¡Cobardes no!

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Siempre se ha dicho que el doping es lo peor del deporte y que es la acera de enfrente de la deportividad. Bien, pues por culpa de algunos sinvergüenzas, ahora España ha cruzado la calle. No voy a nombrar a nadie aunque parezca que todo está encaminado, pero hasta que la justicia lo confirme no insultaré a nadie en concreto. Aunque me voy a quedar a gusto. No se puede consentir que algún mediocre que no sea capaz de correr más rápido o saltar más alto que otro ensucie una bandera tan gloriosa como la nuestra. Me da asco pensar que gentuza de este calibre tiene la misma nacionalidad que la mía y que cuando salga de nuestras fronteras quizás alguien me señale con el dedo por pertenecer a la misma nación que esta gente que, en vez de entrenar más, optaron por comportarse como drogadictos. Y no me refiero a la gente que trafica con sustancias y las ofrecen, esos ya tienen suficiente con su pobre nivel intelectual y su mediocridad como personas. Este escrito va dirigido a los deportistas en exclusiva. A los que se levantan todos los días para mejorar y progresar. A los que sueñan con subir al podio en unos Juegos Olímpicos. A todos esos se les apoya y se les admira, pero el que se equivoca de camino tiene un cajón diferente al que subir, al del juzgado. Daría mucho por ser el juez de toda esta gente y perdonarle esos delitos tipificados en el código penal para, a continuación, meterles en la cárcel por todo el daño intangible que le hace a un país, al deporte y sobre todo a los aficionados que les quieren. Que supiesen que cada minuto que están a la sombra no es porque una ley les condena sino que no van a salir de esas cuatro paredes porque han faltado el respeto a todos los que nos gusta el deporte, porque nos han tomado por tontos creyendo que nadie nunca les pillaría y porque por su culpa, en las próximas competiciones internacionales, cada victoria estará bajo sospecha hasta que se confirme que la sangre está limpia. Por todo esto y por mucho más condeno a los cobardes que recurren a las trampas por su incapacidad y, aunque me duele todo lo que está pasando, me alegro cada vez que encierran a este tipo de personas. A partir de aquí dar las gracias a todos aquellos que son legales, a los deportistas que con su sudor nos han hecho vivir grandes momentos y que siguen trabajando hasta que las fuerzas les abandonan porque, gracias a ellos, el día de mañana podremos olvidar a quienes no merecen ser recordados.

Fuente imágenes:
www.deportesazonado.com

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