Clara Campoamor, todo por la mujer (II)

Clara Campoamor fue una mujer fuerte. No paro de luchar contra viento y marea con lo que ella veía un reto difícil de conseguir pero importante para la historia de España y de la mujer en el país. Paso por enfrentamientos, polémicas, engaños, boicots… pero ella no se dio por vencida. Lucho hasta que consiguió lo que hoy llamamos voto femenino.

Comienzan los enfrentamientos de Clara Campoamor con Victoria Kent

El 29 de septiembre de 1931 se produce el primer enfrentamiento entre Victoria Kent y Clara Campoamor en relación al famoso artículo 23, que reconocía la igualdad de ambos sexos tan solo “en principio”. El voto particular emitido por Clara Campoamor, en el que expresaba la necesidad de modificar el artículo, es rechazado en su intervención por Kent, al considerar que está justificado no reconocer en la Constitución la completa igualdad entre los dos sexos, si quizás la igualdad en el derecho a sufragio no fuera a estar garantizada en la carta magna, anticipándose así el debate que iba a tener lugar al día siguiente sobre el sufragio femenino. Finalmente, fue admitido el voto particular de Clara Campoamor, y el artículo modificado. Primera batalla ganada.

Al día siguiente tuvo lugar el debate con el que se aprobó el voto. Fue una sesión muy tensa, plagada de ataques personales, con una oposición casi enfermiza de los partidos contrarios al voto, que posteriormente Clara Campoamor define como una oposición al progreso, a la evolución política de un régimen llamado a cambiar muchas cosas: “pobres hombres políticos, aferrados a la esperanza de que nada transformara el país, a que nada evolucionara, a que nada ni nadie se despertara espiritualmente y caminara hacia el porvenir”. Se produjeron en esta jornada los alegatos contra el voto de Acción Republicana, del Partido Radical (el partido de Campoamor), y los radicales socialistas, cura postura fue defendida por la señorita Kent: “o la condicionalidad del voto o su aplazamiento; creo que su aplazamiento sería más beneficioso, porque lo juzgo más susto”. Con indisimulado ímpetu responde Clara Campoamor: “¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar?”.

Voto femenino y República

Frente al temor no fundado de que el voto de la mujer no era oportuno para la república, contraataca afirmando que los principios teóricos están por encima de cualquier cuestión práctica; apela a los principios de la República, y contradice la supuesta incapacidad de la mujer con argumentos científicos, afirmando que un hombre es mitad hombre y mitad mujer: “aunque no queráis y por si acaso admitís la incapacidad femenina, votáis (los hombres) con la mitad de vuestro ser incapaz”. Hay que resaltar el estimable apoyo de la minoría socialista: “oídlo bien: yo comprendo que vosotros, republicanos de los distintos sectores de la Cámara, llamados a recoger en vuestras manos el Poder próximamente, sintáis la inminencia de los riesgos que amenacen al régimen que hemos traído entre todos; pero nosotros no”. Esta intervención, a cargo del señor Ovejero, resume como ninguna otra las motivaciones de las minorías republicana en contra del sufragio femenino.

Finalmente, en un ambiente con los ánimos muy caldeados, se produce la votación del artículo 34 de la Constitución: 161 votos a favor y 121 en contra. Quedaba aprobado el derecho a voto de las mujeres por solo 40 votos. Se trata probablemente del triunfo más importante en la historia de España del reconocimiento de los derechos de las mujeres, quizás por el hecho de que la consecución del voto no siguió un camino gradual, sino que partió del empeño de unas cuantas voces valientes.

Victoria Kent (1898-1987) se presentó a las elecciones por el Partido Radical Socialista y obtuvo un escaño de diputada en las Cortes Constituyentes (1931). Pese a sus convicciones democráticas y feministas, Victoria Kent se opuso a la concesión del derecho de voto a las mujeres
Boicot para que no se produjese el voto femenino

Desgraciadamente, la legalidad en la que había sido aprobado el voto femenino no parecía ser suficiente para las minorías republicanas, que ni bien acabó la sesión empezaron a planear la manera de revocar el artículo 34. El boicot definitivo llegaría el 1 de diciembre, cuando Acción Republicana se saca un as de la manga en forma de enmienda, por la cual se permitiría a las mujeres votar, pero solo en las elecciones municipales, no en las generales. Con la derecha ausente de la Cámara, ésta parecía ser la ocasión idónea de batallar contra el voto de la mujer, aunque ello supusiera un ejercicio de alegalidad e inmoralidad manifiesta. Y así lo expresó Clara Campoamor en uno de sus discursos más emocionantes en las Cortes: “yo os pido que desechéis estas enmiendas, porque, en definitiva, no son más que desandar un camino ya andado, con todos los peligros que estas revisiones, en la práctica, pueden llevar aparejadas”. Estos peligros a los que se refiere Campoamor son las reacciones que podrían llevar a las mujeres a votar en contra de la República si se recortasen sus derechos. Así y todo, su intervención no versó sobre los argumentos en defensa del voto femenino, si no en la defensa de la legalidad. “yo voy a defender la Constitución”, afirma.

La sesión fue muy tensa, y las intervenciones de Clara Campoamor fueron constantemente interrumpidas. Parecía que iba a ser cierto aquello de que se iba a “desandar el camino ya andado”. En la votación que siguió al debate, el voto femenino triunfó por 127 votos a favor y 131 en contra de la enmienda presentada por Acción Republicana. Y así es como al final quedó aprobado el sufragio femenino por solo 4 votos. El resto era esperar. Como dijera Ortega y Gasset: “Me interesa hacer capaces a los incapaces y todavía no se ha inventado mejor manera para enseñar a nadar que arrojar al aprendiz de un empujón al agua, quedando detrás la inspección tutelar”.

Fuente del texto:
Clara Campoamor, la sufragista española. Concha Fagoaga y Paloma Saavedra
La búsqueda de artículos de varios periódicos de la época
Fuente de las imágenes:
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