Claves e historia del manga japonés

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Manga es el término japonés para referirse al cómic en general, pero por él se entiende todo un estilo de hacer historietas exportado del país nipón. En la actualidad, los cómics más populares son manga, así como los más vendidos, gracias en parte a sus exitosas y habituales adaptaciones a televisión.

El museo memorial dedicado a Osamu Tezuka se ha convertido en un lugar de peregrinación. Fotografía: 663highland
El museo memorial dedicado a Osamu Tezuka se ha convertido en un lugar de peregrinación. Fotografía: 663highland

Hace menos de 30 años, en EEUU o Europa resultaba prácticamente imposible adquirir un ejemplar de manga o cómic japonés, a pesar de que la generación de los 60, al menos en España, había crecido con series de televisión niponas –también conocidas como anime– como Heidi, Marco o Comando G, cuya realización se encuentra estrechamente relacionada con el cómic. Tampoco podemos hablar de un circuito subcultural dedicado a este tipo de historietas, salvo excepciones muy particulares, como los manga de Osamu Tezuka, padre del cómic moderno japonés y cuyas obras son reconocidas como clásicos indiscutibles. El manga era un producto demasiado particular de la cultura japonesa, difícil de aceptar en un occidente de tradición muy asentada. Sus personajes estereotípicos basados en el carácter japonés, su habitual efecto máscara -contraste entre mundos muy detallados y personajes caricaturescos-, su particular representación del ritmo de la acción, y sobretodo, el hecho de que su orden de lectura sea inverso al nuestro (de derecha a izquierda), provocaba que su estilo tuviese muy poca aceptación en Occidente. Pero todo eso cambió en 1988, tras el estreno de la versión cinematográfica de Akira.

Akira es un manga creado por Katsuhiro Otomo en 1982, y es considerada la primera obra de género ciberpunk. El éxito de la película homónima, realizada por el propio Otomo, fue un éxito arrollador en América y Europa, y las ventas del manga se dispararon en muy poco tiempo, teniendo un efecto contagio en otras colecciones como Dragon Ball, de Akira Toriyama, cuya serie de animación se convirtió en un fenómeno mundial que popularizó el manga de acción. Desde entonces las series juveniles de chicos, llamadas shōnen en japonés, no han dejado de ganar adeptos. La relación entre el manga y el anime es mucho más estrecha que la existente entre los dibujos animados basados en cómics occidentales, llegando los propios dibujantes a involucrarse en su realización, por lo que se suelen beneficiar de los aficionados de ambos medios. Gracias a ello, series como Naruto o One Piece (el manga más vendido de la historia, con 300 millones de ejemplares) han alcanzado cotas de éxito impensables para la mayoría de los cómics occidentales. Autores como Moebius han llegado a afirmar que “el manga es una plaga”, en referencia a la progresiva aceptación que está logrando en todo el mundo. Pero a pesar del corto recorrido que haya podido tener a nivel internacional, lo cierto es que la historia del manga no tiene nada que envidiar a la del cómic occidental.

El 'merchandising' de 'Akira' habla por sí mismo de la trascendencia de la obra. Fotografía: Norma Editorial.
El ‘merchandising’ de ‘Akira’ habla por sí mismo de la trascendencia de la obra. Fotografía: Norma Editorial.

El manga nace a finales del siglo XIX, producto de la mezcla de la clásica tira cómica de los periódicos occidentales sobre política y el arte ukiyo-e tradicional japonés. Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu de Rakuten Kitazawa es considerado el primer manga al uso de la historia, y junto a otros muchos se expandiría gracias a revistas como The Japan Punch o Tokio Puck. En los años 20, la influencia del cómic norteamericano provocará que el manga desarrolle sus primeros géneros: historias infantiles, bélicas, o incluso de superhéroes, como Ogon Bat, aunque estos resultarían más parecidos a samuráis modernos que a héroes de viñeta, iniciándose así una tradición propia con ejemplos como los Power Rangers. Pero no será hasta la dura posguerra y los años 50 cuando el manga alcanzó su forma actual. La necesidad de evasión provocó una gran demanda de productos de entretenimiento baratos y sencillos. El cómic tal y como se conoce en el resto del mundo no servía, pues sus tomos solían ser de gran calidad y elevado coste, y se publicaban mensualmente. Por ello se popularizaron unas bibliotecas de pago que distribuían sus propios mangas de poca extensión, y los llamados “libros rojos”, tomos cortos en blanco y negro hechos con papel de poca calidad. Sus artistas poseían una grandísima libertad creativa, lo que propició que acabasen surgiendo obras de gran calidad. Osamu Tezuka, un estudiante de medicina metido a mangaka –dibujante de manga- versionó algunos clásicos de la literatura (La nueva isla del tesoro, Crimen y castigo) con un estilo muy personal inspirado en Disney, logrando vender con ello cientos de miles de ejemplares. Esto dio pie a la rápida creación de una industria centrada en este tipo de entretenimiento, que resultó ser muy rentable y creció con rapidez. Los “libros rojos” desaparecieron, pero llegó el manga moderno.

Tezuka mantuvo una ingente producción artística hasta el final de su vida, y amplió géneros y temáticas en ocasiones de enorme profundidad o gran originalidad, lo que le valió el título de “dios del manga”. Algunas de sus obras más destacadas son Oda a Kirihito, Buda, Adolf o Astroboy. Otra de sus aportaciones más determinantes son los característicos ojos grandes del manga, que contrastan precisamente con la fisonomía japonesa. Otra aportación importante es la de Machiko Hasegawa, creadora de la tira cómica Sazae-san. Se trata de un cómic amable y costumbrista, centrado en Sazae, un ama de casa de carácter y desligada de la tradición femenina nipona. Este personaje provocó la aparición habitual de mujeres fuertes e independientes en el manga, y su rol como protagonista, mucho más frecuente que en el resto del mundo.

El manga se volvió indudablemente el entretenimiento más popular en Japón. Aún hoy sigue siendo en blanco y negro, y en papel de baja calidad, lo que abarata costes y permite producir con mayor velocidad. Posee un estilo narrativo diferenciado, en el que prima la expresividad de la imagen sobre el texto. Para representar el movimiento se usan líneas cinéticas, a veces en la viñeta completa, y se tiende a fragmentar el tiempo en que transcurre una acción para plantear varios movimientos. A esto hay que añadir unas temáticas muy variadas, y la habitual presencia de cierto misticismo, incluso en obras realistas. Existen varios estilos de manga, que van más allá de los géneros. El llamado shōnen es el manga juvenil para chicos, habitualmente de acción y aventuras; encontramos también el shōjo, dirigido a chicas adolescentes, donde abundan las temáticas románticas; el seinen, más adulto y serio; y el manga josei, su equivalente femenino. Aún existen muchos más, todos ellos con sus características propias pero manteniendo siempre una forma y una estructura semejantes, lo que ha llevado al manga a diferenciarse de cualquier otro tipo de cómic. De esta forma, se ha logrado que sus aficionados lo sean más del propio manga que de una única serie en particular.

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