Como el cine complica la vida de una niña pequeña

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‘Como la vida misma’ ha intentado introducir un gran dramatismo a la narración del filme pero se ha quedado en un mero intento, puesto que no logra sacar una emoción de lo que les pasa a los personaje. Lo tiene todo para convertirse en una gran ‘romanticada’, sin embargo le falta cierta chispa, conseguir conmover con ese sentimiento contenido que el director no sabe sacar a flote como ha ocurrido en otras ocasiones.
La cinta hollywoodiense narra la historia de dos personajes muy distintos: Holly, una trabajadora de comida con un futuro muy prometedor y Messer, un ayudante de cámara que ascenderá a director de las retrasmisiones en los partidos de baloncesto; ellos unirán sus vidas a través de sus dos mejores amigos que terminan casándose. Cuando éstos pierden la vida en un accidente de coche, el abogado les informa que fueron elegidos por la pareja para tener la custodia de la hija que tenían en común, Sophie. A pesar de odiarse, tras una cita anterior que fue un auténtico fracaso, el amor que sienten por su ahijada Sophie les hace convivir en la misma casa e intentar criar lo mejor que puedan a la niña.

Las dificultades de la vida les hacen poner sus prioridades laborales e incluso amorosas en un segundo plano, ya que Sophie se convierte en el centro del universo viendo como poco a poco la pequeña les termina aceptando como parte de su existencia. Como comedia romántica de manual, el odio de Holly y Messer termina olvidándose y se transforma en un amor profundo que no dejara indiferente a nadie. Ella le persigue hasta el aeropuerto y él no se monta en el avión que debe llevarle a un nuevo destino de trabajo. Todos acaban felices y contentos formando una nueva familia.

No obstante, y aunque la película es más previsible que los regalos del día de San Valentín, el resultado se ha transformado en un producto entretenido; demasiado largo ya que le sobran unos 25 minutos, pero bastante divertida. Mezcla los momentos álgidos de la trama como es la sensibilidad de tener que criar a un niño pequeño y no saber hacerlo, con puntos graciosos y divertidos que pueden dibujar una sonrisa en la cara de cualquiera.

Si tuviera que poner una nota nunca sería un rotundo suspenso, aunque tampoco llegaría a un notable, quizás un sonoro aprobado sería la calificación más apropiada para un filme que no persigue el Oscar de la Academia ni intenta ser simplemente un producto más. Además mi idolatría por la protagonista Katherine Heigl siempre moverá la balanza a su favor ya que desde su aparición en la serie de médicos por excelencia en Estados Unidos la actriz ha tenido bastante suerte en la gran pantalla.

Después de ’27 vestidos’, ‘Lio embarazoso’, ‘La cruda realidad’ y ‘Killers’ se puede confiar en la actriz para hacer una interpretación más que correcta para una comedia romántica de este tipo. No le valdrá un Emmy como supuso su papel de Izzie Stevens en la segunda temporada de ‘Anatomía de Grey’ pero divertirá y supondrá un aliciente más para entrar a la sala de cine.

Sin embargo la pareja no tiene demasiada química y no puedo dejar de echarle la culpa a Josh Duhamel (que ni emociona ni divierte) ya que hemos visto a Katherine Heigl muy a gusto con otros compañeros de reparto. Después de su paso por la serie ‘Las Vegas’, y una banal interpretación en la película ‘En la boda de mi hermana’ en la que tampoco se vinculó emocionalmente con la actriz protagonista, Kristen Bell, lo cierto es el actor que podría replantearse si éste es el género que de verdad escogería para seguir haciendo en un futuro. Quizás la acción, o también fomentando los clichés de niño guapo podría contenerse bastante mejor para Duhamel que una comedia.

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