Carta al director

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Cambio de cuenta de correo por cambio de servidor. Disculpen las molestias. Pasamos a gmail. Y ahora viene el detalle: “Un saludo a todos y todas”. Es lo políticamente correcto. No se trata más que de una anécdota pero a mí me da que pensar. Que estamos en campaña.
Hay un libro, A propósito de lo políticamente correcto, escrito por María Rosario Martín Ruano, en el que se estudia este fenómeno de los almohadones sociales y verbales de la corrección política que, según el criterio de intelectuales de la talla de Luis Goytisolo o Antonio Muñoz Molina, son el nuevo antifaz de la censura1.

Eufemismos han existido siempre y en todas las lenguas, pero su uso viene discriminado por el sentido común de cada persona, y es su decisión. Si alguien quiere ser diplomático dirá que “no estás gorda, sino de buen año”, pero si su mordacidad no se lo permite preguntará “¿es que no hacían tallas más grandes?”. Lo que a mí me ha chirriado siempre es que se imponga por ley un lenguaje políticamente correcto que no sigue el cauce natural de usos y costumbres de la lengua, sino el cauce natural de usos y costumbres del Gobierno, a saber: hacerlo todo por decreto.

En los medios de comunicación empleamos con frecuencia modos específicos del lenguaje periodístico, que podrían distinguirse fácilmente de la jerga legal-administrativa o de las licencias literarias, con la diferencia de que nuestros usos llegan más al público, de manera que tarde o temprano estamos difundiendo y, lo que es más serio, adoctrinando. No obstante, a pesar de que con el tiempo la gente termina acostumbrándose y adoptando esas palabras o frases “porque salen en los medios”, esto no significa que sea correcto lingüísticamente hablando. “Tensionar” no está bien dicho, la palabra correcta es “tensar”, o al menos a ella nos remite el DRAE. El “talante” es un modo o manera, no es bueno o malo per se. La violencia no puede ser de género, porque entonces sería literalmente “Violencia que pertenece a un conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes 2”, según la primera acepción. Gracias a Dios el buen sentido a veces recapacita y se impone, y parece ser que se está cambiando esto último por violencia doméstica o machista.

Esto es especialmente llamativo en medios como la radio, donde hay que rellenar horas y horas hablando sin parar, y donde a veces es difícil encontrar palabras que no hayas repetido diez veces en los últimos 30 minutos. En contra de las recomendaciones se extiende la costumbre de usar coletillas, de repetir la hora incluyendo la de Canarias aunque se trate de una emisora local, de alargar los adverbios magníficamente, de emplear adjetivos sin fin y de grabar a fuego cualquier lugar común que suene bien: “Efectivamente, estalló la bomba deportiva…”.

Así, que si llega un reportero micrófono en mano, le dan paso en directo mientras espera que el personaje de turno asome por la puerta, y le toca hablar, tendrá que hablar por los codos, para todos y todas, porque son las 12 las 11 en Canarias, y estamos esperando que termine la reunión porque llevan reunidos y reunidas desde las 9 de la mañana, las 8 en Canarias.

Pero yo aún me doy por aludida cuando leo “todos los alumnos de la facultad”, o “los españoles irán a votar el 9 de marzo”, o “el hombre necesita dormir por su bienestar físico”. La economía en el lenguaje, nuestra cultura y una mente librepensadora al margen de consignas políticas me permiten entender que por alumnos se refieren a chicos y chicas, por españoles a los ciudadanos de ambos géneros y por el hombre, a hombres y mujeres. Acudimos de nuevo al DRAE y encontramos que Hombre, en su primera acepción, es un ser animado racional, varón o mujer. Por lo tanto, no me parece natural el uso del todos y todas, amigos y amigas, chicos y chicas, perros y perras. Me parece artificial. Por no hablar del tod@s… 

Ahora lo fácil es decir que yo soy una fascista que desprecia la libertad de la mujer, y que parece que quiero que vuelva el machismo al lenguaje. A mí más bien me parece que lo fácil es decir que soy fascista por mis argumentos. Que una palabra termine en “a” no significa que se refiera al género femenino exclusivamente como tampoco significa lo contrario: entonces Mussolini sería fascisto, y todos vosotros, aquellos que entran en el “todos” porque termina en “o”, o sea, los chicos, tendréis que ser periodistos.
 

1 http://www.abc.es/hemeroteca/historico-08-06-2003/abc/Domingos/rehenes-de-lo-politicamente-correcto_186369.html
2 http://www.rae.es/

1 Comentario

  1. Me parece que rizas mucho el rizo y no creo que tenga nada que ver el ser fascista o no. Simplemente el vocabulario español te da la oportunidad de que el mensaje llegue de una forma más intimista a las mujeres.
    No creo que chirrie tanto y no deja de ser una tontería por lo que alguien se puede sentir más aludido así (con el todas). Démosle ese placer.
    No olvidemos que hasta hace no mucho la mujer no contaba, por ejemplo a la hora de votar. Cuando los políticos se referían a LOS CIUDADANOS, era sólo a los de sexo masculino.
    Opino que es un recurso lingüístico que hay que aprovechar; si no ¿para que se inventaron las palabras en femenino si supuestamente todas la que van en masculino ya las engloban?
    Un saludo a tod@s

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