Colaboración contra la corrupción y delitos políticos

1
265

Así como la colaboración sobre delincuencia común ha sido normalmente objetiva y bien intencionada, cuando se trata de intereses políticos no siempre ha sido así. Del uso perverso de los medios, si consideramos como tal publicar informaciones falsas buscando con ello predisponer a masas de ciudadanos a presionar gobiernos para que actúen de determinada manera, encontramos ya en el siglo XIX un caso claro que a nosotros nos supuso la pérdida de Cuba, “la joya de la Corona” en beneficio de Estados Unidos. La clave fue la campaña contra España que William Randolph Hearts llevó a cabo desde sus medios. Este pionero y magnate de la prensa amarilla americana, inculto, pendenciero y sin escrúpulos llegó incluso a comprar su escaño en el Senado de aquel país.

Ocurrió en 1897, el corresponsal del Journal le enviaba desde Cuba falsos relatos suministrados por la Junta Cubana en Estados Unidos o producto de su fértil imaginación. Pronto los lectores de los Estados Unidos supieron de fantásticas batallas que nunca habían sucedido, exageradas crueldades españolas o míticas y bellas amazonas cubanas que no tenían piedad con el odiado español. Sin embargo nunca supieron de las crueldades de los cubanos, de los civiles y soldados degollados con machetes ni de las haciendas quemadas por los insurrectos.

Titulares del “New York Journal” : ¿Es nuestra bandera un escudo para las mujeres? Indignas prácticas de oficiales españoles a bordo de buques americanos. Distinguida Señorita desnudada y cacheada por brutales españoles bajo nuestra bandera a bordo del “Ollivette” hacían que creciera la repulsa de los lectores hacia los españoles.

El periodista Richard Davis, que así se llamaba el corresponsal, describía con todo lujo de detalles cómo varios policías españoles desnudaban y cacheaban, a bordo del Ollivette, a una cubana sospechosa de colaborar con los rebeldes. La historia iba adornada con terribles ilustraciones y dibujos. El escándalo en Estados Unidos fue enorme. Sin embargo, pronto la historia se reveló como era. La propia Señorita Arango desmintió la historia a su llegada a Nueva York. No fue desnudada por ningún oficial español. Sólo había sido cacheada por las matronas de la policía sin cometer sobre ella ningún acto de violencia.

Días más tarde, el 16 de Agosto de 1897, el Journal publicaba la noticia de que una bella cubana, Evangelina Cisneros, había sido condenada a 20 años de presidio por haberse resistido a tener relaciones sexuales con el jefe de la guarnición española en la Isla de Pinos. El escándalo estaba servido sobre todo si había una bella mujer por medio. Miles de mujeres, acaudilladas por la madre del Presidente William McKinley, enviaron cartas a la Reina Regente de España, María Cristina de Habsburgo-Lorena solicitando la liberación de la “joven mártir cubana”, pero pronto el escándalo quedó en el olvido. Había que revivirlo y el 8 de Octubre el Journal de Hearts publica que Evangelina se había evadido de la Isla y que se encontraba de viaje hacia Nueva York. La evasión era un montaje organizado por los corresponsales del Journal. La llegada a Nueva York fue apoteósica. Sin embargo la verdadera historia es que Evangelina Cisneros intentó asesinar con otros cuatro cubanos al gobernador militar de la Isla de Pinos, pero no se dio importancia a este pequeño detalle.

Entre los periodistas del Journal enviados a Cuba figuraba el famoso dibujante Rémington. Tras varios días de estancia en La Habana telegrafió a su jefe Hearts : ‘Todo está en calma. No hay problemas. No habrá guerra, quiero volver’. Su editor le contestó: ‘Por favor, permanezca allí. Usted suministre los dibujos que yo pondré la guerra’.

La voladura del Maine sirvió de pretexto a la prensa amarilla, de acuerdo con Teddy Roosevelt, para atizar el fuego antiespañol y llamar a la guerra. El mismo día de la explosión en el Maine, el capitán Sigsbee solicitaba que se calmara a la prensa hasta que se hiciera una investigación de lo sucedido. Sin embargo, al día siguiente, el Journal de Hearts publica un devastador titular: ‘El Maine partido en dos en La Habana por un infernal artefacto del enemigo’. La historia de este titular es curiosa. Nada más saber Hearts la explosión del Maine por medio de su amigo Teddy, llamó al director del Journal preguntándole cómo tenía preparada la primera página. El director contestó que iban a destacarse otras noticias. La respuesta de Hearts fue clara: ‘No hay ninguna otra gran noticia. Publica lo del Maine a toda plana. ¡Esto significa guerra !’. El 17 de abril de 1898 el Journal publica el siguiente titular.’¿Guerra? ¡Seguro !’.

Ya lo habían logrado. Los estudios posteriores han demostrado que todo fue un engaño del periódico y que la explosión, que produjo la muerte de 266 tripulantes no fue un sabotaje sino un accidente fortuito en las calderas del barco o una acción de los propios americanos. Las mentiras, al estilo que haría famoso años después Goebbels en la Alemania nazi, llevaron a la guerra…

Y si el caso anterior es un ejemplo de una conducta como mínimo ética y moralmente rotundamente condenable, en 1973 la prensa americana dio al mundo una lección de su poder e importancia en la vigilancia de la democracia. Este caso de descubrimiento de corrupción política fue llevada a cabo por dos reporteros del Washington Post al sacar a la luz el asalto de las oficinas demócratas en el Watergate formando parte de un sabotaje bien planeado contra la campaña electoral de Partido Demócrata y de que el presidente Richard Nixon y sus colaboradores más cercanos se habían conjurado para encubrir el delito. A pesar de que el entonces presidente creyó poder negar su participación en el delito dejando que sus colaboradores fueran acusados y enjuiciados, en julio de ese mismo año se supo que el propio presidente había mandado a grabar todas las conversaciones en cintas magnetofónicas.

El escándalo nació con el arresto en junio de 1972 de cinco hombres que habían penetrado en el hotel Watergate para espiar al Comité Nacional Demócrata de Washington. Después de múltiples peripecias judiciales la implicación de la administración de Nixon se fue haciendo cada vez más evidente. El 30 de abril de 1973, Nixon aceptó parcialmente la responsabilidad del gobierno y destituyó a varios funcionarios implicados.

La existencia de cintas magnetofónicas incriminatorias del presidente y su negativa a ponerlas a disposición de la justicia llevaron a un duro enfrentamiento entre el ejecutivo y el judicial. La opinión pública forzó finalmente a la entrega de esas cintas, pero una fue alterada y dos de ellas desaparecieron misteriosamente.

Crecientes evidencias sobre la culpabilidad de Nixon y de altos funcionarios norteamericanos llevaron a que se iniciaran los procedimientos del “impeachement” o juicio al presidente. En agosto de 1974 Nixon tuvo que entregar transcripciones de tres cintas magnetofónicas que claramente le implicaban en el encubrimiento del escándalo. La evidencia hizo que Nixon perdiera sus últimos apoyos en el Congreso. El 8 de agosto comunicó su renuncia al cargo de presidente al verificar que había perdido la “base política” necesaria para gobernar. Su vicepresidente, Gerald Ford, accedió a la presidencia e inmediatamente otorgó un perdón incondicional a Nixon el 8 de Septiembre de 1974.

Otro aspecto en el que los medios cumplen un gran servicio a la democracia, lo tenemos en la denuncia de crímenes de guerra o de dictaduras. Desgraciadamente, en muchos de los casos relacionados con este aspecto, las mayores dificultades no están en la localización de los presuntos delincuentes si no en su extradición. Los países son reacios a concederla bien por sus leyes, por intereses nacionales o simplemente de los propios dirigentes. Ejemplo reciente ocurrió con Pinochet que fue devuelto a Chile cuando se encontraba en Londres pendiente de una extradición pedida por el juez español Baltasar Garzón, el procedimiento se fue alargando y el propio gobierno inglés le permitió su regreso a Chile donde al final murió en su cama sin poder ser juzgado por crímenes contra la humanidad.

Resumiendo
Durante siglos y de forma progresiva la prensa ha sido la que más y mejor a colaborado con la justicia y las fuerzas de seguridad. Pero la revolución tecnológica ha hecho que la prensa escrita y la radio pierdan importancia a favor de la televisión que con su integración en el mundo digital de Internet a través de los sistemas multimedia o media-center, están haciendo posible que hoy y en los próximos años se avance de manera espectacular hacia una colaboración mucho más eficaz contra todo tipo de delincuencia, al poder llevar la información a cualquier rincón del mundo por alejado o por controlado que los gobiernos intenten que esté (véanse por ejemplo, los esfuerzos de China por evitar las críticas y protestas contra el régimen). Además estas nuevas tecnologías hacen que ya no solo los periodistas puedan colaborar, también cualquier ciudadano a través de estos nuevos medios tecnológicos tienen la posibilidad de hacerlo.

1 Comentario

  1. La entrada es sorprendente en referencia a la denuncia del manejo propagandístico usado por la prensa amarilla norteamericana, principalmente en el personaje de Hearts, quien dio las excusas deseadas para entrar en un conflicto que terminó con la subordinación de Cuba a Estados Unidos… NO CON SU INDEPENDENCIA.
    Sin embargo, veo que en este artículo se dejan escapar líneas que también intentan manipular, con el mismo amarillismo, a la opinión pública de la lucha de los cubanos por su independencia.
    El ejército mambí no cometió genocidios contra la metrópolis española, sino de manera contraria. El ejército mambí respetó a los heridos y prisioneros españoles; de lo contrario, cómo se explica que tantos insulares terminaran pasándose a las filas independentistas.
    Tampoco se habla en este artículo del genocidio cometido por Valeriano Weyler sobre la población cubana, al dejarse llevar por las palabras de un presbitero y se el creador de los campos de concentración, donde perecieron más de 30 mil civiles a causa del hambre, enfermedades y los maltratos.
    Evangelina sólo deseaba la libertad de los cubanos y de su Patria, como tantos patriotas. Libertad que les fue arrebatada con la colonización española. Le recuerdo, por si no lo sabe, que la Isla de Pinos era una isla de reclusorio para aislar a los denominados “delincuentes”, que no eran más que aquellos que no se plegaban a España.
    Por lo que estimo, para ustedes, la muerte de los españoles provocada por el combate de los cubanos, donde su arma más sofisticada eran machetes, era un acto criminal; pero obvia por completo los desmanes que la colonia española cometió sobre la población autóctona de la Isla, sobre los esclavos que después introdujeron y sobre los nuevos descendientes (los llamados criollos y los reyollos).
    Con este artículo están padeciendo de lo mismo que intentan criticar, lo cual los lleva la vacío de la hipocrecía del panfletismo amarillo y manipulador.

Dejar respuesta