Cortes profundos, íntimo directo

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Diego Pérez, frontman de Supernadie. Carla Martínez

“Sé que llevas tiempo acechándome… que llevas meses esperándome”, cantan Supernadie en Solo, el primer single de su último disco Cortes Profundos. Una especie de premonición de lo que acontece en la sala Caravan de Madrid, donde pre-estrenan su segundo trabajo.

Tras una breve y cálida  espera donde los propios integrantes del grupo estuvieron por la sala saludando a las personas que iban llegando, conocidas o no, todos pasan en fila india para entregar su entrada y al entrar, una mirada al entorno, risas e índices señalando los personajes que adornan las paredes de la sala. Naranjito, Los cazafantasmas o el extraterrestre Alf. Hubo quien no se contuvo y se hizo fotos divertidas con ellos. Colocarse en el lugar más cómodo, la sonrisa amable del camarero y, luces fuera, da comienzo el concierto.

Los cuatro integrantes de Supernadie alzan las manos al aire y elevan un grito ininteligible para el público, a modo de ritual justo antes de subir al escenario. Energía, fuerza y diversión fue lo que trasmitieron estos chicos. El público acabó rendido ante ellos y los ocho temas que interpretaron. No dio tiempo de mirar el reloj. Tampoco hubo ganas.

El sonido se acopla a la sala y mejora poco a poco. A la tercera canción, Diego, a la voz, presenta a sus compañeros y se quita la americana dejando al descubierto sus brazos tatuados. Llega el single Solo. El centenar de personas que se encuentra en la sala alza la voz acompañándoles.

Hasta ahora todo ha sido saltos y gestos de excitación de estar mostrando un trabajo costoso pero por fin acabado. Con la llegada del cuarto tema, una sensación romanticona envuelve el escenario luciendo de forma más tenue. Es entonces cuando  Diego habla del amor para introducir Miss Rock and Roll, tema del primer disco, El mundo está loco, que sacaron en 2012. Casi sin darse cuenta el público ha pasado la canción moviendo las manos lentamente en el aire, las cabezas ladeadas siguiendo el compás. “Qué bonito aplaudís” deja caer la voz al finalizar a modo de agradecimiento.

Ya ha pasado el ecuador del concierto. Nadie murmulla, solo se oye el tintineo de las copas y alguna risa tonta. Ahora solo están Supernadie y el público que ha esperado ansioso este nuevo disco.

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Supernadie en la Sala Caravan. Carla Martínez

Con el quinto tema, Sergio, a la batería, muestra que está disfrutando cuando empieza a corear Los ojos del huracán, canción que Diego comenta antes de empezar diciendo que le resulta bonito que todos los huracanes tengan nombre de mujer. “Algo habréis hecho” añade.

Un riff  pegadizo y algo caluroso hace quitarse la banda de la cabeza a Diego, desmelenándose y avisando que, con el siguiente tema, Que vuelva Espinete, será el público el que acabará dando saltos. La canción lleva un rollo más punk que todo lo escuchado anteriormente, que se movía en la línea del pop-rock. Una chica en la primera fila se deja llevar y lo hace notar al zarandear su cuerpo al son de la música. Diego la sonríe y se deja fotografiar proporcionándole una pose divertida tirándose al suelo mientras sigue tocando. Rafa, al bajo, que hasta ahora se ha mostrado tímido y reservado no duda en regalar una sonrisa. Sonríen y hacen sonreír.

Antes del último sorbo de música, moderando el tono aunque no el mensaje, dicen haber tenido problemas con algunos ayuntamientos por expresar ciertas ideas, por lo que, esta vez con un lenguaje más apto para todos los oídos vienen a reivindicar lo mismo, porque siguen pensando lo mismo que ayer. Tocan Pentagrama, un tema que diferencia lo social de lo político y concluyeron recordando otro tema del primer disco, Malicia en el país de las maravillas.

Fueron varios los que pidieron con ganas otra más. Y de una forma elegante y admirable Supernadie se mostraron agradecidos pero explicaron que no podía haber bises debido a que después de ellos tocaban más grupos que también debían ser escuchados. Y respetando a sus compañeros y entre una gran ovación bajaron del escenario de paredes excéntricas y coloridas que les abrazó durante la hora de concierto.

Un pequeño salto para bajar a la sala y recibir el cariño de amigos cercanos. A un lado de la misma el hermano de Diego, que se encarga de la venta de discos, levanta el puño: buen concierto.

Un par de fotos, firmas en discos recién abiertos, el cruce de miradas satisfechas entre los propios integrantes del grupo, las sonrisas del público asistente… y una frase casi susurrada “recoge que nos vamos, esta ha sido una buena noche”.

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