Kramer vs. Kramer: Cisne Negro

El oscuro viaje a la locura de Natalie Portman
por Abraham Valverde

La obsesión vuelve a acosar al protagonista de esta quinta película del director estadounidense Darren Aronofsky, en este caso a Nina. Si en Réquiem por un sueño Harry (Jared Leto), Marion (Jennifer Connelly) y Tyrone (Marlon Wayans) están obsesionados por conseguir una vida mejor a través de las drogas y en La fuente de la vida Tomas (Hugh Jackman) lo está por cambiar el fatal destino de la mujer a la que ama; en el caso de Nina, su obsesión es el representar a la perfección el papel de reina de los cisnes de El lago de los cisnes.

Se trata de un papel que tiene una doble vertiente. Por un lado se encuentra el cisne blanco: casto, puro, grácil, técnicamente perfecto en sus movimientos; y por otro el cisne negro: agresivo, pasional, y con unos movimientos sensuales y eróticos. Mientras que el papel de cisne blanco lo ejecuta perfectamente, ya que es un reflejo de su propia personalidad (la que muestra a los demás), no consigue estar a la altura de lo que le demanda su director, Thomas (Vincent Cassel), para el rol de cisne negro; como sí consigue hacerlo su compañera de compañía Lily (Mila Kunis).

Debido al miedo de perder el papel ante alguien que considera inapropiada por ser una persona totalmente opuesta a ella, Nina empieza a dedicarse en cuerpo y alma para convertirse en el cisne negro para llegar a ser una gran bailarina como la retirada Beth (Winona Ryder), a la que admira. A partir de entonces iniciará un camino en busca de la perfección, que la llevará a mantener una relación más estrecha con Lily. Pero mientras recorre ese camino, la sombra del cisne negro se irá alargando cada vez más, llevándola a tener unas alucinaciones que se confundirán con la realidad.

Aronofsky no arriesga en el asunto de fondo que quiere tratar en esta película. Pero mientras que en sus anteriores obras las consecuencias de la obsesión por conseguir aquello que más se ansía se hacían físicamente visibles: golpes, heridas infectadas, rostros sudorosos, tristes, desesperados y afligidos; en esta ocasión nos conduce por el complejo laberinto de la mente humana, creando una atmosfera opresiva, reflejo de la obsesión por la perfección que acosa a Nina.

En este sentido es imposible no hablar de la fuerte influencia que han debido tener el David Cronenberg de La mosca y el Roman Polanski de La semilla del diablo. En el caso de Cronenberg se hace evidente con ese plano en el que Nina ve a través de un espejo que tiene algo en su espalda y al arrancarlo descubre que es una pluma, calco del momento en el que Seth (David Goldblum) nota que tiene pelos muy gruesos, como los de las moscas, primer signo de su futura transformación.

A diferencia de sus otras películas, en Cisne Negro la protagonista cuenta con una antagonista, Lily, que se convertirá en el origen de sus temores, tanto por perder el papel, como por representar ese lado sexual y despreocupado que subyace en su interior, pero que siempre ha contenido. Sin embargo, con el paso del tiempo, un tiempo que no puede perder, se da cuenta de que, quizás, es conveniente pasar una noche con aquella chica para la que el baile parece un pasatiempo más, por lo que hace gala de una seguridad de la que carece Nina.

Esa noche será el punto de inflexión del argumento. A partir de entonces iniciará un viaje oscuro, escalofriante y perturbador, que la llevará irremediablemente a la locura. Un viaje que consigue estremecer gracias a la espléndida interpretación de Natalie Portman, que merecidamente está recibiendo un premio tras otro: el Globo de Oro, el BAFTA o los premios de la Film Critics Association de diferentes ciudades de Estados Unidos y al buen hacer de Aronofsky como director en su mejor película hasta la fecha.

Si bien parece que los personajes de Vincent Cassel y Mila Kunis están hechos a su medida, Natalie Portman marca la diferencia. Consigue mostrar los brutales resultados de su obsesión de una forma tan aterradora e inquietante que se graba con facilidad en la memoria del espectador. Sólo por eso merece la pena pagar por verla.


Entre la locura y la perfección
por Daniel Lobato

Temáticamente está en la senda de El Luchador, comparte el poder sugestionador de las imágenes de Réquiem por un sueño y habla de una búsqueda obsesiva y autodestructiva por la perfección; Cisne Negro es Aronofsky de principio a fin.

Al igual que hiciera con El Luchador, al director le interesa adentrarse en el universo de la bailarina, hasta el punto de sentir que somos nosotros los que pisamos el escenario, nos calzamos las zapatillas de puntas y ensayamos como uno más. Cisne Negro da un paso más a lo mostrado en su anterior película.

En aquella veíamos hasta donde era capaz de sacrificar un hombre, tanto de su vida personal como físicamente, por lo que más amaba; en ésta, sentimos ese sacrificio y esos miedos a no alcanzar la meta como propios. Un sufrimiento muy físico en beneficio del arte. Lesiones, cortes, magulladuras… en Cisne Negro, además, se establece una extraña (y visual) fusión entre el cuerpo y la mente de Nina.

A Nina, con una técnica y un control envidiables que la identifican con el cisne blanco de la obra que representará su compañía de ballet, le falta el punto pasional para interpretar al cisne negro y convertirse en una bailarina perfecta. La búsqueda de esa perfección es lo que lleva a la joven a un redescubrimiento de quien es (con la consiguiente autodestrucción de quien creía ser) hasta llevarla (y a nosotros con ella) a una catarsis literal y metafóricamente.

La búsqueda obsesiva de la perfección ha sido una constante en el cine de Aronofsky desde el principio: Pi, Réquiem por un sueño, La fuente de la vida… Un camino siempre ligado a la soledad y la locura de los personajes afectados. Sin olvidar tampoco el juego de las alucinaciones e imágenes que se confunden con la realidad, marca del autor.

En Nina se recogen esas constantes de su cine y nos enseña las consecuencias de dicha búsqueda por dentro y por fuera, el camino a la locura que conlleva alcanzar lo inalcanzable (la perfección) y los cambios que esto provoca en su aspecto físico y la relación con el mundo que la rodea.

Es fácil encontrar paralelismos entre la figura de Nina con la de Carole en Repulsión (Roman Polanski, 1965). Ambas son de un carácter muy reservado, hasta cierto punto apáticas y condicionadas por su ambiente. Cuando por fin empiezan a liberarse, los conflictos internos también afloran creando una finísima línea entre lo que es real y lo que no. Lo terrorífico y misterioso se entremezcla con lo erótico exhibiendo una cierta perversidad a la vez que sensualidad (no hay más que prestar atención al encuentro entre Portman y Mila Kunis, en el que vemos las dos caras de Nina). Esta transformación de Nina no sólo recoge ecos de Repulsión, sino de La Mosca de Cronenberg (las secuelas de la mutación) y, al menos visualmente, del John Landis de 1981.

Las presiones ejercidas por su sobreprotectora madre, su compañera y rival Lily, y por el exigente coreógrafo de la compañía, terminan por conformar el ambiente que desemboca en el estallido de la bailarina.

Pero lo interesante de Cisne Negro no es solo el retrato psicológico de su protagonista, sino la forma de adentrarse en un mundo tan cerrado en sí mismo como es el ballet. En este punto es preciso volver a El Luchador, puesto que ambos filmes traspasan la barrera que hay entre el público y el artista; las cuerdas del ring y el telón del escenario se hacen trizas y la magia que se percibe desde las butacas desaparece en favor de la transmisión del esfuerzo y la emoción del duro trabajo. A pesar de lo cual la belleza no se pierde, sino que al tomar consciencia del espectáculo esta se ve engrandecida.

Es impresionante el trabajo de Natalie Portman, que se mimetiza con una verdadera bailarina y es capaz de realizar las coreografías con unos movimientos muy fluidos y estéticos. La precisión de las actuaciones junto a la planificación de los desplazamientos y tiros de cámara (que parecen igualmente coreografiados) hacen que uno sienta ganas de levantarse y aplaudir.

Sobre la actriz israelí poco se puede decir, faltan halagos y adjetivos para definir su interpretación. Sólo queda rendirse ante su trabajo y agradecer que haya sido ella la que protagonizara este cuento de Aronofsky.

Cisne Negro es un thriller, un relato de misterio con tintes de terror, un drama sobre el ballet… es Aronofsky, para bien y para mal. Pero es sobre todo un relato emocional y visceral acerca del recorrido de Nina por alcanzar la perfección; camino a costa del cual pone en duda todo su ser.

Imágenes:
Fox

Una respuesta a Kramer vs. Kramer: Cisne Negro

  1. funk4fetch@hotmail.com'
    gabo Domingo, 20 | febrero | 2011 en 22:06

    Creo que muchos críticos de cine tienen cierto coraje hacia Darren Aronofsky porque rompe las barreras de los generos y es algo que casi ningún director puede lograr, le comparan películas con clásicos teniendo el 1% de parecido. La actuación de Natalie Portman no es lo único bueno ¿que acaso vimos la misma película? Si es muy cruda y dramatica pero ese es el punto, el manejo de camara, las situaciones tan cuidadas en escenas son memorables y aunque no sea para todo el público definitivamente es la mejor película que se ha hecho en años no solo la mejor de Aronofsky.

Deja un comentario