Claves e historia del cómic de superhéroes

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Cuando se habla del cómic, generalmente lo primero que pasa por nuestras cabezas son los superhéroes. Este género, surgido en los años 30, es el más representativo del medio, y su éxito parece estar arraigado en lo más profundo del ser humano.

Superman, icono universal del cómic. Fotografía: Michael RiveraProbablemente, muchos de ustedes saben o intuyen que el primer superhéroe de la historia es Superman, pero lo que muchos desconocerán es que el término superhéroe está registrado a nombre de las editoriales de cómics Marvel y DC (Detective Comics) al 50% cada una, lo que significa que los únicos héroes con derecho a este título de forma legal son los provenientes de dichas editoriales, al menos en Estados Unidos, el país que los vio nacer. Y es que para la industria del cómic estadounidense, materializada mayoritariamente en estas dos compañías, los superhéroes son la piedra angular. Como siempre, repasemos un poco su historia, ligada más estrechamente que ningún otro género a la del noveno arte.

El cómic, junto a la tira cómica, nacen en Gran Bretaña, en la revista satírica de 1840 Punch, pero su estilo de humor visual y caricaturesco alcanzará su mayor popularidad unos años después en Estados Unidos, cuando los magnates de la prensa de masas Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst decidieron incluirlo en sus respectivos periódicos, dirigidos a un público que apenas sabía inglés. Con un número muy reducido de viñetas y personajes fijos, se crearon las primeras historias secuenciales, habitualmente de humor y con una moderada crítica social, que alcanzaron un enorme éxito entre los lectores de periódicos. Esto motivó a los editores a desarrollar el medio, aumentando la extensión de las historietas, añadiendo color, diversificando personajes y tramas, y fundamentalmente, ganando en profundidad, lo que supuso que los artistas responsables pudieran experimentar con sus obras. A principios del siglo XX, se imponen los movimientos de vanguardia en la historieta, regalándonos series como Little Nemo in Slumberland, centrada en los viajes de un niño –Nemo– al mundo de los sueños. El autor, Winsor McCay, se permitió experimentar con la secuencia entre viñetas para representar la irrealidad y volatilidad de los sueños, con lo que logró una verdadera obra de arte por entregas que significó un salto cualitativo fundamental para la historia del cómic.

Enfocadas cada vez más en un público adulto y con cada vez más extensión, el desarrollo de la historieta se dividió: por un lado, la tira de los periódicos quedó como refugio de series sencillas y aptas para cualquier tipo de lector al tiempo que hacían gala de un fuerte carácter social e innovador, apareciendo con los años joyas como Garfield, Peanuts o Kalvin y Hobbes; por el otro, los comic books, pequeñas revistas cuyo contenido eran una o más historietas, normalmente autoconclusivas. Si bien en sus primeros tiempos triunfaron las dirigidas a los más pequeños (destaquemos los cómics de Disney, que tanto inspiraron al padre del manga, Osamu Tezuka), con las guerras mundiales, su ligereza y la facilidad de su producción y distribución los volvieron muy populares entre los soldados. En la década de los 30 habían nacido las primeras editoriales, como All Star Comics, o Detective Comics, que se involucraron en la creación de historias de aventuras con personajes que pronto se hicieron enormemente famosos. Cabe destacar que el nacimiento de estas primeras series, habitualmente de aventuras o de terror, perseguía ante todo un fin comercial, lo que explicaría el abundante merchandising existente en el mundo del comic book. Sin embargo, y más allá de todo esto, el propio contexto histórico propició la aparición del género de cómics más importante hasta la fecha: el retorno de los héroes de la Antigüedad al mundo moderno, los superhéroes. En una época de caos social como fue la primera mitad del siglo XX, las historias de aventuras protagonizadas por seres de moral intachable y capaces de afrontar cualquier problema fueron extraordinariamente bien acogidas; de alguna forma, con la aparición de Superman, de Jerry Siegel y Joe Shuster, en 1938, regresaban a la cultura popular los héroes del clasicismo, con la única diferencia de que se había eliminado el componente religioso por la ciencia ficción.

Nos encontramos ante un género complejo, lleno de particularidades y con una evolución muy pronunciada y fácil de seguir. Los primeros superhéroes, alrededor de 1917, cuando la palabra se registra y populariza, se dividían en dos grupos. Por un lado están los vengadores enmascarados que combatían las injusticias, como El Zorro; y por otro, personajes caricaturescos con habilidades supernaturales como puede ser Popeye. Ambas ramas confluirán en Superman, quien oculta su identidad al mismo tiempo que sus superpoderes. La explicación de este suceso está en el intento de los creadores de acercarse a la ciencia ficción para justificar de una forma más o menos creíble el origen de sus habilidades allá por los años 40. Casi al mismo tiempo aparece Batman, de Bob Kane y Bill Finger, quien en un primer momento iba a ser un simple vengador enmascarado, pero que junto a Superman ayudará a redefinir el género, en el que no solo entrarán los superhombres. Como pioneras, sus series reunirán por primera vez las grandes claves del medio al tiempo que muestra alguna que otra cualidad única, como es el hecho de que Superman se oculta bajo su identidad mundana, Clark Kent, y se revela como realmente es al ponerse la capa.

Todo superhéroe posee un origen que explica su existencia, que puede ser de varios tipos, aunque todos ellos relacionados con la ciencia ficción: origen sobrenatural, traumas, o por experimentos científicos. A veces se pueden mezclar varios tipos, como el origen mutante y los experimentos con Lobezno, o la tecnología y el trauma de ser secuestrado con Iron Man; lo importante es que decidan usar su poder en beneficio de la humanidad. Algunos estudiosos del tema han apuntado que los superhéroes solo tratan de mantener la paz y la justicia como agentes del orden, pero que muy rara vez usan sus poderes para tratar de cambiar el mundo a mejor. En segundo lugar, siempre poseen ese poder que les permite llegar más lejos que el común de los mortales: fuerza sobrehumana, gran inteligencia, tecnología avanzada, entrenamiento atlético, etc. Además, lo más frecuente es encontrar una combinación de estos. También han de poseer una forma física excelente (casi todos ellos entran en el canon de belleza de su época), una identidad secreta, un disfraz o uniforme que los convierte en símbolos, y sobretodo, un supervillano: un personaje con superpoderes, pero con métodos y motivaciones opuestas a las del héroe.

A pesar de que estos clichés se cumplen casi siempre, el desarrollo de sus personajes e historias ha permitido lograr excepciones y revisiones que han aportado mucha frescura y movimiento al género.  Cuando las grandes editoriales hubieron creado un inmenso panteón de personajes, como ocurrió con las sagas clásicas, los caminos de estos se empezaron a entrelazar. Surgieron asociaciones entre ellos, como Los Vengadores o la Liga de la Justicia de América, o series dedicadas a grupos, como Los 4 Fantásticos o X-Men, o situaciones en que el supervillano al que se enfrentaba el héroe de turno es otro superhéroe (Hulk contra Lobezno, Batman contra Superman…). Las variaciones son infinitas. Sus universos también evolucionaron, reinventándose una y otra vez para permitir recomenzar sus historias, que generalmente siguen un orden cronológico, introduciendo así cambios en la biografía del personaje o en su mundo, normalmente trayéndolos a la actualidad, lo cual también complicó enormemente el seguimiento de las tramas y las alejó en parte de sectores más casuales de la audiencia, aunque lo consagró como género de culto.

Tras el éxito de Star Wars en los cines, la ciencia ficción espacial se puso muy de moda, lo que condujo al relanzamiento de muchas series ya existentes para introducir temáticas alienígenas- sobretodo en Marvel, ya que los personajes de DC poseían su propia trama espacial-, lo que supuso el comienzo de la relación tan estrecha que mantiene con el cine en la actualidad. Además, los avances en efectos especiales hicieron posible películas sobre estos personajes, las cuales serían un éxito al contar de antemano con millones de fans. El Superman interpretado por Chistopher Reeve, y ya en los 90 el Batman de Tim Burton abrirían la puerta a Spider-man, X-Men, Los Vengadores y una infinidad más, cosechando la gran mayoría un enorme éxito comercial. La compra por parte de Disney de los derechos de gran parte de los héroes de Marvel ha llevado las adaptaciones de superhéroes a un nuevo nivel al adaptar también sus universos, al tiempo que el Batman de Christopher Nolan ponía de moda las temáticas oscuras y realistas omnipresentes en sus adaptaciones hoy en día, siguiendo la estela de los cómics que Frank Miller creó a finales de los 80, y que han dado al género una forma diferente pero igual de exitosa a la que tuvieron en el momento de su aparición, hace ya casi un siglo.

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