Civismo, respeto y oportunismo

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Las fuerzas de la naturaleza, desgraciadamente, siempre ganan la partida. Por más medios que el hombre cree para intentar evitar desastres naturales, nunca parecen suficientes. Lo vimos con el huracán Katrina, con el terremoto de Chile, el de Haití y ahora le ha tocado a Japón. El país nipón es uno de los más preparados para estos sucesos, sin embargo la magnitud y el potencial del mismo han sido devastadores.

Según la escala de Richter ha sido un movimiento sísmico de 9.0 grados (está escala mide la energía sísmica liberada en cada terremoto y medida por el sismógrafo) y según la escala Mecarlli (se basa en el efecto o daño producido en las estructuras y en la sensación percibida por la gente) podría establecerse entre el grado VIII y el XII, los más catastróficos de esta graduación. El movimiento de las placas Norteamericana, Euroasiática, Filipina y Pacífica ha sido el detonante de esta tragedia. Los expertos incluyen microplacas en este dibujo del planeta, algunas de ellas también se han visto involucradas en este proceso, como son: Okhotsk y Amur que forman parte respectivamente de las placas Norteamericana y Euroasiática. El terremoto se originó en el mar, de ahí el tsunami que ha azotado la costa este de Japón con olas de 8 metros. Los científicos advierten que la isla se ha movido dos metros, que puede haber acortado el tiempo y ha movido un eje terrestre (uno de esos imaginarios). Lo peor es que no ha quedado ahí pues, hasta la fecha, han sufrido varias replicas. Es el mayor terremoto que ha afectado a Japón en el último siglo, el anterior más grande fue el terremoto de Kanto en 1923, el cual causó muchos daños en Tokyo y fue de magnitud 7.9. El seísmo del 11 de marzo, fue 30 veces más poderoso que ese. En estos momentos el número de víctimas se cifra en 8.450 y el de desaparecidos en 12.931. Añadiendo el problema originado en la central nuclear de Fukushima.

Los datos son abrumadores, la realidad debe ser desoladora. Sin embargo los japoneses están dando muestras de un civismo y una educación admirable. Lo ocurrido en Japón habría sido muy diferente en otras partes del Mundo, pongamos por ejemplo España. Si hubiera pasado aquí lo primero que habría hecho la mayoría es salir por patas, cuanto más lejos mejor. La histeria, el miedo nos habrían paralizado o nos hubieran animado a saquear tiendas y robar hasta los mástiles de las banderas. La desorganización habría sido clamorosa y nuestra reacción demasiado lenta. Igualito que lo que está ocurriendo ahora allí. El comportamiento de los ciudadanos está siendo ejemplar: ayudan, colaboran, no ha habido disturbios, no hay manifestaciones, no huyen de su país a pesar de los riesgos y las penurias. Los que sí están huyendo son los extranjeros, por ejemplo el Gobierno español ha puesto un Boeing 747 para sacar a todo aquel que se quiera ir de tierras niponas. Y ante esta reacción de los japoneses la mayoría les admiramos y algunos “linces” levantan voces contra ellos. Como dirían en algunos lugares: “pa mear y no echar gota”.

Cierto profesor preguntaba a sus alumnos si sabían porque razón se le estaba dando tal cobertura a este terremoto. La respuesta obvia, la más clara, es la que nadie le dijo y todos debían haberle indicado. Porque ha sido una tragedia impresionante. Otros motivos pueden ser muchos: porque es uno de los países económicamente más importantes del mundo, por el potencial industrial de sus empresas, porque son los reyes de la tecnología, etc. Pero buscar un porqué mayor que el que haya tantas personas sufriendo me parece cuanto menos deplorable. De hecho han existido más bocazas, como por ejemplo un grupo de antinucleares que esta semana decidió hacer una manifestación delante de la Embajada de Japón en Madrid. Me hierve la sangre al saber que existe tanto oportunista inoportuno. La libertad es algo realmente maravilloso pero, como todo, hay que saber usarla. La controversia ante las centrales nucleares viene de lejos, se puede estar en contra o a favor de su uso y se puede, debe, manifestar tal opinión. Pero al igual que no vas a un funeral a decirle a los familiares que el muerto era un desgraciado, por respeto, vaya. No te acercas a la embajada de un país que está pasando por momentos tan malos a tocar las narices al personal. Eso no se hace, ¡malos, niños malos! Es de mala educación hasta decir basta, es irrespetuoso, es totalmente absurdo y es de un oportunismo que da arcadas.

Se puede criticar, debatir, discutir y poner en duda la necesidad de este tipo de energía, pero no ahora. Por varios motivos que cualquier mente un poco despierta puede entender: primero porque ya es bastante con lo que tienen encima (terremoto, radiación, muertes, desaparecidos, falta de electricidad, problemas alimentarios, etc); segundo porque esa central no ha causado (ni habría causado) problemas, ni fugas, ni fusiones en toda su existencia que data desde 1971 y tercero porque una central que lleva tantos años en funcionamiento y no ha originado peligro hasta que un terremoto de una potencia bestial le ha dado de lleno, demuestra que estas instalaciones no son un peligro para la sociedad. Pero sobre todo y ante todo por respeto a los japoneses. Hay más días que sandías para poner en tela de juicio todo este tema. Lo que necesitan ahora es apoyo, ayuda, colaboración, animo, cariño, aportaciones, tiempo para volver a empezar, para enterrar a sus muertos y encontrar a sus desaparecidos, para asimilar el golpe, etc. No necesitan a unos diarreicos mentales aprovechando la coyuntura.

De esta forma de afrontar tal desastre debiéramos aprender todos. Algo que se me ha quedado clavado en la retina, los tímpanos y el cerebro es una noticia que me creo a pies puntillas. El tsunami ha causado muchos destrozos en las vías ferroviarias tan usadas por los japoneses, así que muchas personas tiene que ir a trabajar andando. Sí, como lo leen. Van andando aunque les cueste varias horas y varios kilómetros a pie. No como aquí que cae una nevada y todos en casita bajo la manta. Bueno, pues los vecinos de las zonas por donde transitan estos humildes y esforzados trabajadores han puesto unos carteles en sus puertas. Carteles que indican que en esa casa podrán beber agua y usar el baño durante su travesía si les hiciera falta. Asombroso, admirable, acojonante. Es una pequeña muestra de la gran educación de este país. Civismo se llama, el cual les falta a los personajillos anteriormente mencionados. Ante esta desgracia los japoneses nos están mostrando lo que significa el valor y la entereza, repito, lo menos que se merecen es respeto y todo el apoyo que se les pueda dar.

Fuentes de las imágenes:
www.cancilleria.gov.com
www.buho21.bligoo.com
www.blogodisea.com

2 Comentarios

  1. Realmente me parece importante que alguien diga lo que tu has dicho, deberíamos pensar más en los problemas humanos de estas personas (y de muchas otras en el mundo), y no de hacer apología barata y oprtunista. Bien dicho.

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