Cómo sobrevivir en el infierno, o la última ocurrencia de Chuck Palahniuk

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Condenada es el título de la última novela del autor de El club de la lucha publicada por Random House Mondadori el pasado mes de junio. Con el infierno como escenario, una preadolescente hija de multimillonarios narra en primera persona cómo acabó allí y da algunas claves indispensables para soportar la eterna rutina de los submundos.

CONDENADADesde que comienza la lectura de Condenada, da la sensación de que tenemos que estarle agradecidos a Madison Spencer por el hecho de haberse tomado la molestia de redactar esta especie de recetario de supervivencia para la vida infernal. Sí, digo vida infernal porque aquel que se piense que su historia acaba donde termina su vida terrenal, está completamente equivocado. Desde que nacemos, hasta que “morimos” (físicamente), sería como un adelanto, la primera parte de una película que dura muchas, muchísimas horas. Y aquí es donde se encuentra esta Maddy, que decide ponerse a contar en primera persona lo que presencia en el Infierno para echar un cable a aquellos que se piensan que comer tofu a diario, realizar las horas de ejercicio reglamentarias semanalmente, o ayudar a cruzar a los ancianitos en los pasos de cebra es suficiente para obtener el boleto al reino de los cielos.

Madison -que tiene 13 años, bastantes kilos de más y una cultivada inteligencia poco comunes entre las personas de su edad-, muere de una sobredosis de marihuana la noche en que su narcisista madre presenta la gala de los Oscar. Tras una vida de internados en Suiza, viajes en Jet a sus distintas casas repartidas por el mundo y un gran número de hermanos adoptivos; esta mordaz e intransigente niña describe desde los confines del Infierno su prematura experiencia como espíritu errante. Lo normal es que empatizar con Maddy apenara al lector. Pero no, ya se encarga ella de que la vida en el Hades te parezca de lo más atractiva, o cuanto menos, de lo menos torturadora: “En el infierno no te puedes ni dar la vuelta sin chocarte con alguien importante: Marilyn Monroe o Gengis Kan, Clarence Darroz o Caín […]. Para ser sinceros, la población residente parece la lista de invitados de una fiesta que haría correrse de gusto a mis padres […]. John Lennon y Jimi Hendrix y Jim Morrison y Janis Joplin. Un festival de Woodstock permanente”.

Parándote a pensar, sí, probablemente resulte lógico eso de que el infierno pueda ser divertido, y más teniendo en cuenta lo fácil que es acabar en él (basta con decir más de 700 veces la palabra puta, no lavarse las manos 885 veces después de orinar o usar 300 veces la palabra negro o maricón). Visto lo inevitable que es acabar allí, Madison recomienda llevar muchas chocolatinas para negociar mejoras en el nivel de vida con los corruptos demonios, unos zapatos con una buena suela de goma para sortear la suciedad y los bichos que inundan los subsuelos, y si te acuerdas, un paquete de kleenex para limpiarte las manos tantas veces como roces cualquiera de las cosas que allí se encuentran.

En fin, Chuck Palahniuk vuelve a las estanterías con sus escrupulosas descripciones sobre lo más intimo del ser humano, su humor satírico, desaliñado e inteligente, sus eternas referencias literarias, y como no, dándole ese acostumbrado giro final a la novela, que en este caso tiene continuación, pues Condenada es sólo el primer tomo de una trilogía. 

Imagen: mapa del infierno (ilustración de Stradano)

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