Cine en el día del padre

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¡Qué mejor excusa para ir al cine con tu padre que el día del padre! Y eso es lo que hice. Sabía que el argumento giraba en torno a una compañía de variedades que sobrevivía en los años de la postguerra española. Sabía quién era el director y sabía que le dolía España. Sabía que la cinta constituía un homenaje hacia la gente del espectáculo en general. Pero lo que no me imaginaba es que fuera un regalo a su padre, Miliki. ¡Qué puntería! No podría haber elegido una película más idónea para ver aquel día. Emilio Aragón abre su alma al público mientras en nuestras bocas podría estar entrando un ejército de moscas. Casi me duele la frente del entusiasmo. No es tan fácil bajar las cejas ante una obra tan perfecta.
“Si quieres triunfar con creces, di mierda siete veces: mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda”. Y tanto que lo dijeron. Te harán reír y te harán llorar. Y es muy posible que llegues a hacer las dos cosas a la vez. Un ejercicio cuanto menos sorprendente. Pájaros de papel es ilusión, es pena, es amor, es ironía…y sobre todo, es poesía. “La vida es un drama…y a veces pura comedia”.

Creía que era imposible contar una guerra civil desde un punto de vista subjetivo sin ofender a nadie. Estaba equivocado. Emilio Aragón lo logra con éxito. O eso me parece. Es complicado hablar de estos temas, pues por desgracia es algo que todavía divide a la sociedad española. Incluso en las recientes generaciones, como la mía, los jóvenes todavía sacan sus uñas para discutir ferozmente sobre una guerra que no vivieron. Dudo mucho que este largometraje pretenda abrir heridas con fantasmas del pasado, como he oído en alguna ocasión. No cae en tópicos de buenos y malos. Nos molestarán personajes de ambos bandos. Y amaremos a personajes que lo que más anhelan es poder pasar página para ser felices. Antes que la venganza o cualquier otro sentimiento de autodestrucción.

Aunque no se trate de un musical, las canciones (compuestas por Emilio Aragón) son, a lo largo de todo el film, relatores fundamentales. Los diversos números de vodevil dotan a la obra de rapidez y gracia. La interpretación de todo el elenco es magnífica: Imanol Arias interpreta con pasmosa sobriedad a Jorge, una estupenda persona capaz de sobreponerse a la adversidad. Lluis Homar es su compañero. Cariñoso y asustado pero siempre preparado para aparcar las preocupaciones ante su público. La estupenda actriz Carmen Machi, paradigma de la espontaneidad teatral, nos divertirá con sus canciones y movimientos de cadera. Y el niño, Roger Príncep, borda su papel a pesar de su corta edad. Siempre atento y expresivo, con una presencia muy agradable en pantalla constituye una pieza fundamental en esta historia.

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