Claudio Rodríguez Fer apadrina poéticamente a Héctor Acebo

2
660

Héctor Acebo apela, en su ‘Preliminar’ de Camas de hierba [Ediciones Vitruvio, 2011], a La llama doble de Octavio Paz para afirmar que el erotismo es poética corporal y que la poesía es erótica verbal, parámetros en los que precisamente se mueve el libro que presentamos desde su hermoso y sugestivo título, constituido por una metáfora alusiva al mismo tiempo a la realidad natural del espacio de los orígenes, a la realidad material del cuerpo del deseo y a la realidad poética del mundo de lo sutil. Se trata, pues, de una erótica y de una poética del conocimiento vital y verbal, esta última como la que postuló y teorizó nuestro comúnmente admirado José Ángel Valente.”

Son las palabras del reputado poeta, narrador y ensayista Claudio Rodríguez Fer (Lugo, 1956), quien presentó el pasado martes, en su ciudad de origen, Camas de hierba, la primera incursión en la literatura de Héctor Acebo (San Tirso de Abres, Asturias, 1987). Este joven vate y periodista que colabora en la prensa asturiana y gallega, es actualmente, en el seno de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, el jefe de Opinión de LA HUELLA DIGITAL.

Cree Claudio Rodríguez Fer –doctor en Filología Hispánica, albacea de la obra de Valente y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela– que, estilísticamente, Héctor Acebo “alterna en Camas de hierba el lenguaje preciso de la tradición culta y el lenguaje desenvuelto de la calle, de la diversión y de las aulas, siempre con un resultado equilibrado entre lo sublime y lo vulgar, que se confunden en una realidad integral”. Y temáticamente, según Rodríguez Fer, Acebo “se vale del canto de exaltación y celebración del placer y de la belleza, próximo a la oda y al madrigal, pero también de la crítica y deconstrucción de la alienación y del despecho”.

Así, a pesar de que se trata de un libro “absolutamente actual e incluso muy expresivo del momento presente”, sostiene Rodríguez Fer –pionero de la poesía erótica gallega– que Camas de hierba “entronca plenamente con la tradición clásica del madrigal y, sobre todo, del epigrama, ese poema breve que generalmente consiste en un apunte ingenioso y festivo de temática satírica, erótica o incluso erótico-satírica, como ocurre en este libro”. En ese sentido, el autor lucense cree que su ahijado poético, Héctor Acebo, recuerda a Marcial, a Propercio y, sobre todo, a Catulo: “El cancionero dedicado a Alba, en la parte central de Camas de hierba, semeja toda una actualización semiótica de los poemas a Lesbia”.

Organizada por el Club Cultural Valle-Inclán, la presentación de la ópera prima de Héctor Acebo tuvo lugar en la galería de Sargadelos de Lugo. Intervinieron en el acto, además del joven autor y de Rodríguez Fer, Javier Rivera (redactor y columnista del diario lucense El Progreso) y Tonina Gay (periodista y presidenta del citado colectivo lugués Valle-Inclán).

En su discurso, tuvo elogios Acebo para sus colegas Rodríguez Fer y Rivera: “A pesar de mi corta edad, me siento un privilegiado. Quien no me conozca, viéndome aquí, al lado de un poeta de la altura de Claudio y de un maestro del periodismo como Javier, pensará que soy alguien ilustre… Nada más lejos de la realidad. Pero lo cierto es que para mí es muy importante estar acompañado de dos referencias de este calibre. Creo que hoy, de algún modo, con Rodríguez Fer y con Rivera, casan la lírica y el periodismo”, confesó Acebo, quien, al igual que sus acompañantes, empleó la lengua gallega en su discurso.

En ese sentido, Javier Rivera explicó que Camas de hierba invita a la reflexión sobre los futuros caminos del periodismo escrito y de la lírica: “Acebo piensa que el periodismo precisa de un lenguaje más vibrante y que la poesía necesita, a veces, acercarse algo más a la realidad. Al leer una de las crónicas de Acebo, comprobamos cómo se traslada el lenguaje creativo de la literatura al periodismo, que, como dice el propio Héctor en uno de sus poemas, son ‘Líneas paralelas separadas / para siempre desde la muerte / de don Álvaro Cunqueiro’. El esfuerzo por darle un ritmo artístico a la prosa periodística, combatiendo lo que los tecnócratas llamaban eficacia palmaria, se conjuga en el ámbito poético con un acercamiento de la magia de la palabras a las vivencias cotidianas”.  

Héctor Acebo, reflexionando sobre el proceso creativo de su ópera prima, dio a los lectores algunas de las claves de su poética: “La lírica es bella en su velada sugerencia. Sí, al igual que el erotismo, este género no muestra explícitamente, y por eso el lector, al tener que rellenar tantos salvíficos vacíos e insinuaciones, al dar vuelo a la imaginación, es parte activa de la obra. Podríamos decir, con las palabras de Mallarmé, que el poeta aspira a dar un sentido más puro a las palabras de la tribu”.

Las musas

Antes de ofrecer un recital, Acebo desveló algunos de los secretos de sus protagonistas literarias: “Son bellas chicas, muy jovencitas, algunas aún adolescentes… En Camas de hierba, uno se sintió obligado a captar todo el esplendor de esas muchachas, salvándolas, en muchos momentos, de la vulgaridad, especialmente cuando se maquillaban demasiado y camuflaban su juventud, o cuando actuaban al dictado de los poderosos. La poesía, que es pluralidad de sentidos y de significados, aspira a proponer una tenaz resistencia al discurso único. Esta premisa adquiere su sentido más pleno hoy, cuando las altas esferas nos quieren dóciles, sumisos y desmemoriados. Esa riqueza lírica le permitió a uno ver a sus musas desde diferentes ángulos, elogiándolas y criticándolas, según las circunstancias. Puedo decir que sólo pretendí devolverle a la vasta tradición poética los placeres que ésta me brindó: la voluptuosidad, la sensibilidad extrema, la belleza, el conocimiento…”.

En un gesto de complicidad y reconocimiento, Claudio Rodríguez Fer afirmó tener “mucho en común”, en gustos literarios y musicales y en actitudes personal y poéticas, con Héctor Acebo, su ahijado poético: “Igual que él, frente al prestigio de la muerte y de la desesperación que suele prender en los poetas jóvenes, yo me rebelé contra esa tradición tanática cantando a la vida y al erotismo con amor y con humor en mis primeros libros, que no casualmente se titulaban Poemas de amor sen morte (Poemas de amor sin muerte) y Tigres de ternura, así que no puedo menos que felicitar a Acebo por comenzar cantando también con amor y con humor, no exentos, claro, de conciencia crítica contra los poderes establecidos y de conciencia existencial de los límites impuestos por el espacio y el tiempo”.

Así, un joven Rodríguez Fer, en su citado poemario Tigres de ternura (Premio Nacional de la Crítica 1982), escribía:

“Cando
               nos abrazamos
                                              imos
a outromundo
                             onde
nos abrazamos
                              e marchamos
a un transmundo
                                  onde
nos abrazamos
                               e onde quizáis só
nos abrazamos.”

Es decir: “Cuando / nos abrazamos / vamos / a otromundo / donde / nos abrazamos / y marchamos / a un transmundo / donde / nos abrazamos / y donde quizás sólo / nos abrazamos.”

Y en Camas de hierba, el primer libro de Héctor Acebo, podemos leer:

“Mi abuelo
lleva el pueblo escrito en la cara.

Y mi amada lleva el pueblo
escrito en sus muslos
(que, no me canso de repetirlo,
son como dos camas de finísimas hierbas).”

Dos literatos. Un clásico y un novísimo de la poesía erótica española. Y la misma pasión por las palabras más fulgorosas, por el ritmo, por la depurada obra del maestro Valente, por la belleza, por el conocimiento…

“Con tales guías –dijo Javier Rivera refiriéndose, entre otros, al propio Rodríguez Fer y a Martínez Sarrión, quien presentó oficialmente Camas de hierba en Madrid–, confío en que Héctor Acebo tenga una fructífera andadura en el mundo de los sueños cercanos o trascendentes, pero sin perder nunca ese aroma de la tierra que desprende su ópera prima”. Y es que, según Rivera, “Camas de hierba no sólo habla del amor como una infinita aventura, como una espiral sin límites, sino que también guarda un sentimiento del mundo y busca la esencia mágica de los paisajes, de los animales y de las cosas de esa cunqueiriana Tierra de Miranda que el poeta conoce de la mano de su abuelo, el curandero Paco de Robaín. Pues detrás del urbanita adornado con un fular de colores, hay también un niño labriego”.

Fuentes de la información:
H. Acebo, Camas de hierba, Ed. Vitruvio, Madrid, 2011
C. Rodríguez Fer, Amores e clamores (poesía reunida), Ediciós do Castro, Santiago de Compostela, 2011

Fuentes de las imágenes:
J. Vázquez (El Progreso, 28/09/2011)
C. Blanco

2 Comentarios

  1. Desde Madrid, enhorabuena de nuevo. Sin embargo, al terminar de leer la crónica, percibo que yo he leído otro libro. Invito a que leáis, lo que escribí en dos ocasiones referente al libro en mi página. Y no se trata de disidencia, que es una virtud, sino al libro poético, al mensaje que encierra y no al entorno poético.

  2. Vuelvo, de nuevo. La crónica en sí se contradice o se exalta en demasía. Nada que objetar hasta Valente. Ese es el libro. Ahora bien, escribir que el libro discurre entre lo “vulgar y lo sublime”, “de deconstrucción de la alienación y del despecho”.”Héctor Acebo, recuerda a Marcial, a Propercio y, sobre todo, a Catulo: “El cancionero dedicado a Alba, en la parte central de Camas de hierba, semeja toda una actualización semiótica de los poemas a Lesbia”.
    En sí hay contradicciones. Y el final de la crónica es menos asumible, claro siempre refiriéndome al libro que compré,leí, y vertí mis impresiones en mi páginas en dos ocasiones.
    Si contestas, primero, lee, con atención lo que escribo en estas líneas, respetando, faltaría más, las ideas de la crónica, pero que una vez leída tuve la impresión que había contradicción.

Dejar respuesta