Conoce a… Antonio Salas: “Creo que me moriré investigando. Lo que no sé es si será de viejo”

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Bajo este pseudónimo, en los últimos veinte años ha publicado más de media docena de libros de investigación, entre los que destacan ‘Diario de un skin’ y ‘El año que trafiqué con mujeres’, ya que ambos han sido llevados también a la gran pantalla.
Ha sido el único periodista introducido en sectas, grupos de crimen organizado y colectivos extremistas cuyas grabaciones se han considerado pruebas judiciales en varios casos policiales españoles.
Además, ha desarrollado su labor profesional en diarios, revistas -Interviú, Tiempo- y cadenas de radio y televisión como Onda Cero, Antena 3 o Tele 5.
A pesar de lo arriesgadas que son sus infiltraciones considera que “la pluma puede derrotar a la espada”, y por ello no deja de intentar superarse investigación tras investigación.

¿Siempre quiso dedicarse al periodismo?
La verdad es que opino que médico, y maestro son las dos mejores profesiones que existen. No creo que sea posible imaginar mejor oficio que dedicarse a curar a tus semejantes, o a enseñarles. Pero creo que la de periodista puede ser la tercera mejor opción. Soy demasiado impaciente para ser médico y demasiado inquieto para ser maestro. Así que creo que, en el fondo, siempre supe que este es el único trabajo que podría hacer. Y sea cierto o no, me hace sentirme útil, que es lo mejor que se le puede pedir a un trabajo.

¿Por qué el de investigación y no otro?
Respeto muchísimo a mis compañeros de la prensa deportiva, la prensa política e incluso a la denostada crónica social. A pesar de lo vilipendiados que son, a causa del intrusismo de contertulios televisivos que no son periodistas, te aseguro que existen pocos profesionales de la investigación “radical” tan eficientes como los paparazzis.
Sin embargo el periodismo de investigación me permite acercarme a temas que me interesan, profundizar en ellos hasta que sacio mi curiosidad, y además contarlo a la gente. A veces creo que los periodistas de investigación hacemos un trabajo parecido al de los profesionales de los servicios de información, sólo que nosotros no investigamos para ningún gobierno, ni para ningún partido político, sino para toda la sociedad. El éxito de mi libro sobre los skins me permitió sufragarme los gastos de la investigación sobre la trata de blancas y los ingresos de ese libro son los que han sufragado la larga y costosa investigación de la infiltración actual, así que este tipo de periodismo encima me permite ser independiente. No podría pedir más.

¿Qué características le atribuiría a un buen periodista de investigación?
A todo buen periodista le pediría independencia y objetividad, pero sé que eso es utópico. Cuando dependes de un medio de comunicación determinado, sabes que tu trabajo será filtrado por los intereses de dicho medio. Todos mis reportajes de cámara oculta, antes de Diario de un Skin, fueron censurados y sé que la independencia que yo disfruto gracias a los lectores de mis libros es inusual. Así que
creo que lo importante es que tenga persistencia y tenacidad. Para ciertas investigaciones hace falta una enorme capacidad de sacrificio y paciencia. Yo llevo más de cinco años con la infiltración en la que estoy ahora, y he tenido que hacer cosas que jamás imaginaria que tuviese que hacer por una investigación…

¿A quien admira de su profesión?
Existen autores, como David Yallop, John Lee Anderson, etc, capaces de dedicar años a perseguir un tema, y hacer sacrificios increíbles. Anderson incluso se mudó cinco años a Cuba para preparar su antológica biografía sobre el Che. Pero creo que en España también tenemos grandes periodistas de investigación. Es evidente que Manuel Cerdán y Antonio Rubio hicieron historia con sus trabajos sobre el GAL, igual que Fernando Rueda, pionero en la divulgación de los secretos de nuestros espías. Enric Frattini, Pepe Rodríguez, etc.
Y televisivamente hablando, por supuesto Jon Sistiaga. Fuimos compañeros en Telecinco, junto con Xose Couso, que también fue mi cámara en alguna ocasión, y no me pierdo ninguno de sus reportajes.

¿Cuál fue su primera investigación seria?
No debería ser yo quien valorase la seriedad de una investigación periodística mía, pero este mismo verano tuvo lugar el juicio contra Hammerskin España, una organización neonazi que yo investigué a fondo en Diario de un Skin. Paradójicamente, mi libro fue presentado como prueba tanto por la fiscalía como por alguno de los abogados defensores. Y además el Tribunal me llamó a declarar en calidad de testigo protegido, para reafirmar lo que grabó mi cámara oculta cuando estuve infiltrado entre los skins. Al final, la organización Hammerskin España fue condenada. Es la primera vez que esto ocurría en Europa, así que siento que hice un trabajo que al final ha sido útil. Eso es lo único que a mí me preocupa.

¿En qué criterios se basa para elegir los temas que trata?
A veces pienso que los temas me eligen a mí. Hay tantas cosas que hacer, tantos temas que investigar, que no creo que nunca podamos tocarlos todos. Así que
me deciden las circunstancias, estar en un momento oportuno en el lugar adecuado, suele ser lo que te pone delante un tema interesante al que hincarle el diente y no soltarlo hasta llegar al final. En el caso de los skinhead fue Telecinco quien me propuso el reto. En el de las mafias del tráfico de mujeres y niñas, fue la misma sociedad hipócrita y falsa, en todo lo relativo a la utilización sexual de la mujer, la que me sirvió el tema en bandeja…

Las fuentes son la base del trabajo de todo periodista, pero del de investigación más si cabe. ¿Qué tipo de fuentes suele utilizar en sus trabajos?
Supongo que esto va a sonar horrible pero… vale todo. Cualquier fuente puede aportarte una pista. Materia prima. Por supuesto las fuentes abiertas (hemerotecas, Internet, bibliotecas, etc.) son importantes. Pero las pistas verdaderamente interesantes llegan cuando trabajas sobre el terreno, relacionándote con las personas que se mueven en el contexto que vas a investigar. A veces un teléfono, una matrícula, una dirección, son datos que, cruzados con otros, te ofrecen pistas maravillosas. Pero creo que también es importante contar con otro tipo de fuentes, peritos, policías, técnicos,
confidentes, que pueden darte una valoración de si tal o cual pista es viable. Y esas fuentes, que pueden ayudarte en diferentes reportajes, tienes que cuidarlas. Mis amigas prostitutas, por ejemplo, me han ayudado muchísimo en la investigación en la que estoy metido ahora. Mi último gran descubrimiento, en estos últimos cinco años, han sido las redes sociales. Es una cantera de información inimaginable que los periodistas vamos a tener que aprender a utilizar.

¿Cuánto tiempo suele dedicar a documentarse y a la investigación en sí?
Depende de la complejidad del proyecto. En el caso de los skin me pase sólo 3 meses estudiando teoría, memorizando letras de canciones, consignas, y leyendo muchos libros, boletines y revistas neonazis. En el caso de la trata de blancas, también pase una temporada asistiendo a congresos sobre tráfico de seres humanos, leyendo y estudiando. Pero en el caso de mi última infiltración, los preparativos casi duraron 2 años. Está resultando un proyecto muchísimo más complicado que ninguna anterior.

En el libro ‘Diario de un Skin’ se descubrió la cara más oscura del movimiento skinhead, y después del libro vino la película. ¿Usted participó de alguna manera en su elaboración? ¿Le gusta cómo se adaptó su libro?
En realidad no. Nadie había apostado un céntimo por el libro “Diario de un Skin” que había sido rechazado en 3 editoriales antes de que
Temas de Hoy se decidiese a publicarlo. Su repercusión nos pilló a todos por sorpresa y en los contratos que yo había firmado perdía todo control sobre los derechos cinematográficos. Es la editorial la que vende los derechos a una productora que contrata a unos guionistas, los cuales versionan el texto del autor, que no tiene ninguna influencia en el guión. Sin embargo si es cierto que los guionistas me pidieron que les ayudase a entender algunos conceptos. El director me pidió algún material de atrezzo que no podían conseguir. Los posters, revistas, etc, que aparecen en la película, son reales, y eran parte de la decoración de mi propio apartamento, que les cedí para el rodaje. La daga de las SS que aparece, también es mía. Y sí asistí varios días al rodaje, porque el mismo Tristán Ulloa me escribió para que le ayudase a perfilar mi personaje. La verdad es que es una sensación muy extraña asistir al rodaje de una película en la que un actor está interpretando tu papel. Además Tristán se lo tomó muy en serio y se preparó muchísimo el personaje. Hay anécdotas deliciosas del rodaje de esa película que espero poder contar algún día. Pero está claro que yo no soy el súper Antonio Salas que interpreta Tristán en “Diario de un Skin”, ni el que interpreta Nancho Novo en la película basada en mi otro libro “El año que trafiqué con mujeres”. El Antonio Salas del mundo real es mucho más torpe, que los del cine, y pasa bastante más angustia en esas situaciones.

El proceso de mutación previo a una investigación, tanto físico como intelectual es enorme, en concreto el que sufrió para integrarse entre el movimiento skinhead. Cuando trataba de pensar como uno de ellos, ¿Llegó a creerse en algún momento lo que ellos defendían?
Meterte con una cámara oculta, y sin cobertura de ningún tipo, en un local lleno de nazis, o en la grada de un estadio lleno de ultras, tiene sus riesgos. Es evidente que si hubiesen sospechado de mí y me hubiesen descubierto la cámara, no tendría justificación posible. Así que tienes que conseguir que tu actitud y tu discurso no levante la menor sospecha. Para eso lo que yo siempre hago es buscar en mi propia personalidad o creencias, cosas en común con el grupo en el que me infiltro y sobre ellas baso mi personaje. Así no tengo que mentir ni interpretar. En el caso de los nazis, su fervor por el deporte y la naturaleza, su animadversión a las drogas, los toros, etc. eran cosas que compartíamos, y sobre eso basaba el personaje de Tiger_88. En cuanto a otras cosas, como el racismo, utilizaba ‘trucos psicológicos’, como recordar a una exnovia que se casó con un cubano de raza negra para, a través de los celos, hacer más creíble un racismo que no siento. Así que no, no llegué a creerme su discurso. Pero si llegué a tener problemas con mi relación de amistad con algunos camaradas, que me causaron unos sentimientos contradictorios a la hora de publicar el libro. Un psiquiatra amigo me ayudó mucho en ese sentido. Pero me temo que en la infiltración actual va a ser más complicado.

En ‘El año que trafiqué con mujeres’ su testimonio de lo vivido es sobrecogedor. Realizando la investigación, ¿Cuál fue la situación más comprometida moralmente que vivió?
La que vivo cada vez que tengo que escuchar a un hombre hablar sobre las mujeres en general y la prostitución en particular. Siempre evito en mi círculo social ese tema porque es superior a mí. Yo soy abolicionista, y siento vergüenza de mi género, y de todo lo que vi y viví durante esa infiltración. La investigación en la que estoy metido hace más de cinco años es muchísimo más difícil, muchísimo más cara y muchísimo más peligrosa. Pero no creo que psicológica y emocionalmente sea tan traumática. Sería difícil elegir un solo momento, pero por ejemplo el instante de grabar las negociaciones con traficantes de mujeres, como el nigeriano Prince Sonny o el mexicano Mario Torres, para comprarles mujeres o niñas vírgenes para mis supuestos burdeles, fueron muy comprometidos, a todos los niveles. Me plantee cosas, como tomarme la justicia por mi mano, que no debe plantearse un periodista.

¿Cuál es el error más grande que ha cometido?
Los mayores errores los he cometido durante la investigación que estoy haciendo ahora. Por las características de esta infiltración, tengo que mantener 3 vidas paralelas desde hace casi 6 años. Y últimamente, en la recta final,
y con tantas vías de investigación abiertas, el trabajo se ha multiplicado por 10 y yo trabajo sólo, así que llevo muchos meses sin poder dormir más de 4 horas diarias. Esa acumulación de cansancio te resta agilidad mental y capacidad de concentración, así que empiezas a cometer errores… Como olvidarme un arma en un hotel hace algunas semanas. Te puedes imaginar el follón que se montó cuando la encontró la señora de la limpieza y avisó a la policía… Al final tuve que ir a recogerla al juzgado y dar demasiadas explicaciones.

¿Y el hallazgo del que más orgulloso se siente?
Sin duda, el descubrimiento de que nosotros sí podemos cambiar las cosas. Si echas un vistazo a las secciones ‘Mis emails favoritos’ en mi página Web, verás cientos de mails de lectores, muy jóvenes, que decidieron dejar el movimiento nazi después de leer “Diario de un skin”; y también de chicas españolas (las traficadas no tienen esa oportunidad de elegir) que decidieron dejar la prostitución tras leer “El año que trafique con mujeres”. Incluso de muchos clientes de la prostitución que decidieron dejar de consumirla tras leer ese libro. Y para mí no existe nada más importante que haber descubierto que nuestras armas, las palabras, la pluma, ciertamente son más poderosas que la espada. Y nosotros, los periodistas, sí podemos cambiar las cosas. Quizás más que muchos políticos.

¿Qué opina de la prohibición del Tribunal Supremo de la utilización de la cámara oculta en investigaciones no autorizadas por el propio tribunal?
Me parece que en los últimos años se ha frivolizado mucho el uso de la cámara oculta en un formato de programas que yo no calificaría como periodismo de investigación. Creo que una cosa es el uso voyerista de la cámara oculta y otra su utilización para denunciar crímenes o delitos. Yo soy quien decide cuando utilizo y cuando no la cámara oculta. Y no siempre que hago una grabación es para emitirla, sino que la cámara oculta te permite captar conversaciones, pero también la comunicación no verbal del sujeto que grabas, matrículas, contextos, en definitiva información que te va a ser muy útil a la hora de redactar el libro y sobretodo, que puede ser muy útil para la policía, sean judicializadas o no las cintas posteriormente. Yo pienso seguir utilizando la cámara oculta.

El secreto profesional es otro de los derechos que nos conciernen a los periodistas, pero no siempre se respeta. ¿En alguna ocasión un tribunal le ha obligado a revelar una fuente cuyo nombre no podía dar? ¿Hasta qué punto cree que este ‘derecho’ es un derecho?
No sólo es un derecho, sino que es un deber sagrado, y además es lo más inteligente. En la vida de un periodista, tarde o temprano vas a tener que volver sobre un tema ya tocado. Por eso es fundamental que jamás traiciones a una fuente. Porque no solo la pierdes a ella, sino que, lógicamente, otras fuentes se distanciarán de ti si ven que no eres leal. En la infiltración en la que estoy metido ahora, por ejemplo, varias de las prostitutas que conocí durante la infiltración en las mafias, me están ayudando muchísimo. Incluso varios camaradas skinhead, sin saberlo, me han permitido volver a infiltrarme en el mundo neonazi desde 2008 y averiguar que los skins habían hecho una colecta para contratar un sicario que impidiese mi declaración en el juicio contra Hammerskin España. Por eso es muy importante cuidar, mimar y mantener tus fuentes. Afortunadamente en mi caso, hasta ahora ningún juez me ha presionado para que revele a ninguna. Pero tampoco lo haría.

Uno de los casos más reconocidos a nivel mundial es el Caso Watergate, ¿Qué opinión le merece la labor de ‘Garganta Profunda’?
En el caso Watergate fue el primero, pero han existido muchos “gargantas profundas”. De hecho creo que todos los periodistas de investigación tenemos los nuestros. Sin embargo, opino que si Bersteing y Woodward hubiesen sido españoles, Nixon habría seguido en su cargo. Como ocurrió con la investigación sobre los GAL de Cerdán y Rubio…

¿Ha pensado alguna vez en dejar este tipo de investigaciones tan arriesgadas y dedicarse a otro tipo de especialización periodística?
Ni se me ha pasado por la cabeza… Creo que me moriré investigando. Lo que no sé es si será de viejo. Durante la infiltración en la que estoy metido ahora, ya han muerto asesinados, a tiros, cuatro ‘camaradas’ míos. El último el pasado abril. Yo hasta ahora he tenido mucha más suerte.

4 Comentarios

  1. Seria prudente que quitases las fotos de las manos y el ojo de Salas, si es que son suyos; pero sobre todo las manos, que es una facil forma de reconocer a alguien.
    Increible, no obstante, poder leer esta entrevista. Gracias.

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