Crónica de Libros

Doblado el 6 de enero comienza la lenta recuperación de las actividades libreras, suspendidas durante el desenfreno navideño. Envuélvalo para regalo. Gracias. Libros ocultos bajo un papel de colorines, campanitas de tela  y hojas de muérdago que se apartan sin mirar para encontrar, ¡oh!, sorpresa, el último libro de… (dilo tú, por favor, porque si lo escribo yo va a parecer que le tengo manía). Y ahora sonríe con esa cara que lo diría todo si te miraran, y exclama: ¡ay, qué bien! Tranquilo. Añade algo más, algo así como: tenía ganas de leerlo, me han hablado muy bien de él o algún cumplido parecido. Luego, lejos ya de la presencia de tus obsequiantes, machácate el coco antes de dejar el libro olvidado en una mesa del Pepe Botella y repite cien veces que eso te pasa por gilipollas, por soltar donde no debes esa frasecilla ridícula con que adornas tan a menudo tus aires de estudiante perpetuo y marchito. Sí, eso de que te gusta tanto la lectura que te lees hasta los prospectos de los medicamentos. Eso es. Y ahora olvídalo de una vez, que estamos en plena cuesta de enero y tienes la visa en rojo. Atrás quedan los excesos comerciales y los bolsillos inflados de los vendedores. Me alegro por ellos.

Atrás queda también el primer gran premio del año, que cada vez se da más como regalo de Reyes que como regalo de Navidad a pesar de llevar el nombre de Nadal y a pesar de que los conceda (el) Destino. Y no lo digo porque esta vez haya sido para el poeta gaditano Felipe Benítez Reyes (juro que es una casualidad), quien con mucha frecuencia hace incursiones en el terreno de la narrativa. Que no es una casualidad, porque a cualquiera le apetece llevarse un bocado como éste. La novela premiada se titula Mercado de espejismos. Se trata de una novela que parodia con fina ironía (estilo cervantino lo llama la nota editorial) las novelas de intrigas esotéricas que tanto proliferan en los últimos tiempos. Nadie reconoce leerlas, pero debe haberlas. Hola don Paulito, hola don Paulet. ¿Vio a doña Matilde? Con don César la encontré. Carmen Amoraga, novelista valenciana, ha sido la finalista con su novela Algo tan parecido al amor, que narra la trayectoria amorosa de tres amigas, y que refleja las inquietudes emocionales de hombre y mujeres. Me pregunto por qué sigo hablando de premios y de coleccionistas en esta crónica, y no hallo una respuesta convincente para dejarlo. Bon Nadal, Felipe, bon Nadal. Otro día pongo la lista de tus premios. Atrás queda también la marea Murakami, ese japonés moderno experto en música anglosajona que ha arrasado desde Tusquets, con su edípica Kafka en la orilla, una novela que narra la historia de un muchacho que parece destinado a sufrir las consecuencias del trágico mito. “El día de mi decimoquinto cumpleaños me escapé de casa, me marché a una ciudad desconocida y empecé a vivir en un rincón de una pequeña biblioteca.” No es su comienzo, pero podría serlo. Otra vida arrastrada por la fuerza del destino fue la de Maria Antonieta, sobre la que la editorial Funambulista publica en enero el libro Mi testamento, que recoge tres piezas de un valor literario inusual: la requisitoria del acusador público Fouquier, piedra angular de la acusación contra María Antonieta; el supuesto testamento-confesión de la Reina, redactado horas antes de ser guillotinada y recogido por un revolucionario «sans culotte» y la carta que le escribió a su cuñada, Madame Elisabeth (el auténtico «testamento» de María Antonieta, desvela en su nota el editor). Por delante, el anuncio de Lengua de Trapo de la salida al mercado de Trenes hacia Tokio, una narración minimalista y escrupulosa de una parte poco exhibida de la actual sociedad japonesa, a cargo de Alberto Olmos, casualmente licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Parece que también a él le sirvió de algo. Casualmente residente en Tokio durante tres años. Otro avance nos llega de Plaza & Janés, que de nuevo nos sirve un interesante relato de espías británicos de la mano, cómo no, del maestro Le Carré, quien, con La canción de los misioneros, su nuevo título, vuelve a denunciar la terrible situación que atraviesan los países africanos, al abrigo de una historia de servicios secretos, intriga, amor y corrupción. La corrupción, africana, por supuesto. El amor sí es cosa nuestra. Como la poesía de las once mujeres que agrupa Angelina Gatell en el volumen titulado Mujer que soy: la voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta, editado por Bartleby Editores, y que recoge la visión crítica de una experiencia en épocas difíciles de posguerra. Es la otra generación del 50. Por delante, igualmente, el aviso de novedades editoriales para el 2007 que incluyen el nombre de algunos de los grandes vendedores de letras. Irán apareciendo (algunos ya lo hicieron durante las dos primeras semanas de enero) en las librerías a golpe de talonario y bloques de veinticinco libros, acaparando el espacio y las miradas de quienes entran en la FNAC pensando en el regalo de cumpleaños del familiar que se lee hasta las instrucciones del microondas. Ahí están amenazantes los nombres de Ana María Matute, Antonio Gala, Almudena Grandes, Julian Barnes, José Saramago, Paul Auster y Luis Landero, entre otros. Así que los pequeños y mequetrefes ya pueden ir echándose a un lado. Y si no, que se vayan a vender a las librerías de tercera división. A veces pienso, y no es coña, que esto de la literatura debería regularse como la liga de fútbol. O sea, con su federación, su Villar, su reglamento, sus categorías escalonadas, sus ascensos y descensos, sus árbitros, sus jueces de línea y sus porteros, defensas y delanteros. O sea.

0 respuestas a Crónica de Libros

  1. Irene Vaquero 19 marzo 2007 a 01:01

    Lorenzo, aunque un poquito tarde, te pregunto ¿te ha gustado “Kafka en la orilla”? ¿Has leído alguno más? Yo me he leido tres libros de Murakami (“Tokio Blues – Norwegian Wood”, “Al sur de la frontera, al oeste del sol” y ando a medias con “Sputnik, mi amor”) y la verdad es que engancha, aunque encuentro algunos altibajos de unos a otros…

  2. Anónimo 24 marzo 2007 a 12:33

    Hola, Irene. Yo leí hace tiempo “Crónica de del pájaro que da cuerda al mundo”, y me gustó bastante. Creo que fue la primera novela que publicó aquí. Siempre puede sorprenderte alguien al que lees por primera vez. Luego ya se hace un poco previsible y es normal que decaiga el interés. A mí me pasa mucho. Y cuando se hacen famosos y venden millones o les dan el Nobel acabo por desterrarlos de mis preferencias. Soy un maniático, lo admito.

  3. Lorenzo 25 marzo 2007 a 14:34

    Irene, me acabo de dar cuenta de que te contesté sin firmar. El anónimo era yo. Vaya.

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