Compartiendo buzón en Londres

1
258

La teoría del mundo pañuelo me persigue, después de haber conocido a primos míos en el aeropuerto de Berlín en el verano del 2007, pensé que nada más me podría pasar para que dicha teoría se reafirmara en mi vida. Pero muy lejos de esa esperanza, ocurrió. Esta vez fue bailando una de salsa, entre canción y canción de Marc Anthony, con alguna intromisión de la mismísima Celia Cruz, Beja me preguntó dónde vivía y mi contestación nos llevó a una conversación un tanto surrealista. ¿En el sur-oeste?, sí, cerca de la estación de tren, ¿en las adosadas de la derecha? Última casa, ¿sí? ¡Penúltima!. En una ciudad con diez millones de habitantes es resultado de la casualidad encontrarme con mi vecina húngara en uno de los cientos de centros con actividades lúdicas de Londres.
Después de un efusivo
“We are neighbours”,
las consecuentes carcajadas que puede provocar tal situación, y la puesta en común con nuestros amigos, nos dispusimos a volver a nuestra calle por el mismo camino que habríamos compartido seguramente más de una vez.

Y es que pasear por Londres, aparte de poder ver de media unas 500 caras por minuto, es recorrer la capital más grande de Europa, es sentirse ciudadano del mundo, es sinónimo de ser guía de sí mismo, es saber no ver nada raro dónde, en otro lugar ese algo sería digno de exclamación y tener la sensación de poseer en algún momento pasaporte británico. El lema de esta ciudad bien podría ser un “vive y deja vivir”.

Nada importa en la “city europea”, es fácil camuflarse entre los pocos inglesitos que puedes encontrarte en tu andadura. Bastaría con pronunciar tantos “please” como frases soltases y una media de tres “thank you” por intervención. Pero al margen de querer parecer uno más, esta ciudad está hecha para todos y cada uno de los personajes que este mundo tiene.

La extraña sensación de sentirse parte de la calle, con siempre un papel protagonista en el acto principal de una obra teatral, se puede experimentar en todos los rincones de la gran ciudad. Dependiendo de la boca de metro por la que decidas salir, te encontrarás en diferentes escenas en las que no hará falta adecuar tu vestuario. Eres parte del entorno, parte de la obra, nada extraño, simplemente diferente.

Y escenificando el papel de española en Londres me doy cuenta de que el hecho de que las cartas que mando a España se entremezclen con decenas de cartas con diferente destino no tiene nada de especial, que ese buzón inglés sea testigo de posiblemente historias similares, es fruto, una vez más, de la casualidad.

1 Comentario

  1. Gracias por dejar constancia de tus vivencias en Londres con tu punto de vista “made in Spain”. Yo visité la ciudad hace más de un año y me encantó. Espero volver no dentro de mucho y, si puede ser, quedarme una buena temporada allí. Conocer otras culturas es muy enriquecedor, más aún si tienen un idioma distinto, aunque esto añade un plus de dificultad y adaptación.

    Espero que te sigamos leyendo no dentro de mucho.

    Un saludo,
    Fabián Merchán

Dejar respuesta