María Valverde y Mario Casas nos regalan un amor para adolescentes

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Adaptación de la novela homónima de Federico Moccia (que no de la versión italiana del film), Tres metros sobre el cielo (o 3MSC) es la historia de un primer gran amor, una relación imposible y melosa entre dos jóvenes de mundos muy diferentes. María Valverde es una chica responsable y buena estudiante, algo tímida quizás, pero con mucho carácter y proveniente de una familia de bien; y Mario Casas un chico impulsivo, violento y muy amigo de saltarse todas las normas.

El amor vende. Y si los protagonistas lo tienen todo en contra, más. Desde Romeo y Julieta a la saga Crepúsculo, son incontables los relatos que izan la bandera del romanticismo, de los bellos sentimientos y del sufrimiento inherente al amor pasional. 3MSC sigue esa estela de amores improbables y no aptos para diabéticos pero por el que más de una (o uno) suspira en sus largas noches de soledad. Las quince ediciones que lleva la novela solamente en nuestro país no son sino un ejemplo más de lo ávidos que estamos de historias de este tipo.

La película tiene varios puntos a su favor. El primero es que como adaptación funciona bien. Obviando los lógicos y necesarios cambios de entorno (de Roma nos vamos a Barcelona) o en los nombres de algunos personajes (Stefano por Hugo o Pallina por Katina), Tres metros sobre el cielo es bastante fiel al libro. Como es normal, algunas subtramas han sido minimizadas (mostrando sólo algunos retazos) o han desaparecido con resultados desiguales. Así, mientras que la relación que mantiene Hugo con su hermano y su padre, aún estando poco dibujada, queda bien explicada; el papel que ejerce la Giacci (la profesora de Babi) en la escuela y el devenir de la historia resulta un tanto confuso y hasta cierto punto, prescindible.

Por su parte, el final está más logrado que el de la novela. Los numerosos epílogos que conformaban un desenlace más bien caótico y reflexivo del personaje de Step, en la película se condensan algo más. El director González Molina se deshace de las “pajas mentales” de Moccia, cambiando sensiblemente el sentido y dando una imagen de Babi mucho más positiva (o al menos liberada de sus connotaciones negativas) que en el libro.

Dos aspectos, sin embargo, pueden hacer que nos revolvamos en nuestros asientos, ya sea por la risa o por la vergüenza. Uno es el mote que recibe el personaje de Mario Casas. En la novela el protagonista se llama Stefano pero le apodan “Step”. Aquí por su parte, a Hugo le conocen como “Hache”… “Hache” de héroe. Al oír esa frase no sabes bien hacia donde mirar. El otro aspecto es el denominado “product placement” que se hace de Coca-Cola. Es tan descarado (y desproporcionado) que por momentos la película parece un anuncio de la conocida marca de refrescos.

Otro de los puntos fuertes de Tres metros sobre el cielo es su pareja protagonista. La química existente entre Mario Casas y María Valverde está fuera de toda duda. Ambos lo dan todo para dotar de verosimitud a sus personajes y su relación. María, que nos conquistó en La flaqueza del bolchevique, se desinhibió en Melissa P. o arriesgó en El rey de la montaña, es Babi. El papel está hecho a su medida, imposible pensar en otra actriz al verla en pantalla. ¿Y Mario Casas? Sin ningún ápice de sarcasmo, vendría a ser el Tom Cruise español. Todo lo que hace se convierte en taquillazo, no hay más que echar la vista atrás a sus anteriores trabajos: Fuga de cerebros o Mentiras y gordas. Por no hablar de la expectación que hay con Carne de Neón y la audiencia que tenía en Los hombres de Paco. Son jóvenes, guapos y actores talentosos, se gustan y nos gustan.

Mención también para Álvaro Cervantes (Pollo) y Marina Salas (Katina),que son la “otra pareja”, los mejores amigos de Hache y Babi y también ennoviados. Hacen del contrapunto perfecto: mientras una relación es más complicada y pasional, la otra es más fácil y dulce. Quien sale peor parada es Nerea Camacho. Muchos quedaron deslumbrados con ella tras Camino y otros tantos despertarán del embrujo después de verla en Tres metros sobre el cielo. Sin intención alguna de entrar en detalles, el personaje que interpreta (la hermana de Babi) es desquiciante.

Para los más exigentes, la película es muy predecible y salvo las parejas protagonistas (Hache-Babi y Katina-Pollo) los personajes generan poco interés. El trágico punto y aparte (que también se veía venir) que desencadena el final de la historia no llega a conmover y las carreras de motos (es una peli de romances y motos) son demasiado espectaculares.

Tres metros sobre el cielo no puede verse más allá de lo que es: claro ejemplo de cine industrial, una historia de amor adolescente para un público muy concreto, con sus momentos emotivos, otros simpáticos y algunos ñoños. Su problema es que quiere tomarse a sí misma más en serio. Francamente, aparte de disfrutarse en compañía de la pareja de turno para salir acaramelados no tiene más lecturas.

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