambio. “Que no, que no, que no nos representan” cantaban algunos. Mientras tanto, Mario espera en una valla a un par de amigos, tiene 24 años y su voz suena cansada al entonar que lleva más de 4 meses en paro. ¡Al menos cobro la ayuda! “Si no encuentro trabajo antes de 6 meses me tocará vender el coche e irme a vivir con mis padres”. Mario estudió un módulo de electricidad y se marchó a Ávila a trabajar para una importante empresa de energía eólica. “Al principio cobraba alrededor de 1.500 euros, después me rebajaron 500 euros”, asegura. El inicio de la crisis marcó el final de sus casi cuatro años de contrato y ahora sólo le queda enviar currículum y salir a la calle a mostrar su desaprobación ante las medidas políticas y económicas que tanto el gobierno español, como las instituciones financieras internacionales adoptan. No le preocupa que los medios de comunicación no cubran la manifestación “Ahora tenemos Twitter, Facebook y Youtube. Si ellos no lo emiten seguirán demostrando que sólo ponen lo que les interesa”.

18.05 inicia el recorrido a ritmo de “Esta crisis no la pagamos”. Frente al Ministerio de Educación dos hombres mayores dialogan un poco alejados del núcleo de la manifestación sobre la herencia que les queda a los jóvenes. Isidro tiene 71 años y, tras la muerte de su hija, se encarga de su nieta de 15 años “Soy pensionista y si reducen las becas y las ayudas no podré mandar a mi nieta a la universidad”. Isidro se considera optimista, por ello cree que nunca es tarde para manifestarse, alzar la voz y recuperar la unión para luchar por los derechos ciudadanos. “La juventud os enfrentáis a un futuro tan malo que me duele y me cabrea”, comenta mientras se levanta la boina, “los veteranos también tenemos que salir a la calle, como ya lo hicimos antes y echaros una mano”.

Continúa la manifestación. Algunos miran al cielo. Un helicóptero de la Policía Nacional sobrevuela la concentración. Frente al Banco Español de Crédito descansan Flavio y Celia de 24 y 30 años respectivamente, ambos viven en Toledo pero debido a que no se permitió la protesta en esa ciudad porque, según indica el texto remitido por la Junta Electoral Provincial de Toledo a los organizadores, afecta mayormente a los gobernantes actuales en Castilla-la Mancha, de manera que la manifestación-protesta, está influyendo o puede influir en la orientación del voto al convertirse en una crítica (…)”. ¿Por qué venís? “Para exigir un cambio y porque creemos que es necesario que poco a poco la gente vaya saliendo a la calle” responden casi al unísono. Celia tiene un título universitario y un máster oficial, habla varios idiomas y aún así lleva en el paro cinco meses “cobro el paro pero yo quiero trabajar” dice. Parece desesperada, “ni siquiera me han llamado de una entrevista, nada” continúa “este es nuestro momento de reivindicarnos porque si nos quedamos en casa nada va a cambiar”. Flavio está realizando las prácticas del módulo de fotografía que casi termina. Una vez que termine nos vamos de España. ¡Es penoso tener que dejar a tu familia y amigos para buscar una vida más digna! Hasta el momento, Flavio y Celia viven juntos, aunque reconocen que sus padres les pasan un dinero al mes ¿Cómo vamos a vivir los jóvenes hoy en día si no es con la ayuda de nuestros padres? Se pregunta Flavio.

Tras reponer fuerzas ambos se levantan y se reenganchan a la marcha cuando el camión que precede a los manifestantes llega a la altura de donde nos encontramos. Con las pilas cargadas entonan “Nuestra dignidad no la compra mastercard” junto al resto de participantes. ¡Violencia es cobrar 600 euros! Se lee en la pancarta que lanza al aire una de las integrantes del grupo congregado por la plataforma Democracia Real Ya. Vuelve el sonido del helicóptero y tras él los silbidos de protesta, para expresar quizás que no es a ellos a los que deberían vigilar, que solo están cansados de la precariedad, que tan sólo buscan oportunidades dignas.

A lo largo de la calle Alcalá, en pequeños círculos todo el mundo hablaba de la necesidad de luchar, de salir a la calle, de recobrar la fuerza.

19.40, la cabecera de la manifestación llega a Sol. La cola de la misma no llegaría a la plaza hasta las 21.00. En la turística plaza madrileña, los que no se habían percatado de la marcha se paraba para observar a la multitud de personas que poco a poco iban llenando la plaza. “Lo llaman democracia y no lo es” entonaba la plaza. El intenso calor de la tarde del día de San Isidro había hecho mella entre los manifestantes, muchos intentaron buscar un huequito de sombra en el que reponerse. La caja del camión que, durante la calle Alcalá había acogido a fotógrafos y animadores, se convirtió en un escenario improvisado por el que circularon intelectuales y representantes de las distintas organizaciones que secundaron la convocatoria. Carlos Taibo, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid fue el primero en dirigirse a los congregados en Sol. Le recibieron con tantos aplausos que al principio casi ni se le escuchaba, “estos sindicalistas de CCOO y UGT que están dispuestos a firmar lo in firmable” dijo Taibo y la plaza explotó en júbilo, para continuar “Utilizábamos el término 1000 euristas para retratar la realidad tétrica de los jóvenes, hoy empezamos a hablar de quinientos euristas y pasado mañana, las cosas como van hablaremos de 300 euristas” y recibir la misma acogida. Taibo terminó su discurso citando a Martin Luther King “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo, lo que nos parecerá más grave, no serán las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas” y toda la plaza pareció estremecerse, como si esa frase sintetizase la actitud colectiva mantenida hasta el momento.

Al tiempo, en el edificio que alojase durante años el fluorescente publicitario del Tío Pepe unos jóvenes desplegaron una gran pancarta vertical en la que podía leerse: “No son rescates, son chantajes. Vuestra crisis no la pagamos”. Todos los allí presentes, tan distintos entre sí dirigieron la mirada, por unos segundos, hacia el mismo punto.

21.15 sol recupera su ritmo normal. La multitud se disuelve, algunos por Preciados, otros por Carretas. Farolas, cabinas de teléfonos y fuentes custodian ahora las pancartas de los miles de asistentes. No permanecerán por mucho tiempo solas porque algunos de los manifestantes vinieron para quedarse.

Fuentes de la imagen:
EFE Madrid (Violencia es cobrar 600 euros)
Público (Nietos en paro, abuelos trabajando)

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