Crisis blanca o la hora de la verdad

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Toni Kroos (25), centrocampista alemán del Real Madrid./ DSanchez17 (CC)
Toni Kroos (25), centrocampista alemán del Real Madrid./ DSanchez17 (CC)

El Real Madrid ha comenzado 2015 instalado en una permanente crisis, de resultados y de juego, a la que en los últimos días se ha añadido otra más que afecta al vestuario. En tan sólo unos meses el actual campeón de Europa y del mundo parece otro.

La dolorosa derrota del Madrid en el Calderón trajo consigo unos daños colaterales que, más allá de un mal resultado deportivo, han servido para reflejar una división dentro del vestuario que gracias a los excelentes resultados conquistados en 2014 parecían controlados. Ancelotti, que con su trato amistoso y cercano, parecía dominar la diversidad cultural y generacional así como la diferencia salarial existente entre sus futbolistas, encendió la llama de esta crisis (que en el club merengue parece cíclica y condenada a repetirse generación tras generación) asegurando que para él en el equipo hay intocables. No supuso nada nuevo porque con cada alineación de Carletto desde que aterrizara en el club merengue ha demostrado que tiene a sus hombres de confianza y, salvo que éstos padezcan una lesión, no ha dado oportunidades ni siquiera a jugadores llegados bajo su dirección.

Pero lo que desató el malestar entre sus propios futbolistas y buena parte de la afición (a juzgar por las encuestas realizadas por diarios deportivos en los que la mayoría de participantes reclaman rotaciones) fue que el italiano lo reconociera públicamente dando a entender que por mucho que se esforzaran los demás no tendrían opciones de jugar. Y es que, al igual que sucede en cualquier otro ámbito profesional, cuando uno sabe que no lucha en igualdad de condiciones pierde la intensidad y, aunque no quiera, parte de la voluntad. Y al tiempo, el que se sabe intocable, se relaja por la falta de competencia.

Y, cuando el malestar se instala en una plantilla acostumbrada a ganarlo todo, asuntos que parecían enterrados gracias al éxito irrumpen con más fuerza. La no renovación de Sergio Ramos, el continuo foco sobre la figura deportiva y personal de Casillas, la clara división por facciones dentro del vestuario o el malestar de los futbolistas que no juegan y que no se sienten respaldados, la continuidad del técnico, declaraciones de exjugadores resentidos asegurando que el vestuario blanco no es profesional, e incluso los problemas con la remodelación del estadio, han saltado a los medios empañando una realidad deportiva que, pese a los últimos tropezones mantiene al Madrid como líder en la competición doméstica y en octavos de final de Champions, con todas las opciones intactas, para conquistar la Undécima.

Y todo ello se reflejó en el partido del Calderón donde, salvo contadas excepciones, los futbolistas blancos mostraron una desidia y una incapacidad alarmante, por desconocida y atípica, que puso en bandeja al eterno rival un triunfo demasiado fácil y abultado. Y la soberbia y falta de autocrítica mostrada por algunos pesos pesados del vestuario al finalizar el duelo no ayudaron a encontrar una explicación ante lo sucedido. Pero como cuando algo va mal siempre puede ir peor los acontecimientos posteriores al derbi echaron más leña al fuego. CR7, mal aconsejado, celebró la fiesta de su cumpleaños esa misma noche y las imágenes y fotografías fueron difundidas por todos los medios. El portugués parece no contar, entre el numeroso séquito que se enriquece a costa de sus éxitos y su esfuerzo, con nadie que le aconsejara que no era oportuno celebrar su fiesta el día de un partido tan especial. Porque en caso de victoria el rival lo tomaría como una humillación (no debería ser así, pero lo es) y, en caso de derrota, pondría todos los focos sobre él como así sucedió.

Nadie en el club salió a defender la libertad del portugués (porque guste o no los futbolistas son personas con vida íntima) por lo que el Balón de Oro pareció el único responsable de la derrota. Y más tarde se ha publicado que otros miembros de la plantilla que hicieron saber a sus medios de cabecera que estaban molestos por la fiesta del luso, también celebraron otras fiestas aunque resguardados por la no aparición de imágenes. E incluso otros responsables del club también hicieron lo propio dejando que todas las críticas las soportara un Ronaldo que no deja de pagar las consecuencias por ser el futbolista más importante del mundo y, como de lo único que hay constancia es de su celebración, sigue siendo el único blanco hacia el que dirigir las críticas.

Aunque la victoria del pasado sábado por 2-0 ante el Deportivo (que además, tras la derrota del Atlético, afianza el liderato del Madrid) pareció calmar la situación, la tensión resulta palpable en vísperas de enfrentarse al Schalke 04 en el partido de ida de los octavos de final de la Champions el próximo miércoles. Sin duda se trata de una situación que sucede cada vez que un ciclo parece terminar en todos los grandes equipos: aparecen las dudas, los reproches y el malestar deportivo al tiempo que la vida privada sale a la luz y es duramente juzgada (no sucede así cuando las victorias lo inundan todo). Pero el Real Madrid, ante la hora de la verdad, mantiene todas sus opciones para conquistar la Liga y la Champions por lo que esta crisis debe servir de estímulo para que el equipo se conjure, deje sus diferencias al margen hablando en la intimidad del vestuario, y se concentren únicamente en hacer su trabajo del mismo modo que lo hicieron para convertirse en brillantes campeones hace tan sólo unos meses.

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