Conoce a… Julio Ruiz: “El periodismo vuelve a sufrir un intrusismo salvaje”

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Julio Ruiz cumple este año cuarenta años al frente del programa Disco Grande de Radio 3, cuatro décadas de radio en las que el veterano locutor ha sido y es una inestimable plataforma de lanzamiento para muchas bandas nacionales que ahora están en la cúspide del panorama musical español.

Licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, Julio Ruiz ha trabajando en radio, prensa escrita y televisión, además de realizar multitud de colaboraciones en distintos libros, charlas y conferencias universitarias. El Festival Contempopranea le rendirá un merecido homenaje este año con la participación de los artistas presentes en su decimosexta edición, que versionarán algunos de los temas seleccionados por el afamado periodista, una selección que recorrerá la evolución del pop independiente nacional e internacional.

Pregunta: El domingo 27 de marzo de 2011 Disco Grande cumplía 40 años en antena con Julio Ruiz al frente del programa de Radio 3. ¿Cómo recuerdas aquel 27 de marzo de 1971 en el que comenzaste con el programa?
Respuesta: Aquel primer día sonaron cosas tan distintas como The Moody Blues o MC5 –abreviatura de Motor City Five-, que era lo que estaba funcionando en aquel momento. Recuerdo que la revista Discóbolo había cogido en Madrid un equipo de gente y comencé a escribir en esa revista. Y dio la casualidad que la misma gente que explotaba la revista empezó a llevar a su vez el canal de frecuencia modulada de Radio Popular. Fue entonces cuando empezamos a hacer radio muy jóvenes capitaneados por Alfonso Eduardo, con gente que teníamos idea de música pero no teníamos ninguna experiencia. Y nos colocaron delante de una mesa muy rudimentaria, con la consola, a la derecha los platos y a la izquierda el magnetofón. Alfonso era la voz con experiencia en la radio musical y los demás éramos una caterva de chavales que nos estábamos estrenando con muchas ganas y con mucha ilusión.

P.: En tu cuarenta aniversario radiofónico, ¿qué deseo pediste al soplar las velas de una tarta tan enorme?
R.: Me están preguntando ya que para cuándo la próxima celebración, pero la edad laboral y la edad física mandan. Me daría con un canto en los dientes y sería feliz si celebrase los cincuenta años de Disco Grande, aunque si no celebro los cincuenta le voy a andar por ahí, porque estoy en forma y disfruto mucho con lo que hago. Pero llegará un momento en el que uno tenga que dejar paso a las nuevas generaciones.

P.: Disco Grande es un programa ya mítico en las ondas radiofónicas de España. ¿Cómo surgió el programa y el nombre del mismo?
R.: Los que empezamos a colaborar en Radio Popular en aquella época se nos distribuyo por los que venían, hacían su programa y se marchaban; y los que tenían más tiempo y hacían turnos de cuatro horas, su programa y el control a los compañeros, como era mi caso porque no tenía otra cosa mejor que hacer radio. En aquella época la programación de Radio Popular FM era de doce de la mañana a doce de la noche, y yo entraba a las ocho de la tarde y terminaba a las doce de la noche.

En mi caso, como otros compañeros que hacíamos turnos de cuatro horas, tenía la posibilidad de hacer dos programas como “premio”, porque todo aquello era muy amateur y no cobrábamos ni un duro al principio. Y así empecé haciendo dos programas, uno era La Música Pop de P a P, en el que los oyentes votaban a qué grupo querían escuchar como monográfico por la letra del abecedario; y el otro era Disco Grande, en el que poníamos un disco de vinilo y lo analizábamos entero por la cara a y por la cara b, y se llamaba así por eso, porque se escuchaba un disco grande, más vulgar imposible. Disco Grande me parecía un nombre más vulgar que La Música Pop de P a P, que me gustaba mucho más por su originalidad, pero el que sobrevivió al final fue Disco Grande.

P.: ¿Qué fuerza interior o exterior te impulsó a realizar radio por aquel entonces?
R.: Yo no tenía tradición familiar, mi padre era un obrerete y mi madre era ama de casa. Ambos eran fervientes oyentes de la radio, mi madre sobre todo porque tenía un oído impresionante y fueron muchos años escuchando programas en la radio, sobre todo programas musicales. Fue ella quien me inculcó el amor por la radio y el amor a la música, fue la principal inductora para que yo me dedicara a la radio. Además, cuando yo me estrené haciendo el programa en Radio Popular FM en 1971, la pobrecilla hacía equilibrios con la antena para escucharme porque los aparatos de radio malamente daban de sí para escuchar la programación radiofónica.

P.: En los primeros tiempos del programa, ¿qué fue lo mejor y lo peor que te ocurrió en tu carrera profesional?
R.: Lo mejor era que tenías ganas de hacer radio y te gustaba, te colocabas delante de un micrófono y hacías algo que te apasionaba. Lo peor en esos primeros tiempos es que era raro para la gente que yo pusiera la música que ponía, porque a principios de los años 70 ponía discos que no se editaban en España, era como una especie de bicho raro. Estaba haciendo algo en lo que creía pero que la gente no entendía, aunque creo que eso lo nublaba totalmente con las ganas que tenía por hacer radio y por contagiar a los demás de la radio que estaba haciendo.

Lo peor para mí durante mucho tiempo fue que me encantaba la radio, pero tenía que hacer otras muchas cosas. Durante 13 años he trabajado en prensa, porque mi modus vivendi se dividía entre lo que trabajaba para ganarme el jornal y lo que era mi hobby mínimamente remunerado que era la radio. A mí me apasiona el periodismo en cualquiera de sus manifestaciones, hice mi carrera de Periodismo y es algo atípico que Disco Grande haya sido mi hobby a la vez que haya hecho guiones para la tele, haya estado en el Marca, en El Sol, en La Información de Madrid, haya escrito crónicas de fútbol, haya editado haciendo mesa, pero todo no ha dejado de dar vueltas en torno a mi profesión.

P.: Desde entonces hasta ahora, ¿cómo ha evolucionado el periodismo musical en general y tu forma de hacer radio en particular?
R.: Yo he variado poco en este sentido. Haciendo siempre referencia a la actualidad, hace cuarenta años podría tocar poner el nuevo disco de The Jam y hoy podría ser poner el nuevo disco de Belle & Sebastian, por poner un ejemplo. Y el periodismo musical en general es una pena. Cuarenta años después hay mucha gente que, a no ser que esté en una radio pública como ésta haciendo su trabajo, es difícil que tenga consideración de profesional. Ya me gustaría decir que el periodismo musical de España tiene la categoría que tiene en América, en el Reino Unido o en Francia. Creo que la culpa de todo es la mala cultura de este país, y también somos los propios periodistas musicales los que no nos hemos hecho valer.

P.: ¿Crees que todo se ha resquebrajado con la implantación de un periodismo 2.0, un periodismo ciudadano que en muchas ocasiones carece de credibilidad?
R.: En el periodismo volvemos a sufrir de nuevo un intrusismo salvaje, en el que cualquiera se coloca delante de un micrófono, de una cámara o de una columna de opinión, que me parece muy bien porque el periodismo en el sentido amplio es una carrera de letras y por qué no va a saber escribir y juntar letras un abogado, un filólogo o cualquier otro profesional, pero no todo el mundo puede hacer periodismo. Pero si esto lo trasladamos al margen más concreto, al periodismo musical, el intrusismo ya es increíble.

Hubo una época, que coincidió cuando yo empezaba a escribir en Marca, en la que sí que había una especie de llamada a la conciencia periodística, en la que nada más que podía escribir en un medio el que fuera periodista. Pero creo que aquello se evaporó y ahora mismo estamos a unos niveles de intrusismo impresionante, y es una pena. Quien entra en un medio de comunicación, ya sea deportivo, político, musical o lo que sea, debería ser alguien que estuviera haciendo la carrera de Periodismo. Quien no tenga la carrera de Periodismo no vale para esto, con todos mis respetos para aquellos que no la tienen. En general, el periodismo está muy mal en el momento actual en que vivimos, en el que todo el mundo está transmitiendo su vida, todo el mundo es “redactor”, y para redactar unas líneas cualquiera vale. Y hablo de algo que afecta a los tres palos del periodismo: radio, prensa y televisión.

P.: Desde los 18 años has hecho radio, pero también colaboraciones en televisión y prensa, ¿dónde te has sentido más a gusto y cuál es tu experiencia más gratificante?
R.: La radio, por su puesto la radio. Y aunque pensaba que la tele no me iba a molar tanto, al final me ha gustado también, por aquello de que te colocas delante de un micrófono y hablas con espontaneidad y naturalidad. Y de mi paso por la prensa escrita estoy muy contento, porque me gusta mucho escribir y también porque en algunos medios me colocaron como editor, que no se llamaba así en aquel entonces, sino que se decía “hacer mesa”, te encontrabas un montón de papeles en dónde estabas titulando o corrigiendo faltas de ortografía, que a mí es algo que me parece increíble. Si a mí en otra vida me ofrecieran ser profesor de una facultad de periodismo, con una falta de ortografía le diría al alumno: “chico, dedícate a otra cosa”.

P.: Veinte años después te convertías en uno de los máximos precursores de la escena indie nacional. ¿Qué ha cambiado en la industria musical desde aquel tiempo y cómo ha mutado el periodismo musical que se hacía entonces en Radio 3?
R.: Creo que nada ha variado en el periodismo musical. La labor de Radio 3 en esto siempre ha sido muy buena, porque siempre ha estado ahí dando la voz de alarma de cosas que se estaban haciendo bien musicalmente, pero hay quien duda de esa labor de vocero. Hoy en día la música está ahí para que la disfrute cualquiera, Internet facilita que todo el mundo tenga acceso a todo. Aunque sigo defendiendo la labor de Radio 3 porque ejerce como prescriptor, porque ¡claro que hay grupos que se han hecho famosos apenas colgando sus canciones en la Red!, pero es necesaria la figura del prescriptor que le diga a la gente lo bueno que es este o aquel grupo. Abrir el micrófono y decir que éste es el último disco de Bob Dylan o de Bruce Springsteen, por poner un ejemplo, eso no tiene ningún mérito. Aquí es un placer seguir haciendo cantera y dándole bola a los nuevos grupos, por un lado porque a mí me gusta, me encanta descubrir nuevos grupos, pero por otro lado creo que es nuestro deber como radio pública.

El mundo discográfico creo que tampoco ha cambiado mucho. Los sellos discográficos pequeños siguen estando ahí para hacer cantera, y las multinacionales más potentes acaban fichando a los mejores de esa cantera. Esto es como en el fútbol, fichar al que despunta en otro equipo es muy fácil, pero ahí tienes al Barcelona haciendo cantera con jugadores como Iniesta, Xavi,…, ¡y mira que yo soy del Atlético de Madrid! En la época de la Movida madrileña había grupos como Radio Futura, Nacha Pop, etc., que sacaban sus maquetas y luego firmaron con multinacionales como RCA, Hispavox, etc., que fichaban a los grupos que despuntaban maqueteramente hablando. Ahora, en estos tiempos, y mira que la cosa está fastidiada, el artista que ha acabado fichando por una multinacional es aquel que ha despuntado con su maqueta, como es el caso de Russian Red. Por eso digo que esto no ha variado.

P.: De aquella época en la que comenzaste a lanzar a muchos grupos como Los Planetas, Australian Blonde, Los Hermanos Dalton,…, ¿cómo viviste ese periodo de los años 90?, ¿qué recuerdas con más cariño de ese movimiento?
R.: Era un cambio de ciclo natural. Los grupos de los años 80 se estaban apagando o estaban sobreviviendo malamente, y llegó una nueva generación de grupos que tenía muchas ganas de explicar las cosas de otra forma. Ellos estaban atentos a todo lo que venía de Inglaterra y de EE.UU., y como tantas veces ha ocurrido en el mundo de la música, estaban facturando sus canciones con ese sonido. Yo tuve la suerte en ese momento, cuando pasaba de Radio Cadena a Radio 3, de estar aquí hace veinte años y de empezarle a dar cancha a todos esos grupos. Se volvió a producir lo mismo que había vivido en los años 80, una especie de revolución en la que se intentaba, en la medida de lo posible, darle cancha a la gente que estaba pidiendo paso.

P.: Es seguro que tendrás cierta espinita clavada por alguna entrevista que no pudo ser o algún invitado que no pudo estar en el programa, ¿qué espinitas destacarías? ¿Y la mejor entrevista o invitado que has tenido?
R.: Espinitas clavadas tengo algunas, pero la más importante es no haber hablado con ningún ‘beatle’. Ahora sólo me quedan Ringo y Paul,… Sin embargo, sí he entrevistado a un hijo de John Lennon en el Glastonbury Festival, a Sean Lennon. Esta es una espina muy importante para alguien que generacionalmente está marcado por The Beatles, que el primer single que se compra en su tienda de discos es el “All you need is love”, que lo primero que ve es aquel concierto Mundovisión transmitido a todo el mundo por las teles con The Beatles, que considera aún maravilloso el recuerdo de escuchar por primera vez el Sgt. Pepper’s cuando se estrenó. Por todo ello me falta algo, me gustaría entrevistas a algún ‘beatle’.

He entrevistado a casi todos los ilustres: Bryan Ferry, Oasis, Björk, a un montón. Pero la mejor entrevista,…, sin duda la de Keith Richards. Estaba haciéndole la entrevista y cuando se había acabado mi tiempo, que eran treinta minutos y que el chivato de la cassette hizo “clock” porque se había acabado, Keith, que estaba tomándose a las diez de la mañana su vodka con naranja, me cogió y me dijo: “dale la vuelta a la cinta”. Que un Rolling Stones te coja y te diga que continuamos la entrevista cuando todos los que estaban alrededor esperaban que se acabara la entrevista, eso es la leche y un orgullo.

P.: Cuatro décadas dan para mucho, ¿qué cuatro grupos desatacarías de cada uno de esos períodos?
R.: De los años 70 me quedaría con The Incredible String Band, que con el pop folk que está tan de moda ahora mismo sería una buena oportunidad para encontrarse con un grupo muy bueno. De los años 80 me quedo con The Smiths, está clarísimo. De los años 90,…, con Radiohead, y luego de ésta última década con Belle & Sebastian.

P.: Has estado presente en miles de conciertos y has trabajado cubriendo muchos de ellos, ¿qué conciertos te han movido las tripas?
R.: Hay varios. Especialmente uno de Belle & Sebastian en el que la gente se salía en la carpa del FIB, justo en el ascenso del grupo, cuando apenas tocaban en iglesias de su país. También en las primeras ediciones del FIB, fue fundamental un concierto de Radiohead. Luego he visto otros conciertos destacables, como por ejemplo uno de Suede en la sala Revólver, que también le tengo ahí muy marcado, o el primer concierto en el que vi a los Rolling Stones, en la Plaza de Toros de Barcelona.

P.: Al igual que has estado presente en muchos festivales de música, e incluso apoyando algunos desde el principio. ¿Qué festivales llevas en tu corazón?
R.: En mi corazón llevo al FIB y al Contempopranea, los dos sin discusión alguna. Los hermanos Morán me dieron la noticia en la barra del Maravillas de que iban a hacer un festival en Benicassim, llegué a la radio y di la noticia. Desde entonces, no me he perdido ninguna edición gracia a Dios, y he sobrevivido al festival incluso con los hermanos Morán ya fuera del mismo. Aunque sólo sea por eso, para mí el FIB forma parte de mi vida reciente.

Y luego el Contemporanea tiene su anécdota curiosa. El otro día sacaba de paseo una foto donde estoy entrevistando a Agustín Fuentes, el director del festival, precisamente en un FIB. Me mandó una carta insistiendo en que tenía que conocer el Contempopranea, y el tío insistió de tal manera que al final consiguió que fuera al festival y viera cómo era aquello. Después le di la bola pertinente en Disco Grande y a partir de ese año no he faltado a ninguno, y encima este año se pegan el detalle de hacerme el homenaje, algo muy bonito para mí.

P.: ¿En qué conciertos del Contempopranea te has emocionado y te hubiera gustado dejar el micrófono para estar en primera fila?
R.: Recuerdo el año en el que todos los grupos tenían que tocar una canción de The Smiths, porque el Contempopranea realizaba en esa edición el homenaje a la banda inglesa. Ese año lo llevo en el corazón por motivos sentimentales. También está el momento casi previo a la muerte de Sergio Algora en que las dos partes de El Niño Gusano se juntaron en el escenario, ese fue otro gran momento. Y el concierto de Camera Obscura, que por fin consiguió llevarles Agustín al festival, porque es súper fan de ellos; o La Buena Vida con ese “Qué nos va a pasar” y la gente cantando a voz en grito, es un momento impagable del Contempopranea.

P.: ¿Qué metas o propósitos te gustaría alcanzar en la radio que no hayas cumplido aún?
R.: Hay algo que me apetecía mucho hacer en mi carrera profesional, pero el pasado año cumplí el sueño. Me apetecía tocar otro punto de mi actividad profesional y hacer un programa de entrevistas donde no estuviera presente sólo la música, porque me gusta el género de entrevistas. Pero como digo, el año pasado conseguí hacer un programa de entrevistas que se llama 5 Palos, donde entrevistaba a gente que no tenía nada que ver con el mundo de la música pero que sí seleccionaba la música del programa. Conseguí entrevistar a Ouka Leele, Eduardo Marina, Jorge Moragas; también hablé con Mendieta, que era jugador del Valencia, con Ansuategui Roca, árbitro jubilado, hablé con Fernando Guillén Cuervo, con Imanol Árias,…

P.: Y ya para finalizar, ¿morirás con las botas puestas?
R.: Si la respuesta a morir con las botas puestas es que yo siga haciendo mi programa un día tras otro y llegue el momento en que te mueres, sí, me gustaría. Pero eso de morir en acto de servicio me parece un poco fuerte. Está bien eso de subir a los altares pero no, estar aquí delante de los micrófonos y que a uno le dé un yuyu, no, eso ya no (risas). Eso puede quedar muy bonito para la galería, pero no. En definitiva, a mí me gustaría seguir haciendo radio hasta el final, porque yo no he visto aún el momento de retirarme por aburrimiento.

Entrevista: Óliver Yuste.
Fotografías: Carmen García Pintado.

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