Carrera de obstáculos por la paz

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Vivimos tiempos difíciles en el panorama político nacional. El ambiente de crispación se hace palpable cada vez que conectamos el televisor, sintonizamos la radio o leemos el periódico. Opiniones diferentes han existido desde el comienzo de los tiempos y así seguirá por siempre, gracias a  nuestra capacidad de razonar. La libertad para expresar ideas, para estar en desacuerdo y debatir sobre las cuestiones mas controvertidas, para escuchar y ser escuchado por todo tipo de interlocutores, es una tarea por la que se lleva luchando cientos, miles de años.

Llegados a un momento histórico-político en el que podemos afirmar que gozamos de auténtica libertad de expresión,  resulta paradógico que nos encontremos tan vilmente manipulados por ciertos magnates de la información y por sus líderes espirituales; tremendamente influyentes para una parte de la sociedad y avergonzantes para otra.

Desde que en 1968 ETA comenzase a matar, han sido muchos los esfuerzos que desde el ámbito político y social, se han llevado a cabo para llegar al fin del terrorismo en España. Las negociaciones y contactos comenzaron en el año 81, cuando Calvo Sotelo al frente del Gobierno de UCD, llevaba a la banda terrorista a establecer la primera tregua. La lucha antiterrorista, hasta nuestros días, se ha tratado como una cuestión vital, de interés común y esfuerzo compartido. El ocho de diciembre del año 2000, las dos principales fuerzas políticas del país, PP y PSOE, firmaban el ansiado pacto antiterrorista por el que se llevaría a cabo una lucha conjunta, gobernase quien gobernase, sin que la banda extrajese rédito político alguno. Durante la segunda legislatura del gobierno Aznar, fueron detenidos los principales responsables del aparato logístico de la banda. Pero no solo eso; se produjeron acercamientos de presos a cárceles vascas, se habló de “esperanza, perdón y generosidad”, de que “no debería haber vencedores ni vencidos”, de “movimiento vasco de liberación” y se mantuvieron conversaciones del ejecutivo con la banda (en Zurich, mayo de 1999, a la que acudieron el entonces secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, y el secretario de Estado de Seguridad, Ricardo Martí Fluxá). Dos referencias no menos importantes, primero; en esos años de violencia callejera y cruentos asesinatos que estremecieron el país, la oposición se mantuvo firme no solo al pacto por las libertades, sino al compromiso ético de todos los españoles por aunar esfuerzos para acabar con la lacra del terrorismo. Segundo; ¿Dónde se encontraba la AVT y el señor Alcaraz? Ni por asomo aparecían. Todos los medios de comunicación, todas las organizaciones de cualquier índole, incluso la Iglesia, remaban en una sola dirección (favor que pidió el entonces presidente del Gobierno en reiteradas ocasiones).

Ya en el año 2004 con el gobierno socialista, cae la cúpula de la banda; la policía francesa detiene al máximo dirigente de la organización, Mikel Antza, y al número dos, Mobutu. En el mismo año, ETA anuncia el fin de sus acciones armadas en Cataluña, después de una reunión del que fuera conseller en cap, Carod Rovira y los dirigentes de la banda terrorista. El 22 de marzo de 2006, ETA anuncia un alto el fuego permanente en el que afirma que “la superación del conflicto, aquí y ahora, es posible. Ese es el deseo y la voluntad de ETA”. Tres meses después, Zapatero anuncia el inicio del diálogo con ETA, en el que reitera que no se pagará ningún precio político por la paz y que es rechazado por el principal partido de la oposición, el PP de Mariano Rajoy. Tras unos meses de constantes descalificaciones al Gobierno, de críticas diarias, incesantes, duras, en ocasiones personales contra el presidente, de persistentes zancadillas que buscan envenenar los ánimos; seis presuntos miembros de la banda han sido detenidos en los últimos días por la policía francesa en colaboración con el Estado español.

Para aquellos que parecen haber olvidado los pasos seguidos en esta materia, porque somos esclavos de nuestros hechos y de nuestras palabras, porque debemos ser consecuentes con nuestros actos; porque la “memoria histórica”, tan de moda actualmente,  nos hace comprender la realidad del presente. Más de tres años y medio son los que ETA lleva sin matar, siguen siendo detenidos y procesados miembros de la banda, hasta la fecha no se han producido concesiones, chantajes políticos, conversaciones directas con los dirigentes etarras o cualquier otro tipo de compromiso. El proceso de diálogo con ETA, aprobado por todos los grupos del Parlamento a excepción del PP el pasado mes de mayo y por el Parlamento europeo, se ciñe exclusivamente a la verificación del cese total de violencia y la rendición definitiva de la organización terrorista.

Dicho esto, la actitud de ETA y Batasuna ante este proceso histórico es lamentable, incongruente; parece buscar dar la razón a aquéllos que no la tienen. Sus bases ideológicas, su legítimo anhelo por alcanzar la autodeterminación del pueblo vasco, lo derriban día tras día. Deben aceptar la legalidad, entregar las armas y luchar por sus convicciones desde la palabra, a través de argumentos; tampoco ser silenciados. El proceso de paz tiene demasiados obstáculos, es difícil predecir cuál será su final y más aún si llegaremos a él todos unidos. Hablar, por supuesto; negociar, determinados puntos (y todos sabemos cuales no podrán plantearse). El diálogo no mata y el daño sufrido por las víctimas y por toda la sociedad merece un final feliz.

Fuentes texto:
www.elpais.es
www.elperiodico.com
Fuentes imágenes:
www.elpais.es

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