Contador ofrece una nueva lección de dignidad

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Alberto Contador aparece en la rueda de prensa con camisa blanca, con la cabeza muy alta y mirando a los ojos, como acostumbra. Su voz es dulce pero firme para arrancar reconociendo que “es un día triste, realmente triste para mí. Siento una grandísima desilusión y estoy muy decepcionado”.

La comparecencia pública obedece a la propuesta de resolución anunciada por la Federación Española que supondría la sanción de un año para el corredor madrileño.

La propuesta suena a que quieren quedar bien con todos los organismos internacionales y poco les importan las pruebas presentadas por la defensa del corredor, donde se prueba que su versión es absolutamente probable y que en ningún caso le supuso ventaja alguna en su rendimiento. Si es culpable, la ley impone dos años; y si es inocente, ni un solo día de sanción, por lo que proponer un año es tan ridículo como revelador. Montesquieu hacía una reflexión que aún hoy resulta irrefutable: “Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa”. Alberto vaticinó que en unos días, meses o un año, “la norma obsoleta que me quiere tirar por tierra se modificará”.

Asume las carencias del ciclismo y se ha mostrado firme en demostrar su eterna disposición a los controles desde que comenzó su carrera: “Al cabo de mi vida he pasado quinientos controles: por sorpresa, estando en mi casa, cenando con mis amigos, saliendo del cine en mitad de la película… Todo porque creía en el sistema antidopaje. Ahora, ya no”.

“Se me difama y se dicen barbaridades de mí; soy un referente y sé a lo que me expongo, y por eso nunca me he dopado. Me considero un ejemplo de limpieza”. Duras palabras para alguien que ha sido siempre un ejemplo, y en los últimos meses, sin pruebas que demuestren dopaje, ha visto su honor atacado. En cuanto a los representantes de los estamentos antidopaje les ha enviado una pregunta muy clara: “Tienen que recapacitar porque la regla está totalmente obsoleta. Es imposible tomar clembuterol voluntariamente. Se seguirán dando casos de falsos positivos y la norma la tienen que cambiar. ¿Qué va a pasar conmigo y con tantos deportistas como yo? Si no se cambia la norma, no será un deporte honesto y justo”. Mahatma Gandhi dijo: “En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle”, y Alberto ha demostrado ser el mejor ciclista de los últimos tiempos, pero desde el mes de agosto pasado ha demostrado que nada ni nadie pueden con sus valores y su dignidad; en eso también es el campeón.

Al conocer la propuesta (recalcando varias veces que no es nada definitivo), le dijo al director del equipo que se iba a su casa con su familia y sus amigos, pero una vez más en su vida, al igual que cuando superó su gravísima enfermedad, cuando se levantó de la carretera de aquella caída que parecía fatal o como cada vez que se ha propuesto una meta, ha decidido “trabajar todo lo que pueda hasta el final para que se haga justicia” y permanece en la concentración con su equipo.

Hace unos días se conocía que el jugador de tenis de mesa alemán, Dimitrij Ovtcharov, que dio una tasa de clembuterol muy superior a la de Alberto, ha sido declarado inocente por la Federación Alemana, que encontró que “no hay indicios de dopaje y que es casi seguro que la ingesta de clembuterol fue ocasionada por restos de esa sustancia en la carne contaminada”. Es envidiable el trato de la Federación con su deportista, que desde el principio basó su investigación en tratar de aclarar su inocencia y que le permitió seguir compitiendo desde el pasado mes de octubre a la espera de conocer el veredicto de la AMA (Agencia Mundial Antidopaje).

En cambio, la RFEC parece que no ha valorado los costosísimos y prestigiosos informes presentados por la defensa del español que recogen estudios de personalidades científicas que no sólo respaldan la tesis, sino que lo hacen con datos concluyentes e incontestables. A día de hoy, Alberto no puede correr porque el análisis de un solo día apareció con esa sustancia. Extraño cuanto menos.

Recalcó su malestar por cómo se está llevando su caso: “Es increíble y de vergüenza lo sucedido en todos estos meses. Un juicio público con comentarios gratuitos y malintencionados que han tenido un papel fundamental en la resolución”.

Preguntado en varias ocasiones sobre su futuro en caso de prosperar la propuesta de sanción, tampoco ha dudado: “No estoy para nada de acuerdo con la propuesta; y en caso de no cambiar tras las alegaciones que presentarán mis abogados, voy a recurrir a donde sea necesario para demostrar mi inocencia hasta el final”.

El director del Saxo Bank, Bjarne Riis, también tiene claro que este asunto hace tiempo que dejó de ser un caso deportivo: “Estamos preocupados y estamos tratando de apoyar a Contador con todo lo que podemos. Sé que sus abogados han preparado una defensa muy buena. Se ha encontrado clembuterol en su orina, pero la dosis es insignificante. Él no ganó el Tour de Francia debido a eso. Es extraño que la sustancia apareciera sólo una vez. Para mí, Contador no es culpable, pero McQuaid quiere que sea suspendido por razones exclusivamente políticas” y está centrado en apoyar a su corredor por lo que ha estado a su lado y ha asegurado que el equipo está con él, pero ha decidido no dar su opinión sobre el futuro hasta tener una sentencia en firme para no perjudicar al ciclista.

Contador dispone de diez días para presentar alegaciones; todo parece indicar que no va a haber cambio de sentencia, por lo que finalmente será la Unión Ciclista Internacional (UCI) quien, en el plazo de un mes, decida si acepta la sanción o recurre al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) y a la AMA para que decidan. Hablar de plazos es imposible, porque vista la celeridad empleada hasta ahora, hacer previsiones sería en vano, pero a partir del 8 de febrero debería conocerse lo que la RFEC contesta al corredor, y a partir de ahí, esperar.

Alberto no va a aceptar otro final que no sea su total inocencia, por lo que insiste en que “es una cuestión de honor, y ante la hipótesis de que me sancionaran dos años por no estar de acuerdo con la propuestas de la RFEC seguiría recurriendo”.

¿Qué conllevaría aceptar la sanción de un año? Perder el Tour y no poder participar en ninguna de las tres grandes vueltas este año, debido a que no llegaría a tiempo, por cuatro días, para la Vuelta. Encima parece que le hacen un favor, ya que si la sanción fuera mayor, debería además devolver el 70% de lo ganado económicamente el pasado año. Es incomprensible. “Lo único que puedo decir, y me sale del corazón, es que todos los científicos saben que soy inocente, y que estoy en esta situación sin haber hecho nada, y es muy triste. Me siento una víctima del sistema. No es cuestión de dinero: es de honor, de verdad y de inocencia”.

Alberto dice sentirse muy apoyado por otros deportistas, por su equipo y por “muy buena gente que tengo alrededor”, así como por los muchísimos aficionados que le empujan a no rendirse y llegar hasta el final. No sabe qué más puede hacer para probar su inocencia: “Ves todo lo que has presentado y hacer más es imposible. Se reconoce mi inocencia y se me pone un año. No puedo hacer más. Estoy decepcionado, triste y desilusionado. Estoy pasando momentos muy malos, de bajón”.

¿Qué harías tú? Aceptar una sanción sabiendo que eres inocente para poder seguir compitiendo en una profesión en la que te has dejado la vida desde niño, recurrir a sabiendas de que supondrá el final de tu carrera para demostrar tu inocencia y perder el dinero que tanto te costó ganar limpiamente, o retirarte. Por no hablar de la ingente suma gastada en los abogados. ¿Cuándo demuestre su inocencia le van a devolver el dinero de su defensa, de los patrocinadores, de su contrato deportivo? Alberto tiene derecho a elegir entre las tres, porque en todos los casos mantendría su inocencia, pero es demasiado complicado elegir entre las tres, porque no está en sus manos, sino en la de unos señores que poco o nada entienden de deporte, de medicina, y mucho menos, de sentimientos. Saben que no tomó la carne para doparse, que el nivel aparecido es inocuo para el rendimiento, que no hubo intencionalidad y que jamás ha dado positivo en ninguna sustancia, y aún así, le sancionan. ¿Hay algo más que se pueda hacer? Únicamente gritar de impotencia.

Pero Alberto no puede sentirse solo, porque, como dijo Martin Luther King: “La injusticia, allí donde se halle, es una amenaza para la justicia en su conjunto”. Y si hemos estado a su lado en las innumerables tardes de gloria que nos ha regalado, no podemos abandonar en los momentos difíciles, porque estamos en deuda con él. Porque cuando pasen los años y, termine como termine este mal sueño, lo que quedará de Alberto Contador serán sus triunfos en la bicicleta (siempre será el ganador del Tour 2010 porque lo ganó limpiamente en la carretera). Pero ante todo, lo que nadie podrá borrar es la lección de dignidad y de respeto por uno mismo que está demostrando.

No es un caso en el que importe la nacionalidad, la simpatía, la admiración, el cariño o el respeto. Va mucho más allá. Es el caso de un deportista íntegro y ejemplar que se ha visto envuelto en un entramado absurdo e interesado que puede dejarle sin todo lo logrado con su extraordinario esfuerzo. Es imposible no estar de su lado, porque el suyo, el de la justicia, el honor y la verdad, es el lado de todo aquel que aún cree que el mundo puede ser un buen lugar. Y por eso Contador nunca estará solo.


Texto:

Elaboración propia

www.efe.com

Fotografías:

www.reuters.com

www.mediotiempo.com

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