Corea del Norte vuelve a demostrar su poderío nuclear al mundo

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El pasado día 12 de febrero, el régimen de Pyongyang realizó una prueba atómica que provocó un terremoto de unos 5 grados en la escala Ritcher, y la preocupación en la comunidad internacional, especialmente, en sus vecinos del sur.

Propaganda in Pyongyang, por Nicor, Wikimedia CommonsCon el lanzamiento de dos misiles de largo alcance y una prueba nuclear, así ha mostrado Corea del Norte su fuerza militar desde diciembre de 2011. En esa fecha, Kim Jong-hu tomaría el mando del país tras la muerte de su padre, Kim Jong-il, líder de la dinastía comunista desde 1994, como lo fue Kim Il-Sung durante 46 años, tras la división de Corea en dos. Fueron sus vecinos del Sur los primeros en reaccionar a este ensayo atómico. El Gobierno surcoreano convocó una reunión de urgencia presidida por el jefe de Estado, Lee Myung-bak, tras la que emitió un comunicado avisando de que Corea del Norte “deberá asumir las consecuencias de su desafío”.

Una advertencia secundada por la mayoría de la Comunidad Internacional desde Estados Unidos hasta la Unión Europea, pasando por Japón, otro de los países más preocupados por los juegos del díscolo régimen norcoreano. Hasta el principal aliado de Pyongyang, China, mostró su oposición a la prueba nuclear. Así, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino pidió en un comunicado a su “protegido” que no llevase a cabo más pruebas que pudieran “empeorar la situación”. Para Pekín la única salida es retomar las conversaciones a seis bandas entre las dos coreas, Estados Unidos, Japón, Rusia y la propia China. Unas conversaciones que Corea del Norte paralizó en 2008.

En cualquier caso, y por si las advertencias disuasorias no fueran suficientes, Corea del Sur ha anunciado que desplegará misiles de largo alcance con capacidad para alcanzar cualquier punto del territorio de sus vecinos del Norte. Pero ni las advertencias internacionales ni el rearme de Corea del Sur amedrentan al régimen comunista. Tan sólo una semana después de la prueba atómica un diplomático norcoreano, Jon Yong Ryong, declaró que “el comportamiento errático de Corea del Sur sólo anunciaría su destrucción final”.

Unas palabras poco conciliadoras a las que Seúl respondió pidiendo al Estado norcoreano que se preocupe más por mejorar la calidad de vida de sus habitantes, que sufren largos periodos de hambruna, en lugar de invertir ingentes cantidades de dinero en desarrollar armas nucleares.

La llegada al poder del joven Kim Jong-hu, de unos 30 años y educado en Suiza, abrió la esperanza de un cambio en la política exterior que el hermético régimen de Corea del Norte ha llevado desde su nacimiento, pero parece que el nuevo líder no está dispuesto a cambiar la senda marcada por su abuelo primero y por su padre después, de momento. Tres generaciones de poder en una misma familia con un gen común: la demostración de una fuerza nuclear que ha disuadido cualquier intento de intromisión externa y menos aún, de un cambio de régimen.

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