Condena en silencio

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Epístola de Virginia Angélica de Segaelo al sacerdote Orestes, su confesor
Amigo mío quizá el último… ¡ay vida que se me escapa! ¡Me encuentro tan sola! Quisiera confesarme de nuevo entre las dudas ¿me acoges ese ruego? Ten, aún sigo redactando para mí misma y para escaparme de lo que me envuelve. Confío no tomes por desvarío- como todos- mis palabras.
Escucho gritos entre espasmos que me increpan por lo que no soy mientras pienso si todo es cierto… ¿Por qué si dicen que me aprecian, también me acusan sin razón? Condena en silencio derrama angustia por mi voz y oscuros tormentos ¿ya no merezco vivir según sus cambios de precepto? … ¿Qué me ocurre? No… consigo terminar este… ¿Cómo… Trataré de… ¡no! ¡Mi cabeza! De nuevo los estremecimientos… ¡Me pesa! Siento que… me… desmayo y… ¡Aguanta! ¡Puedes aguantar! ¿Puedo aguantar…

¡Ah! Por hoy basta de escribir. No puedo soportar seguir con estos versos sueltos… si.. en realidad… están tan muertos como mi propia esencia. Pero ¿podré permanecer algo cuerda y no vencerme a estos fantasmas si ni siquiera puedo distraer mi mente con la escritura? ¡Me cuesta tanto guiar mi pluma! ¡Estos temblores en mis dedos! ¡Ay! Siento que… poco a poco me abandona el aliento y… su… su verdad me arrebata de nuevo la propia conciencia. Me da pavor confesar lo que pienso e incluso temo a las mismas palabras… ¡Oh… palabras… ¡os odio! ¿Debiera… ¿Sois sólo eso? ¿Palabras? ¡Si toda mi vida ha girado a vuestro ritmo! Conjugaciones de tantos idiomas que domino… Veamos si retomo los versos… Tantas lenguas… todas muertas se resbalan por mi realidad, quizá me alejan… o me despiertan… ¡Ah! ¡Me falta el aire! ¡Es serio! ¡Socorro! ¿Y a quién grito? Nadie va a querer oírme… Después de todo… ya han pasado tantos meses… y yo… aquí… ¡No! ¡Se acabó! ¡No pienso emitir ni un solo sonido! ¡Nunca más! ¿De qué me sirve si ya nadie quiere creerme?

¿No decís todos que estoy loca? ¿Endemoniada quizá? ¿Y qué sabréis vosotros? ¡Dejadme en paz! De nuevo… las lágrimas… ¡No puedo permitir que me venzan! No debo consentir que… me domine… el dolor… Yo… yo… no puedo más… no… puedo… más… ¡Basta ya de denigrarme! ¡Quiero irme! ¿No os basta? ¡Quiero alejarme! ¡Ahora! ¡Quiero estar sola!… ¿Es eso lo que quiero? ¡No! ¡Esperad! No os vayáis… recogedme al menos… Tengo… tanto frío… Por favor… dadme un mínimo de afecto… No me dejéis sola… tan… sola… Apiadaos de mí… de Virginia… ¿No me apreciabais tanto? ¿No citabais mi nombre con orgullo, como si fuese yo un pasaje para vuestra inspiración de gloria? Virginia… ¿es ese aún mi nombre? ¡Parece otro en este trato que me dispensan! Virginia Angélica de Segaelo… simplemente Virginia para vosotros… ¡Válgame el Cielo que ni eso parece cierto! ¿Decís que lo soy o que no? Por favor… no os vayáis… os lo ruego…

¡Qué fácil es verlo todo desde fuera! Pero son esas mismas palabras a las veis que increpo las que me han llevado a esta situación baldía de infinito desamparo… Miradme… ¿Seguís acusándome de perversa embaucadora? ¿de conspiradora en la sombra? Pero ¿por qué? ¿Qué he ganado yo con todo aquello de lo que me acusáis? ¿Qué podría ganar? ¿Qué me queda? ¿Por qué me decís que por mi culpa pudo morir todo?… Un momento… ¿puede ser cierto? ¿Os referís a… fragmentar Jetruvia? ¿Rendirla? ¿Sumirla en guerra civil? ¿Por mis… ideales? Si es así… merezco este tormento… pero no logro encontrar un fallo en mi comportamiento por más que pido a Dios que guíe mi búsqueda… Nunca conspiré contra mi rey… ¡nunca!

Veamos: yo… di lo mejor de mi misma… plasmé en papel todo lo que en mis entrañas se encontraba grabado a fuego para servir lo mejor posible a mi Jetruvia… nuestra patria Jetruvia, tan derrumbada tras la derrota contra Rosespina y tan hundida en sí misma. Sí… di lo mejor de mí… años de enseñanzas y experiencias… también de sufrimientos… pero soportados… ¿No estaba yo siguiendo mi destino? ¿Honrando la memoria de la gente a quien venero, respeto y admiro? Creo que siempre fui seguidora de las doctrinas básicas… de los principios más puros que me mostrasteis vosotros mismos… Y todo aquello lo extracté todo en un solo discurso, en un solo compendio de frases interconectadas… Era eso ¿cierto? Mi rey me lo encargó… debía representar al Tercer Estamento en las Cortes constituyentes de Darunia … Con ellas íbamos a trazar un nuevo orden para salir de la vergüenza, íbamos a arreglar lo que fue roto ¡íbamos a revivir las esperanzas!… Me ilusionó y me llenó del vano orgullo que creo que es quien me ha llevado a esta condena. Acepté como no suele ser común en mi conducta…

¿Y para qué? Esa es la pregunta clave… ¿para qué acepté? Para descubrir que me usaban… de nuevo… usarme… ¿Por qué me usaron? … Quizá porque pensaron que no me rebelaría… pero… me rebelé… ¿Y por qué tendría que rebelarme si, al fin y al cabo todo seguía como siempre? ¿No es eso lo que me dicen ahora los miembros del Santo Oficio jetruviano cuando me interrogan, que todo sigue como siempre y que ni una coma se varió en Jetruvia de lo que entonces originó mi primer discurso? ¿Me rebelé por nada? ¿Es por eso que… muero aquí dentro…?

Después de todo… han sido tantos meses… Meses de torturas físicas, de dolores agudos ¡tan agudos! Recuerdo cómo desde que me acusaron los sacerdotes inquisitoriales han retorcido- y continúan haciéndolo de vez en cuando- mis siempre quebradizas articulaciones en esas máquinas supuestamente creadas para salvar almas descarriadas. ¿Pero dónde está mi descarrío? He sentido desfallecer mi figura por delante de mi propia mente, he perdido el sentido sin yo quererlo… ¡Duele tanto recordarlo! ¡Ah! ¡Sí! Aún noto los tormentos… Pero no ya por el hecho de que el hierro de algún artilugio punzante o postura demasiado forzada vaya rasgándome la piel o las articulaciones, poco a poco o más deprisa, deslizando mi sangre ardiente por lo poco que podría quedar de mi carne amoratada… Supongo que a la larga he acabado acostumbrándome a que el líquido escarlata chorree desde mi garganta o que mis pobres falanges se hallen siempre rotas… No. Eso no es lo más crudo. Es recibir además la catarata de acusaciones de toda índole por su parte sin que nadie levante siquiera una voz en mi defensa. ¿Puede que lo merezca? Los delitos son múltiples: locura, maquiavelismo, intriga, ruptura, traición y sobre todo brujería. Pero hubiera jurado ante el mismo rostro del Dios al que venero que son falsas, aunque todo parece indicar que son reales. Todos en mi entorno dicen que son reales. Soy yo sola la que pienso lo contrario. ¿Qué salida podría quedarme si no es la que sigo: el completo silencio que esconde la desazón que me provoca tanto desprecio? No quiero inculpar a mi Jetruvia y sé que no puedo inculparme a mí misma de lo que me dicen. Porque algo en mí- no sé si celestial o realmente diabólico- me convence de mi inocencia.

Ante ese enigma he tomado la determinación de guardar mis padecimientos, mis dolores… de forzar a que mi propia odisea interna se aboque al infinito silencio. Para siempre. Aunque hay veces que me flaquean tanto las fuerzas que no sé si seré capaz de soportar un solo momento más esta angustia…

Los inquisidores dicen que si no hay muestras de sufrimiento por mi parte durante sus procesos para conmigo- esos momentos que he narrado en los que me encadenan a cualquiera de sus pruebas o máquinas de tortura física y en los que derraman sus acusaciones injuriantes-, significará que estoy sana, que me han salvado. Quizá en el fondo el hecho de que selle mis retorcidos labios es un resquicio del poco orgullo que me queda, como si quisiera comunicarles que pueden martirizarme todo cuanto quieran… pero que nunca escucharán en mi voz- antaño suave y timbrada, ahora afónica y desganada- que es cierto aquello de que se me acusa. Si no notan que sufro porque no lo comunico con palabras ¿no podrían apiadarse de mí y liberarme?

Lo cierto es que ya hace tiempo que no vienen a mi encierro o quizá en medio de mi soledad innata ya he perdido la noción de lo que es pronto o tarde. No me alimentan ni se ocupan de mí en absoluto. Es como si quisieran autoconvencerse de que yo jamás he existido. Sinceramente, ya no me importa tanto. Todo me da igual. Me he tornado en un ser silente e inmóvil- ¡qué ironía si todos comentaban que siempre destilé vida!- a excepción de los propios temblores que me caracterizan en mi encierro por lo que creo es fiebre y lo que estoy segura es hambre. También he notado cómo el aire se vuelve más húmedo y helado.

Últimamente debo encogerme sobre mí misma para que no se me agite demasiado el cuerpo. Mi mayor problema son los pies y los dientes, aunque noto que me quedan ya bien pocos a pesar de que sólo tengo 33 años- siempre y cuando ese tiempo que calculo infinito no se haya resuelto en otro año agregado-. Ambos, pies y mandíbula, tienen la costumbre de helarse, y, los unos con su inmovilidad, así como los otros con sus castañeteos, me impiden olvidar el frío intenso que me recorre. Suelen ser unos momentos de incertidumbre… hasta que me vence el sueño. Quizá como ahora mismo. Pero ahora mismo también tengo hambre… ¡tanta hambre!… y desde luego sueño ¡mucho sueño! Prefiero entregarme a la segunda opción.

Es lo mejor. Dormir… sólo dormir… y que vengan a por mí si quieren que sólo encontrarán de nuevo enmudecida mi garganta…

1 Comentario

  1. El mundo simepre te fallara…Somos sólo eso seres humanos,con virtudes y defectos…Ve a la verdadera fuente de vida..ÉL….QUE TE MIRA DESDE LO ALTO JAMAS.TE DEFRAUDARA .TAL VEZ SE TOMARA SU TIEMPO PERO SIEMPRE ESCUCHA….LO COMPROBARAS….¡¡¡¡

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