Casa de muñecas: La necesidad de vivir

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Entre el 7 de abril y el 1 de mayo el Teatro Fernán Gómez ha acogido la inmortal obra de Henrik Ibsen, Casa de muñecas, dirigida en esta ocasión por Amelia Ochandiano y protagonizada por Silvia Marsó y Roberto Álvarez.

Una de las mejores obras del dramaturgo y poeta noruego, para muchos su obra cumbre, ha sido representada en Madrid cumpliendo las expectativas de quienes, como yo, admiran dicho trabajo. No contaré aquí el argumento de la misma para no extenderme demasiado, y porque de buen seguro muchos y muchas conocerán, sino que me limitaré al análisis de esta versión de Ochandiano.

Amelia Ochandiano ha sido fiel al libreto original, no saliéndose de lo dispuesto por Ibsen. Esto significa que para quienes han leído la obra no habrá sorpresa ninguna, lo cual no es un defecto, ni mucho menos. Lo que realmente importa es la profundidad del drama: cómo un día cualquiera puede venirse abajo todo el mundo que alguien como Nora Helmer (Silvia Marsó) había creado; y que aquí se muestra de forma casi perfecta. Por otro lado se encuentran los personajes de la señora Linde (Rosa Manteiga), Krogstad (Pepe Munné) y el Dr. Rank (Pedro Miguel Martínez). Los dos primeros buscan un cambio que consiga darles un nuevo rumbo a su existencia, porque necesitan que su vida mejore, en el caso de él, y ser útil para alguien, en el caso de ella. Dicho cambio sólo es posible gracias al protector y dirigente marido de Nora, Torvald (Roberto Álvarez). Por su parte, el Dr. Rank se mostrará vital por una razón que se revela a mitad de la obra. Esa necesidad de vivir, en mi opinión, también se verá en el personaje protagonista, pero no será hasta el final cuando se saque a relucir, cuando tome la tan famosa decisión, y por la que se considera una obra feminista, algo con lo que no estoy de acuerdo. Hay mucho más que una simple exaltación de derechos de la mujer en el último discurso de Nora, y los comentarios que hace a lo largo de la historia. Nora saca a la relucir lo mal hechas que están las leyes, y la sociedad, y de paso da una lección a los hombres sobre cómo no deben tratar a sus mujeres e hijas, como muñecas, de ahí el título de la obra. Y como ya he dicho está la necesidad de vivir, de ser uno mismo y de mejorar por decisión propia, aunque ello suponga tomar decisiones realmente drásticas. Un acto que bajo ningún concepto debe confundirse con egoísmo.

Es evidente que lo más difícil por parte de Ochandiano era escoger a la actriz protagonista. Silvia Marsó fue la elegida, y no erró al hacerlo. Marsó muestra a la Nora que imaginábamos cuando leíamos la obra de Ibsen: al principio exageradamente vital, y al final sumida en una situación de la que intentará escapar pero que le resultará imposible, por lo que tendrá que resignarse a que salga a la luz un secreto que llevaba largo tiempo ocultando a su marido. Esas dos vertientes de la personalidad de Nora se manifiestan perfectamente en la interpretación de Silvia Marsó, lo cual es muy meritorio, y es la principal razón por la que merecía la pena ver esta nueva versión; tarde en mi caso. Roberto Álvarez también está a la altura de lo que se esperaba de él y consigue un Torvald severo pero cariñoso y excesivamente preocupado por lo que hace, y cómo lo hace, su esposa, y que llega a estremecer al final de la obra, cuando se altera al descubrir un secreto que pone en peligro su honor y la imagen que tiene la gente de su familia. El resto del reparto, que completan Mamen Godoy y Cuca Villén como Elena y Ana María respectivamente, cumple sobradamente con los roles que interpretan. Se trata, por tanto, de una notable interpretación.

En el apartado técnico caben destacar la iluminación y el recurso de la tela a modo de pared. Con este recurso se puede ver lo que pasa en la entrada de la casa de los Helmer. Y si algo realmente me llamó la atención muy positivamente fue el único momento en el que aparecen en escena los hijos de Nora y Torvald (Julia y Sofía Albiol). La escena se resuelve mediante las sombras que proyectan a través de la tela, siendo el ejemplo perfecto de la buena utilización de la iluminación así como cuando algún personaje porta un candil. Me pareció maravilloso y enternecedor ver a las asistentas preparando la decoración navideña mientras de fondo vemos las sombras de Nora hablando y luego jugando al escondite con sus hijos, todo ello acompañado por una gran composición para piano, la cual sobre sale especialmente en los momentos de mayor drama. Todo ello por el módico precio de 20€ (16€ los martes y sábados), y en la comodidad de unas butacas de cuero. Una experiencia inolvidable, sin duda, y que esperemos que se repita en otros sitios de España. Si es así, y pueden verla, no desaprovechen la ocasión.

Fuente del texto:
Teatro Fernán Gómez: http://teatrofernangomez.esmadrid.com/espectaculo/?id=658
Fuentes de las imágenes:
Teatro Fernán Gómez: http://teatrofernangomez.esmadrid.com/espectaculo/?id=658
Enrique Centeno:
http://enriquecentenoteatrocritica.blogspot.com/2011/04/casa-de-munecas.html
Europa Press:
http://www.europapress.es/cultura/noticia-madrid-teatro-fernan-gomez-acoge-rebelion-ibsen-obra-casa-munecas-20110407131757.html
La tele de cristal:
http://teledecristal.blogspot.com/2011/04/digna-marso.html

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