Comer insectos como posible solución para combatir el hambre en el mundo

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La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura) afirmó en un informe presentado el pasado lunes que los insectos son ricos en proteínas, saludables alternativas a alimentos tradicionales como el pollo y de barata producción que pueden beneficiar a poblaciones en todo el planeta.

Insectos comestibles

Se estima que en el año 2050 habrá 2.000 millones de personas más que alimentar en el mundo por lo que las prácticas actuales de cultivo para obtener alimentos podrían llevar a una grave sobreexplotación e incluso peligrar la existencia de muchas especies animales y vegetales. Por este motivo la FAO ha publicado un informe titulado “Insectos comestibles” en el que propone el consumo de insectos como la alternativa nutricional del futuro.

Desde el año 2003 la FAO ha estado trabajando temas relacionados con los insectos y su consumo, contribuyendo a defender su postura a través de la emisión de publicaciones, celebración de reuniones con expertos y la sensibilización a través de periódicos y otros medios de comunicación, entre otras actividades. Aseguran en su último informe que cerca de 1 millón de las 1,4 millones especies animales del planeta son insectos y que solo un 5% de los mismos son nocivos para los cultivos, el ganado o los seres humanos. Según el estudio los insectos más consumidos son los escarabajos, las orugas, las abejas y las hormigas, seguidos por otras especies como los saltamontes, los grillos y las libélulas.

La aceptación social sigue siendo el mayor de los obstáculos a pesar de las ventajas que entraña el cultivo de insectos como la baja emisión de gases de efecto invernadero y el no precisar de grandes cantidades de agua para subsistir la cría de los mismos. Los lugares del planeta con mayor tolerancia son África, Asia y Latinoamérica ya que el consumo de insectos forma parte de su cultura y dieta, proporcionando a sus habitantes una rica fuente de proteínas, grasas, vitaminas, fibra y minerales. Asimismo, a pesar de que la inmensa mayoría imagine la ingesta de insectos enteros, estos pueden consumirse de distintas formas y en distintos estados como por ejemplo trituradas o extrayéndoles únicamente las proteínas. Los grandes prejuicios hacia los insectos comestibles no están justificados desde un punto de vista nutricional ya que no son inferiores a otras fuentes con alto contenido en proteínas como por ejemplo el pescado o el pollo.

El rechazo psicológico que han creado los países occidentales con respecto al tema pone de manifiesto, según la FAO, la necesidad de estrategias de comunicación y programas educativos para acabar con el desagrado así como el diseño de recetas y menús en restaurantes que transformen por completo el sector alimenticio. Otra de las salidas que explora a la cría de insectos es el uso de los mismos como alimento no solo para las personas sino para el ganado ya que la producción de pienso supone una actividad costosa para varios países y una práctica nociva para el medio ambiente. No obstante y a pesar de las buenas intenciones, la reeducación de la población mundial hacia prácticas más sostenibles y hábitos más saludables parece ser a día de hoy el mayor de los retos.

 

Fotografía: Flirk

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