Conoce a… Carlos López Degregori, poeta: “Al poeta que comienza le es difícil llegar al de antes”

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Carlos López Degregori es uno de los más grandes poetas latinoamericanos con vigencia y que sorprende con su pluma. Su nuevo libro ‘Un mesa en la espesura del bosque’, lleno de misterio y figuras literarias, hacen de la obra del peruano, infaltable en cualquier biblioteca. Aquí, un repaso a su nuevo libro y su trayectoria.

Cuéntenos, ¿cómo inicia este camino por el mundo de la Literatura?
Mis inicios con la Literatura tienen que ver con la lectura. Desde pequeño me sentía atraído por los cuentos, y recuerdo que mi abuela (a la que le agradaba la Literatura), nos leía y hacía leer una colección importante de mi generación, llamada ‘El tesoro de la juventud’. Seis años después, empecé a leer continuamente cuentos de hadas; pasando por las novelas de Julio Verne, de Salgari… y poco a poco la literatura se fue convirtiendo en una compañía permanente. Más o menos a los trece años, en el momento de a crisis de la adolescencia, empecé a escribir poesía. Al comienzo como una actividad secreta, clandestina… muy personal. Tomé la literatura como un vehículo de expresión o descarga. Al terminar el colegio y empezar la universidad, descubrí personas que escribían, lo que me inspiró a escribir en serio. A partir de ese momento tomé la decisión de estudiar literatura y de escribir conscientemente. Me había matriculado en la universidad con la idea de estudiar medicina, pero en ese momento (años 70’) hice un cambio radical.

¿Cómo lo tomo su familia?
En ese momento uno no decía ‘voy a ser escritor… voy a ser poeta’. Mi padre era médico, para él sí representó una decepción. Pero luego sí hubo un apoyo y para la familia fue una gran felicidad.

¿Qué dificultades encontró en su desarrollo como escritor, cuando publicó sus primeros poemarios?
Publiqué mi primer libro en 1978; en ese contexto era más difícil publicar que ahora. En este momento la misma tecnología ha facilitado las cosas; pero en los 70’ editar un libro significaba una tarea difícil. Una inversión grande. No existían editoriales que simplemente quisieran publicar libros de alguien que estaba comenzando a escribir poesía, entonces era un momento de utopías, de grupos poéticos. En este contexto, formé parte de un grupo importante: La sagrada familia. Colectivamente teníamos una revista y sacamos una pequeña editorial de poesía. Nosotros recolectábamos dinero y auspicios de otras personas. Vendíamos las ediciones por adelantado y de esa manera aparecieron nuestros libros… y mi primer libro. Luego por una razón u otra, he tenido suerte y los libros han ido encontrando su espacio y editor. En el caso de la poesía en el Perú y en el mundo, es difícil que un editor corra con la inversión y los gastos de la poesía. En muchos casos, a parte del valor intrínseco que puede tener el texto, el mismo autor es el que tiene que colaborar o financiar totalmente la inversión. Sin embargo, desde mi segundo libro, distintas circunstancias me han permitido que mis libros vayan apareciendo.

Ha dicho algo importante, que en los 70’ era una época bastante complicada para darse a conocer pues Lima (Perú) empezaba a crecer… ¿Qué obstáculos sociales atravesó?
Es cierto que Lima se transformaba: las provincias tomaron y transformaron la ciudad; con ello, la poesía peruana. Uno de los rasgos que tiene el 70’ es que la irrupción de esa voz de las calles, del sujeto migrante. Por ejemplo, un grupo como
La Hora Zero puede encaminar o representar ese tema en este momento. Considero que en ese momento se tomaba la poesía de una manera más limpia, más idealista, inocente. Creo que en la opinión pública o los medios, en la institución literaria o cultural, existía interés por el poeta que recién aparecía. Existía un respeto, incluso. Siento que en esa época era más fácil comenzar a escribir y que uno se entregaba realmente a la poesía sin esperar nada. En los 80’, y luego en los 90’, todo eso empieza a derrumbarse; cambiando la figura y el lugar del poeta en los últimos diez años.

¿Cuál cree que es ‘esa’ característica que diferencia a los poetas de antes con los actuales?
Creo que en este momento al poeta que comienza le es difícil llegar al de antes
. Lograr el reconocimiento de su trabajo. Es más, ser leído. En este momento hay muchísimos poetas y percibo en ellos una desesperación por ser reconocidos, aparecer en recitales, por conseguir la audiencia y reconocimiento del otro. Es muy difícil empezar, pero por los tiempos en los que vivimos, paradójicamente, es más fácil publicar.

¿Cómo contempla su proceso evolutivo como escritor?
Intento ser lo más coherente posible. Desde mi segundo libro siento que no sólo he pensado en el poema como producto individual, sino en la construcción de una obra. Siento que cada libro es un paso adelante, en una búsqueda por decir algo diferente. Tuve la oportunidad en el 94’ de resumir toda la poesía que había juntado en un conjunto llamado ‘Lejos de todas partes’. Y recientemente en agosto, he publicado un libro por Editorial Peisa: ‘Una mesa en la espesura del bosque’, donde el bosque es ese inconsciente que tenemos, un laberinto… un bosque interno donde hayamos una mesa en la que nos sentamos a escribir y fluyen personajes. Siento que el libro está retomando una serie de motivos e imágenes que están en mis libros anteriores. Es bueno sentir que lo que escribes tiene respaldo de ti mismo. Cada libro responde a un contexto y ha crecido y madurado conmigo.

Como crítico, ¿cómo definiría su poesía?
Es difícil definir la poesía y más aún la propia. Creo que tiene una vocación por lo simbólico, lo onírico, más que comunicar explícitamente cosas. Encubre. Señala el lado oculto, tenebroso y perverso que está dentro de nosotros. Con la poesía no se sabe a dónde vas a llegar y creo que con la mía se cumple.

¿Qué proyectos tiene en mente?
Si tengo suerte, seguir escribiendo. Tengo algunos escritos que marcan el camino de un libro. Son de poemas en prosas.

Gracias por la entrevista Carlos. Éxitos.

Fuente de imagen:
Christian Cortez Abanto

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