Catherine Hakim revela las claves de la belleza en “Capital erótico. El poder de fascinar a los demás”

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La socióloga Catherine Hakim

Ser guapo, vitalista, saber vestirse bien o tener don de gentes son algunos de los rasgos que Catherine Hakim, doctora en Sociología y profesora de la London School of Economics, propone explotar a hombres y mujeres en el libro Capital erótico. El poder de fascinar a los demás, un texto en el que realza el valor que la cultura actual otorga al atractivo y la sexualidad, y en el que critica la alianza no pactada entre patriarcado y feminismo radical por descalificar este destacado rasgo de la personalidad. 

Con un análisis riguroso y una bibliografía ingente –una cuarta parte del libro corresponde a las notas, libros consultados y los apéndices-, Hakim nos desvela algo que por obvio que parezca no resulta baladí: las personas atractivas destacan, atraen y predisponen positivamente. A ese cóctel de belleza, atractivo sexual, encanto, don de gentes y carisma que reúnen personalidades tan dispares como Barack Obama, Shakira o Elizabeth Taylor, la especialista lo denomina “capital erótico”. 

Así, y retomando la metodología propuesta por el reputado sociólogo francés Pierre Bourdieu, Hakim añade el “capital erótico” a la lista de activos de la personalidad compuesta por el “capital económico” -dinero-, el “capital cultural” -educación-  y el “capital social” -red de amigos y contactos-. Un poder erótico, que puede aprenderse y perfeccionarse –insiste constantemente la especialista-, y que resulta de la combinación de los elementos estéticos, físicos, sociales y sexuales más destacados en una sociedad. 

Ahora bien, el capital erótico posee un carácter disidente y subversivo porque, a diferencia de los otros tres poderes, las elites no pueden monopolizarlo –“ningún padre rico puede garantizar que sus hijos nazcan guapos y atractivos”, dice Hakim, aunque sí invertir mucho dinero para “mejorarlos”, añade-. De hecho, las relaciones del poder erótico con los otros tres capitales no resultan previsibles ni fiables. 

“Una de las claves del capital erótico es que puede ser completamente independiente del origen social, y erigirse en un vehículo de movilidad social ascendente muy rápido”, señala la especialista, que insiste en el hecho de que este poder puede ejercitarse y desarrollarse para que su cuantía exceda “con mucho” el talento inicial y se mejore con la edad. En este sentido, la profesora británica le otorga tanto valor para subir en el “ascensor social” como a la red de amigos que se posea o la cantidad de tiempo que se invierta en educación. 

Uno de los conceptos más polémicos del libro tiene que ver con la “dispar” actividad sexual de hombres y mujeres. Para explicarlo, Hakim rememora una de las antológicas escenas de la película Annie Hall (1977) de Woody Allen, en la que los dos miembros de la relación muestran sus diferentes puntos de vista acerca de la frecuencia sexual de la pareja cuando asisten, por separado, al psicólogo y responden a la pregunta de “¿Con qué asiduidad duermen juntos”. Mientras Allen contesta apenado que “casi nunca; tal vez tres veces por semana”; Hall responde, visiblemente irritada, que “constantemente; unas tres veces a la semana”. 

Portada del libro "Capital erótico"

La escena sirve para ilustrar una de las principales conclusiones planteadas por la especialista británica sobre la sexualidad: el hecho de que las encuestas sobre sexo revelan un “déficit sexual masculino” sistemático y, al parecer, universal. Es decir, que los hombres demandan mucho más sexo del que reciben a todas las edades y que las mujeres manifiestan niveles más bajos de deseo sexual, así como de actividad, lo que provoca que los hombres se sientan “casi toda la vida sexualmente frustrados”. 

Del “déficit sexual” padecido por los hombres, que Hakim asegura que se reproduce incluso en situaciones en las que no existe un desequilibrio de género, se desprende otra conclusión: que el menor interés y exceso de demanda de mujeres atractivas por parte del género masculino aumenta mucho el valor del capital erótico de las mujeres –siempre que éstas sean concientes de ello-. 

Situación a priori de ventaja que, sin embargo, no ha sido aprovechada por el género femenino, entre otras razones, por la negación del erotismo y “el mito de la igualdad sexual” promovido por el feminismo más radical. 

En concreto, y según los informes a los que alude la escritora, hasta la edad aproximada de treinta años el deseo de tener relaciones sexuales tiende a ser igual para hombres y mujeres. A partir de allí, y tras la maternidad, las mujeres “reducen drásticamente” su interés sexual, algo que no suele ocurrir con la paternidad, apunta la socióloga. En una frase: Woody Allen contra Annie Hall. 

“La diferencia de deseo sexual entre hombres y mujeres en todos los países y culturas donde se han realizado encuestas (…) aparece en todos los grupos de edad por encima de los treinta años. (Por lo tanto), no parece que la diferencia sea de capacidad o disfrute sexual, sino de deseo, mayor entre los hombres”, explica la autora. 

Hakim, que invita fervientemente a hombres pero sobre todo a las mujeres a hacer uso del poder erótico, considera que este capital ha sido invisibilizado porque se concentra principalmente en manos femeninas. Y es que los hombres –e incluso muchas mujeres influidas por el patriarcado- han tomado medidas para evitar que las mujeres se aprovechasen de este capital -que es una de las “principales ventajas” femeninas, destaca la socióloga-,  insinuando que el capital erótico carece de valor. Las mujeres que despliegan abiertamente su belleza y atractivo sexual son en muchos casos miradas con desprecio, critica. 

“Las mujeres deben aprender a exigir un trato más justo, tanto en la vida privada como en la pública; pero el punto de partida es que tomen conciencia y den validez al capital erótico de las mujeres, y estén dispuestas a sacar provecho del hecho social del déficit sexual masculino, del mismo modo que los hombres sacan provecho de todas sus ventajas”, sugiere Hakim. E insiste: “El capital erótico es una obra de arte que es posible aprender”. 

 Imágenes cedidas por la Editorial Debate.

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