Cine convertido en experiencia

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Pocas películas provocan sentimientos encontrados tan fuertes como Buried. Agradecimiento y angustia. El motivo es el mismo para ambas sensaciones: la intensidad de la historia. Rodrigo Cortés consigue en poco más de 90 minutos que salgamos exhaustos del visionado del film, nos metemos tanto en la piel de Paul Conroy (Ryan Reynolds) que si extendiéramos los brazos casi podríamos tocar las paredes de la caja en la que ha sido encerrado.

Buried nos traslada al interior de un ataúd en el que despierta Paul Conroy sin saber cómo ni por qué. Su única oportunidad para escapar es un teléfono móvil con poca cobertura y casi sin batería. Sólo dispone de 90 minutos para lograr su rescate.

La premisa es de todo menos convencional. Un hombre enterrado vivo con un móvil como única vía de escape. La película recupera la estela de films como Náufragos de Hitchcock o El Ángel exterminador de Buñuel de contar historias en un espacio muy delimitado. Tanto, que se reduce a una habitación en la cinta de Buñuel, una balsa en medio del mar en la del maestro inglés, o en un ataúd en Buried. Sin embargo, el salmantino va más allá, pues el peso recae sobre un solo actor.

Las armas con las que cuenta Buried son la capacidad interpretativa de Ryan Reynolds y un sonido que actúa en cierto modo como un segundo protagonista. Con una cámara que no se mueve del interior de la caja (nunca se nos muestra nada del exterior) y una iluminación que se reduce a la propia luz que emite un mechero o la pantalla del teléfono, el único apoyo con el que cuenta el actor canadiense es el sonido que refuerza la sensación de angustia y de miedo del personaje.

Cualquier duda que pudiera existir sobre las cualidades de Ryan Reynolds como actor quedan despejadas en la película. En los 93 minutos que dura el film abarca un abanico de estados de ánimo y emociones que una persona normal tardaría una vida entera para vivirlas con tal intensidad. Sentimos su miedo, su esperanza, su resignación, su alegría, su desesperación… y lo hacemos nuestro.

Cierto es al principio la película desconcierta un poco, le cuesta arrancar y que nos metamos en la piel del protagonista, pero es coger el ritmo y no parar. Va de menos a más. La historia está bien hilada, no se queda nada para la improvisación y todo el conjunto (montaje, interpretación, iluminación, sonido…), todo, va en la misma dirección: transmitir la sensación de ser enterrado vivo. Claustrofobia, terror, incomodidad, sufrimiento… menos indiferencia, cualquier cosa.

Lo que en un principio presumía de no ser más un experimento fílmico ha resultado ser una obra redonda. De un espacio ínfimo y con unos recursos más bien escasos sin alardes tecnológicos, 3D ni cosas por el estilo, ha terminado saliendo un auténtico ejercicio de dirección cinematográfica. Buried es una de esas películas que con el tiempo se pondrán como ejemplo en las escuelas de cine. Trasciende el sentido de una película para convertirse en una experiencia irrepetible.

[vimeo]http://vimeo.com/15841553[/vimeo]

Imágenes:
Warner Bros.

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