Contra las bombas de racimo

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La organización estadounidense defensora de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW) ha criticado a su país por no haber firmado aun la Convención sobre Municiones de Racimo que se aprobó a finales de 2008.
El gran peligro de este tipo de armas es que son indiscriminadas, como lo son también las bombas nucleares o las minas antipersona, y, por lo tanto, ilegales bajo la actual ley internacional. Una resolución como la del pasado mes de diciembre, que veta su uso, era urgente. Las bajas que produce, sobre todo entre la población civil, son muy numerosas.

Estas bombas se lazan desde el aire o desde piezas de artillería y esparcen su carga, que puede llegar hasta 664 unidades, en un radio que equivale a cuatro campos de fútbol. Se supone que sus objetivos son unidades militares dispersas, pero con ese radio de acción también hay unidades civiles indefensas que se convierten en víctimas. Lo que se conoce como daños colaterales, más dañinos al ser personas que no entran dentro del “enemigo”. Además, no todas las cargas explosivas tienen un efecto inmediato. Algunas no se accionan en el momento de caer (se calcula que un 23% de media) pero están activas durante décadas, en muchos casos una vez finalizada la guerra. Cuando los civiles intentan recuperar su vida normal se encuentran con sorpresas desagradables, del mismo tipo que las minas antipersona. Sorpresas que quitan vidas inocentes en supuesto periodo de paz, algo inadmisible a estas alturas. Mucho más inadmisible si tenemos en cuenta que el grupo de mayor riesgo son los niños, que representan un número desproporcionada de las víctimas. Porque no son conscientes de la amenaza y juegan con las bombas que no han explotado, ya que muchas de ellas tienen formas inofensivas; algunas incluso parecen juguetes. Porque cuando sus padres mueren o quedan discapacitados son los primeros en sufrir las consecuencias.

Sin embargo, son muchos lo estados que no están por la labor de acabar con todo esto. Por ejemplo, la mayoría de países africanos no se han sumado a la propuesta, lo que no deja de ser llamativo si nos fijamos en la gran cantidad de conflictos armados y en las veces que se utilizan las bombas de racimo en suelo africano. Sólo Sudáfrica ha dicho de forma clara que estará hasta el final en este tema. Angola, Mozambique y Egipto aun no han definido su posición, aunque se espera que los dos primeros pongan menos problemas a las resoluciones que se tomen. Los egipcios es probable que traten de suavizar las propuestas, teniendo en cuenta su papel de gran aliado de EEUU.

Aparte de los norteamericanos, también hay que destacar la ausencia de otras grandes potencias como Rusia, China o Israel. Estos últimos han reconocido haber utilizado este tipo de armamento en la pasada guerra de Líbano. Según sus fuentes dispararon 1.800 proyectiles con 1,2 millones de bombas, muchas de ellas estadounidenses. Según Naciones Unidas el número asciende al menos hasta los 2 millones. Pero también Hezbolá lanzó bombas de racimo. Una demostración más de que las bombas antipersona no entienden de bandos.

Es necesario que el programa que se pactó en la Convención sobre Municiones de Racimo salga adelante. Sería interesante que, al menos, los 155 países que firmaron el Tratado de Ottawa de 1997 contra las minas antipersona formaran parte de este proyecto. Jody Williams, premio Nobel de la Paz ese año, lo ve de esta manera porque “las bombas de racimo también son responsables de la muerte de miles de civiles”. En este sentido, todos los que firmaron aquel tratado deberían estar de acuerdo en adherirse a este proyecto, ya que tienen un fin común: acabar con la utilización de armamento indiscriminado.

Fuentes del texto:
Laura García Cabañas
Fernando Faucha Museo
Fuente de las imágenes:
Eco Actualidad (http://www.ecoactualidad.com/proteccion-del-medio-ambiente/tratado-para-desterrar-bombas-de-racimo/)
Radio Mundial (
http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?3754)

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