Cautivo y desarmado

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Cautiva y desarmada se quedó España, se jactaban de haberla liberado de la Antiespaña, de las hordas asesinas marxistas, de los que quemaban iglesias y violaban monjas, de los que asesinaron sin piedad a inocentes , autores de las checas y del golpe de estado del 34, que a la larga, provocó el estallido de la Guerra Civil… Eso se sostiene todavía desde algunos sitios, pero no merecen que se hable de ellos, estas líneas no son para ellos, sino para los otros, para los que hace 70 años tuvieron que abandonar su patria. Una patria que entonces era de todos y que ahora ya no lo es, porque nos la quitaron.
El primer día de abril de 1939, cautivos y desarmados, militares de los más brillantes, que luchaban por un proyecto común de país que no pudo realizarse; maestros y profesores que pertenecían a la Asociación Libre de Enseñanza, que soñaban con una educación alejada de los brazos en cruz, de los tirones de orejas, del miedo y del oscurantismo eclesiástico, que basaban su ideología en la ilustración y el laicismo, y ansiaban que esos niños y niñas crecieran libres, sin el yugo de nadie en el cuello; obreros industriales, mineros, campesinos y clases humildes en general, que por una vez pudieron sentirse orgullosos de pertenecer a una clase social ninguneada, machacada por patrones y
señoritos desde siempre, que por una vez tuvieron derechos; mujeres, que fueron mujeres de una vez por todas y que, por supuesto, estaban entre los mencionados anteriormente, y destacaban en sus puestos de militares, maestras, mineras y obreras, sin necesidad de una ley de la igualdad porque esa igualdad ya estaba en la esencia republicana, no tenía que reconocerse en ningún sitio. Todos ellos, todas ellas, desfilaron para marcharse para siempre. Porque sus pensamientos
se perdieron también para siempre, se quedaron en las tapias de los cementerios o en los países que, mejor o peor, les acogieron.

Músicos de los más grandes de la historia de nuestro país, así como intelectuales de todo calado, que no sabían, que no entendían nada, perplejos ante una España oscura que les volvía a traicionar, salieron con la cabeza gacha, tristes, impotentes, pensando que jamás volverían, perdiendo toda esperanza de hacer de Ella un país avanzado, en la vanguardia de todo. La historia volvía una vez más a repetirse. Esta vez no fueron los 100 mil hijos de San Luis como en la Restauración Absolutista de Fernando VII en 1823, sino los hijos de la Grandísima P…atria, con mayúsculas y con todas las letras. Los fascistas que no podían soportar que España evolucionara en todos los sentidos, hacia la libertad que exigía el momento, que se convirtiera en paradigma democrático para toda Europa, una Europa que zozobraba a babor y a estribor entre una y otra guerra, entre el gris estalinismo y los emergentes fascismos.

Esta España siempre traiciona, desde la expulsión de los moros o de los judíos, de los liberales y progresistas. Siempre que se ha intentado un avance cultural, social o igualitario ha habido afán de frenarlo, siempre se siente la amenaza de los de siempre, nunca los que propugnan cambios están seguros. Se convierten en una sombra peligrosa para los privilegiados, los que controlan las mentes y a los que la evolución, la alfabetización, la libertad de pensamiento y la voluntad, suponen una amenaza inconcebible. Da pena que antes de hablar de la polémica Memoria Histórica (que en un país normal no hubiera tenido necesidad de hacerse porque ya se hubieran anulado las sentencias ilegales franquistas, se hubieran retirado símbolos fascistas de todas las calles y se hubiera dado digna sepultura a los que no se le dio en su momento, entre otras cosas), la época de la II República Española estaba, por mucha gente, semiolvidada. No sabemos que fue su Constitución, una de las más vanguardistas y modernas de su época, por encima de países que hoy están a años luz de nosotros. No se sabe del potencial que tenía el país en todos los sentidos, a todos los niveles.

Hijos de esa República, que nunca volvieron a España, hay Premios Nobel de artes y de ciencias, científicos que luego desarrollaron su actividad, por ejemplo, para la NASA; políticos a izquierda y derecha, que fueron de los más brillantes del país, que podrían dejar sin aliento a los políticos que tenemos hoy en día; intelectuales de una generación que igualó, si no superó, al siglo de oro del arte en España, el XVII. Nada se supo de todo ello durante años, los auténticos españoles, los que arrancaron las malas hierbas de la Península, salieron victoriosos y acabaron con todo. España se convirtió en un país de convento y de silencio, de cárceles y de analfabetismo, de miseria y de dolor, y el daño que se hizo huelga decir que sigue presente hoy en día. Evidentemente, la Antiespaña eran los exterminados física y moralmente… y evidentemente por ello se quedó cautiva y desarmada España, y no el “Ejército rojo”, precisamente, como dijo Franco.

El 14 de abril de 1931, el pueblo habló a favor de la libertad, pero pidió demasiado: una reforma agraria que sacara al campo de la miseria -en la que por cierto continúa hoy en día- y que no se llegó a realizar; la igualdad entre hombres y mujeres, en un país donde ellas servían sólo para servir, donde eran analfabetas en su gran mayoría, y que pudieron tener el derecho incluso de divorciarse; el laicismo estatal y el fin de los privilegios para una iglesia que era dueña de la educación, de tierras, de conciencias, de pensamientos y de castigos, y que se apuntó al carro de la represión (en su gran mayoría) haciendo gala del humanismo cristiano que le caracteriza;… Todo ello y mucho más fue demasiado, y el 1 de abril de 1939, se acabó todo.

Y así estamos, cautivos y desarmados aún ante tanta pérdida. Habiendo perdido nuestra conciencia de clase que nos ha robado la sociedad del bienestar, ¡qué fácil les ha resultado comprarnos con un coche y un piso que no son nuestros!. Habiendo perdido la identidad de pertenecer a un país que sólo es nuestro estado -según reza en el DNI- y no nuestra nación. Siendo plebeyos de un Rey que juró los principios asesinos de los asesinos y luego, como siempre, no tuvo la vergüenza ni la dignidad de largarse cuando el tinglado nacional-fascista-católico se vino abajo -aunque eso demuestra que no se vino tan abajo como nos pensamos-.

Acabar esto con el Borbón y la vergonzosa transición es un insulto a todos los cautivos y desarmados que desde Donosti a Gran Canaria, desde Girona hasta Finisterre, vieron desangrarse con tristeza, tantos años a este país. Así que con ellos termino, porque esto es para ellos, para los muertos y para los que aún viven, para los que realmente creyeron y quisieron a este país y para los que jamás los van a olvidar por muchos 70º Aniversarios que pasen.

Fuente de la foto:
Wikipedia, enciclopedia libre, celebración del 77 aniversario de la República en Éibar.

1 Comentario

  1. Maravilloso artículo, excelente narración e impresionante la cantidad de verdades que en él se pueden leer, y que desgraciadamente no todos se atreven a expresar.

    Mi más sincera enhorabuena.

  2. “entre el gris estalinismo y los emergentes fascismos”. Exactamente, compañero Zapata. Y las mujeres que por fin llegaron a ser mujeres, y no perritos falderos…
    Jamás podemos olvidar tanto daño, tanta destrucción, tanta miseria, tanta ignorancia, y, en fin, tanto fascismo. Hay que seguir honrando a los vencidos, a todos esos seres que lo dieron todo a favor de un futuro más justo. Los que quieren que olvidemos, los que ahora se dedican a absorber a las cajas y a espiarse y a robarnos, que se jodan. Así de claro. Duele comprobar cómo los vencidos hoy pueden tener los mismos derechos que los vencedores. Y yo me río. Me río por no llorar. Pero me río. Por fin.

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