Nicanor Parra, o cuando el Cervantes premió la antipoesía

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Nicanor Parra

La historia del Premio Cervantes tiene como protagonista este año a Nicanor Parra, escritor chileno que ha merecido el galardón por su antipoesía y su forma de contar la vida cotidiana. Es el gran regalo de las letras en lengua española para un hombre con gran sentido del humor.

Desde que escribiera en 1954 su Poemas y antipoemas, Parra se consagró con un estilo que pretendía describir la vida tal y como es. La suya es una nueva forma de entender la escritura mediante la destrucción de la lírica tal y como la conocemos. Su estilo está lleno de cotidianidad, siendo esta su seña más personal, que va acompañada de esa forma de escribir tan poco usual en el verso. Los que le conocen, como el también chileno Arturo Fontaine, afirman que se trata de una persona con gran sentido del humor y que recurre a expresiones del lenguaje común para sacarlas de contexto.

El crítico neoyorkino Harold Bloom ha asegurado que la poética de Parra es “la ironía de la ironía”, añadiendo que “debe reconocerse como un mérito de Parra el haber contribuido a preservar la imagen de lo humano en estos malos tiempos en que la Izquierda y la Derecha han sacrificado juntas la libertad de la imaginación en aras de sus ideologías antagónicas. Parra nos devuelve una individualidad preocupada por sí misma y por los demás, en lugar de un individualismo tan indiferente a los demás como a sí mismo”.

El Premio Cervantes tiene una trayectoria interesante desde 1976. El galardón recayó el año pasado en Ana María Matute, tercera mujer que se lo llevaba a casa tras las victorias de María Zambrano (1988) y Dulce María Loynaz (1992). Otros escritores, como Mario Vargas Llosa en 1994 o Camilo José Cela en 1995, han disfrutado del honor y el prestigio que otorga este reconocimiento.

Fotografía: Tololo/CC/Wikipedia

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