Cary Grant 007

0
224

A menudo me cuesta decidir qué película ver. Entonces recurro a las películas baúl. No, no es despectivo. Son aquellas que aunque ya haya visto más de una vez, se que están allí y que no me importaría volver a ver. Que te aseguran terminarlas con un buen sabor de boca y te hacen soltar más de una sonrisa. Películas agradables que te permiten disfrutar de historias bien contadas. Sin planos complicados. Sin quebraderos de cabeza. Con la muerte en los talones es una de ellas. No es de las películas de más suspense de Alfred Hitchcock, ni mucho menos. Pero logra mantener la atención del espectador durante más de dos horas. Diálogos ágiles y situaciones complicadas resueltas magistralmente hacen de esta, una película muy apetecible. Quizá sea (junto a Luna Nueva) en la que más se aprecie ese estilo resuelto y natural, característico de las interpretaciones de Cary Grant.

Cary Grant creó un sólido arquetipo de la masculinidad. Todo un icono. Una marca, sinónimo de elegancia. Las revistas de la época decían que era el hombre que mejor sabía lucir un traje. Alto, moreno, atractivo. Tras la pantalla encarnaba al hombre de mundo que todos deseaban ser. Irónico y siempre despierto. Galán, pero dispuesto a mancharse o lo que hiciera falta, si la ocasión lo requería. Aunque luego pasara por un hotel para ducharse. ¿Y por qué no? Acompañado de alguna hermosa mujer, a la que cedía, o al menos en apariencia, la iniciativa de la seducción. Lo cual le hacía aún más interesante.

Este carismático actor trajo un mensaje: “la calidad de vida aristocrática europea estaba al alcance de cualquiera.” Y todos se lo creyeron. Su origen británico daba fe de ello. A menudo envuelto en problemas, representaba un héroe urbano de carne y hueso, que por su espíritu infatigable solía salirse con la suya.

Después de ver esta película, uno no se extraña de que Ian Lancaster Fleming se inspirara en la figura de Cary Grant y en todo lo que ella representaba para crear al espía más conocido de la gran pantalla: James Bond. Pese a todo, cuando en 1962 le ofrecieron el papel en James Bond contra el Doctor No, el actor lo rechazó, pues, a sus 58 años se veía muy viejo para interpretar a un súper agente secreto. Finalmente los primeros que encarnaron a Bond, Sean Cornery y Roger Moore, fueron escogidos por su supuesto parecido con Cary Grant. El primero por su físico y el segundo por su sentido del humor.

Dejar respuesta