Crónica de Libros

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El lunes 13 de noviembre, en la librería de la Fnac de la plaza de Callao, firmaba Alejandro Jodorowsky ejemplares de su libro Las ansias carnívoras de la nada. Supongo que acudió a su cita, porque yo no fui a comprobarlo. Hace algunos años, recién leí El niño del jueves negro, habría ido a verlo. Hoy no. La psicomagia ya no me alborota. Será que ya veo al autor subido en los altares de la literatura, y eso a mí siempre me espanta. Lo cierto es que dudé por un momento, lo confieso. Tal vez porque sigue publicando con Siruela, una de mis debilidades. Y es que tengo muchas. Las cosas bien hechas, por ejemplo. Una de ellas se recoge en la Enciclopedia del español en el mundo, una obra en la que han colaborado 220 autores, y que analiza a lo largo de 900 páginas la expansión internacional de la lengua española. Un paso más en el espectacular impulso dado al Instituto Cervantes por Leire Pajín, la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, y el actual director de la institución, el escritor César Antonio Molina, que no se toman un respiro. A César lo que es de César. Es justo destacarlo, en los últimos años la institución y nuestro idioma suben cada vez más alto.

La novela de Jodorowsky no es nueva, la escribió en 1970 y que fue publicada por primera vez, aunque en una edición de tan sólo 500 ejemplares, en Santiago de Chile en 1995. Eso dice el autor, y lo dice sin darle importancia, como si fuera algo hecho a propósito, como si fuera una edición numerada exclusiva para cuatro amigos y otros tantos coleccionistas de primeras tiradas, cuando por desgracia esa cifra se repite con mucha frecuencia, y tan sólo delata la escasa confianza del editor en la obra que lanza. Precisamente para coleccionistas podría ser el nuevo diccionario que saca en estos días La Real Academia de la Lengua, que tampoco para. Lo edita, como siempre, Espasa-Calpe, y se trata del Diccionario esencial de la lengua española. Por 32 euros, una vasta colección de palabras. Palabra de compromiso la del presidente colombiano Álvaro Uribe, que tras anunciar el pasado día 6 de noviembre en Bogotá el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, a celebrar en Cartagena de Indias, entre el 26 y el 29 de marzo de 2007, prometió  que Colombia entera se volcará con el evento y anticipó la puesta en marcha de una campaña en defensa del buen uso del idioma en su estado. Otro Siruela que se presenta en estos días y del que no puedo pasar sin decir algo es el Diccionario de los ismos, de Juan Eduardo Cirlot, publicado por vez primera en 1949 y posteriormente en 1956, en una versión ampliada. La de Siruela se basa en esa segunda, pero incorpora voces que el autor elaboró antes de su muerte en 1972. El diccionario es una forma de expresión muy querida por Cirlot, de quien ya antes esta misma editorial había editado otro texto de gran relieve: El diccionario de símbolos. Más actos. El pasado 6 de noviembre, un jurado compuesto por nombres ilustres de nuestras letras (Salvador Clotas, Juan Cueto, Esther Tusquets, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde) se puso de acuerdo, uf, para conceder por unanimidad el XXIV Premio Herralde de Novela a la obra titulada  La enfermedad de Alberto Barrera Tyszka (venezolano, nacido en Caracas en 1960, que tiene publicados ya algunos títulos entre los que alguien ha destacado una biografía del presidente Hugo Chávez). La finalista fue Muerte de un murciano en La Habana, de la cubana Teresa Dovalpage. Pocos días antes o pocos días después salió a la venta el libro premiado en el V Premio de Novela Ciudad de Torrevieja, uno de esos premios de tantos que, por lo que se ve, tratan de descubrir nuevos valores literarios. Título, El candidato. Autor, un tal Jorge Bucay. Mejor no digo nada. Lectura innecesaria: El Premio Herralde lo convoca la editorial Anagrama (otra de mis debilidades, ya advertí que soy muy débil y que la lista será larga), cuyo editor (y dueño) es Jorge Herralde. Supongo que era innecesaria. Y para acabar varios apuntes y algo de caña. Vuelve Alatriste. Y no es una amenaza. Ya está aquí la sexta entrega del capitán Vigo Mortensen. No. No. Qué lío. Ése es el que hace de Alatriste. El capitán se llama Arturo. Por cierto, voy a romper una lanza en favor de Pérez Reverte. Desde que me abatió con La tabla de Flandes no había vuelto a saber nada de lo que escribe hasta que fui a ver la película de Agustín Diaz Yanes, de la que el escritor es guionista. Bien. Pues resulta que me gustó la forma en que trata la historia, y sobre todo su postura crítica con la política española de entonces. Algo a defender, a pesar del oro que tanto le rinde al capitán Arturo. Pero el pasmo por el retorno de Alatriste se me corta de golpe. Ahora mi estado es de asombro. Lista de ventas de una megalibrería de la capital, 10 de noviembre, entre los de no ficción: De la noche a la mañana: El milagro de la COPE, de Federico Jiménez Los Santos. ¡Dios mío, dime que no es verdad, que yo no creo en los milagros! Tampoco cree Antonio Muñoz Molina, que habla de esas cosas con Clemente Corona, en una entrevista que concede en estas fechas a la revista Club Cultura, a propósito de la reciente aparición de su novela El viento de la luna. Dice Muñoz Molina, entre otras cosas: “Me parece vergonzoso que la iglesia siga controlando parte de la enseñanza en la España de hoy, y que el Estado no sea verdaderamente laico. Me saca de quicio ver a un gobernante democrático participando oficialmente en una procesión, por ejemplo.” Supongo que mi admirado Antonio se queda en el gobernante por no apuntar más alto.

Fotografía: http://www.laestrelladigital.es/

1 Comentario

  1. Muñoz Molina dijo eso, es verdad; pero se te olvida apuntar querido Lorenzo, que en la promoción de El viento de la luna por paises Hispanoamericanos, también dijo que sacar una ley de Memoria Histórica, a parte de ser una estupidez, demostraba un sectarismo y un afán de revanchismo absoluto. Estas palabras, que conociéndote dirás que saco de contexto, las puedes encontrar en cualquier periódico (excepto en El país) de hace unos días.
    Son estas políticas, las que hacen que el último libro del señor Jiménez Losantos (al que alguien debería recomendarle un buen logopeda) se convierta en best-seller. Por cierto, un punto a favor para nuestra ministra de pseudocultura, Carmen Calvo, por haber hecho una campaña ejemplar a favor de Andalucía en la feria del libro de Guadalajara, de la que tendrtá gran protagonismo.

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