¡Caramba! con el cortometraje de Manuel Bartual

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Los días tienen 24 horas para el común de los mortales, pero éste no es el caso de Manuel Bartual, cuya agenda profesional se reparte entre sus trabajos como diseñador, dibujante, editor, maquetador y, desde hace pocas semanas, director de cortometrajes. En esta segunda parte de la entrevista concedida a La Huella Digital, el autor charla sobre su proyecto editorial ¡Caramba! y sus inquietudes cinematográficas.

En septiembre de 2011 nació la editorial ¡Caramba!, un proyecto tras el que se encuentran usted y Alba Diethelm. ¿Qué tal marcha esta aventura?
Estamos a verlas venir, pero de momento bien. Hemos publicado Reunión, de Manel Fontdevila, y Let’s Pacheco! Una semana en familia, de Carmen y Laura Pacheco. Los dos se han vendido muy bien. Ahora vamos a lanzar La industria de los sueños, de Paco Alcázar, para el que también hay buenas perspectivas.

De momento no nos estamos haciendo ricos, pero tampoco estamos perdiendo dinero. La idea es aguantar un año y medio con lo que tenemos previsto sacar y, en función de eso, ya veremos qué ocurre.

Y con la que está cayendo, con la crisis económica y el momento tan difícil que atraviesa la industria editorial, ¿nadie les dijo que estaban como cabras?
Sí, pero hay que hacer oídos sordos y tirar para adelante, porque de lo contrario no saldría ningún proyecto. Creamos la editorial porque, tras lanzar el primer número de nuestro fanzine y vender mil ejemplares en un mes, caímos en la cuenta de que cerca de 700 se habían vendido a través de la web, una auténtica barbaridad.

El fanzine ¡Caramba! era un intento de recuperar lo que yo hacía quince años atrás, cuando me reunía con mis amigos para dibujar lo que me diera la gana y montabas un proyecto independiente, sin vinculación a ninguna editorial. También quería comprobar para qué servía realmente internet, si verdaderamente se podía enfocar como plataforma para vender un producto. Llegamos a la conclusión de que sí y, aunque es verdad que montar una editorial en estos momentos tiene algo de locura, también es cierto que nosotros estamos intentando jugar en una liga diferente a la habitual.

No tenemos distribuidora, así que somos nosotros quienes hacemos todos los envíos. Eso te exige más esfuerzo, pero al mismo tiempo te permite obtener más beneficios, porque eliminas intermediarios y los ingresos, cuando la gente compra a través de la web, son íntegros para nosotros. Recuperamos la inversión inicial que hacemos en imprenta con cierta facilidad y luego repartimos los beneficios con el autor al cincuenta por ciento, cuando normalmente un dibujante sólo suele llevarse el diez por ciento del precio de venta al público. La apuesta es mayor porque no damos adelanto, pero si el título funciona, el dibujante saca más dinero a la larga. No digo que el modelo tradicional se vaya a acabar, pero pienso que herramientas como internet permiten desarrollar modelos nuevos y paralelos que dan mucha vidilla al negocio.

También sé que nosotros, a poco que encadenemos tres títulos que no se vendan, se acabó lo que se daba. Esto es una iniciativa muy pequeña, de andar por casa, y no nos podemos permitir la opción de acabar un año con pérdidas; sería devastador. De momento la cosa ha marchado muy bien; con el libro de Let’s Pacheco! hace tiempo que recuperamos la inversión, y estamos hablando de un título que salió a la venta el 19 de diciembre. Creíamos que podía funcionar porque Carmen y Laura tenían muchos seguidores en internet, y en ¡Caramba! tratamos de potenciar la venta a través de la Red. Es una suma: primero conoces a las autoras y luego te compras su libro. Con el que vamos a publicar de Alberto González Vázquez puede pasar lo mismo, porque se ha hecho un nombre gracias a sus cortos y los textos y dibujos de su blog.

Viñeta Let's Pacheco! Una semana en familia

¿Cree que este modelo de negocio puede funcionar más allá de un éxito puntual, como pudo ser el caso del fanzine?
Quiero pensar que sí, pero pregúntamelo mejor dentro de unos meses. A lo tonto, este año vamos a publicar unos diez títulos. Intuimos que algunos van a funcionar mejor que otros, pero nunca se sabe. Igual las apuestas seguras son un fracaso y luego arrasamos con otro cómic de forma inesperada. Tengo la sensación de que la venta por Internet irá a más a medida que pase el tiempo, así que queremos estar ahí para ver cómo se desarrolla.

Y hablando del fanzine, ¿habrá pronto un segundo número?
Ya lo tenemos en imprenta y va a ser muy diferente al primero. Y muchísimo más grande. Colaboran 47 autores y el formato es una verdadera locura, algo nunca visto. Creo que no existe ningún tebeo con el formato que va a tener ¡Caramba! 2. Lo pondremos a la venta a finales de marzo.

He escuchado algún comentario que pone en cuarentena el éxito de ¡Caramba!, que habrá que esperar para ver cómo funciona la editorial cuando no compren sólo los amigos de Manuel Bartual…
¿Eso quiere decir que tengo mil amigos? Sé perfectamente quién compra en ¡Caramba! y el porcentaje de amigos es bastante pequeño. No quiere decir que mis colegas no adquieran nuestros libros, pero por comparación, hay muchísima gente anónima y a la que no conocemos absolutamente de nada que nos compra desde el primer día. Igual nos damos la hostia, eso lo tengo muy presente; no quiero vender ninguna moto y no sé si este es el camino bueno, pero de momento no hemos perdido pasta. Muy al contrario, los autores ya están ganando dinero y están contentos del acuerdo que les hemos propuesto, y también de cómo han quedado sus libros. A lo mejor la gente se cansa del modelo, pero los mensajes que me llegan apuntan todo lo contrario: nos felicitan por las ediciones, por los títulos que hemos anunciado, por lo rápido que reciben los libros cuando nos compran en la web…

Viñeta La industria de los sueños

La editorial tiene una línea muy específica, que es la del cómic de humor. ¿Eso ayuda a la hora de atrapar a los lectores?
Quitando a El Jueves, ahora mismo no hay ninguna editorial especializada en cómic de humor. Queremos centrarnos en ese género y apostar por títulos y formatos que, con un sistema de venta tradicional, sería muy difícil sacar adelante. De hecho, este año vamos a recuperar los tebeos de grapa de pocas páginas. El fenómeno de la novela gráfica me parece estupendo, creo que está siendo decisivo para que el cómic llegue a más gente, pero nos estamos viciando a que cualquier tebeo deba tener como mínimo unas cien o 150 páginas. Hay historias que no necesitan esa extensión. Como tampoco tenemos revistas donde publicar historias más cortas, hay muchos tebeos de veinte o cuarenta páginas que se están quedando olvidados en cajones. Creo que estos cómics más cortos pueden funcionar muy bien.

Una crítica que suele lanzarse contra el cómic, quizás de forma injusta, es que los títulos son bastante caros. Imagino que su apuesta por álbumes cortos irá acompañada de precios más asequibles…
No puedes cobrar veinte euros por un tebeo de 24 páginas, eso está claro. Estamos pensando en una horquilla de entre seis y ocho euros, en función de la extensión del título y sus características. Y el hecho de que sean tebeos más cortos no quiere decir que no resulten jugosos. Ya hemos anunciado Ser un nombre: Cómo y por qué, de Albert Monteys, que está preparando el manual que se le debería dar a todos los hombres en el momento de nacer, una cosa de mucha risa; y también está en preparación Infame, de Néstor F., que me parece uno de los autores jóvenes más interesantes que han aparecido en los últimos años. Su historieta se desarrolla en una especie de universo paralelo en el que los críticos culturales son algo así como estrellas de la televisión. Aparte, ya tenemos a la vista tres o cuatro tebeos más para esta colección. A muchos autores les han brillado los ojos cuando les hemos propuesto la posibilidad de trabajar este formato de historias cortas.

Viñeta Reunión

Hablaba de Alberto González y sus cortos, pero usted acaba de estrenar uno hace muy pocos días. Se trata de 85.12.30, con el que participará en la próxima edición del Notodofilmfest. ¿Cómo surge la idea?
De mi incapacidad para estar quieto. Me compré una cámara y pensé que tenía que hacer algo con ella. Intento no aburrirme, así que como ya era diseñador, dibujante y editor, pues me dije: “¡Venga, ahora a hacer cortometrajes!”.

Me apetecía hacer algo diferente, porque llevo cinco años muy centrado en los tebeos, que había sido mi objetivo desde pequeño, pero el cine siempre me ha gustado mucho. Nunca había hecho nada más allá de algún tonteo esporádico, alguna cosa improvisada, así que me planteé la realización de un corto, algo muy sencillo y que no requiriera demasiada experiencia. Empecé a darle vueltas y salió esta historia con la que me lo he pasado francamente bien. Todo el proceso fue muy rápido: desarrollé la historia durante dos o tres semanas, escribí el guión en un día y rodamos el corto en una sola mañana. Si consigo sacar tiempo, espero hacer alguna cosa más en el futuro.

¿Le gustaría desarrollar una carrera en el mundo del cine o en algún otro campo audiovisual?
Bueno, me gustaría hacer tantas cosas… De momento sólo he hecho un corto. En alguna presentación de Sexorama, al presentarme decían: “Ahora también es cineasta”. Y yo pensaba: “Claro, y si arreglo un zapato seré zapatero”. Tampoco es eso.

Sí es cierto que he mamado mucho cine y mucha tele, así que es un lenguaje que tengo bastante interiorizado, pero tendría que ponerme en serio para ver si tengo capacidad real de desarrollarlo. De momento, si vuelvo a ponerme detrás de una cámara será para sacar adelante proyectos cortos, y si llegase a proponerme tirar adelante con algo más largo, me vería obligado a dejar alguna de las obligaciones que tengo actualmente, porque el cine es algo que ocupa muchísimo tiempo. He podido comprobarlo durante este último año con Carlos Vermut y su película Diamond Flash, que me parece cojonuda y un proyecto verdaderamente admirable. De hecho, tener cerca a Carlos es lo que en cierto modo me despertó el gusanillo; me ha demostrado que todo es ponerse, pero sabiendo siempre hasta dónde puedes llegar y siendo consciente de tus limitaciones para aprovechar bien tus recursos. Es algo que siempre he procurado tener en cuenta a la hora de hacer tebeos.

Si tuviéramos que hablar de referentes audiovisuales, ¿a quién citaría?
Más que de referentes, yo puedo hablar de lo que me gusta. La verdad es que últimamente veo muchas más series de televisión que películas. Es un formato que siempre me ha gustado, mucho antes de que se pusiera de moda. Te da la posibilidad de crear historias más cortas y desarrollar poco a poco a los personajes. Uno de los mejores ejemplos es Buffy, una serie con la que mucha gente arquea la ceja, pero se trata de un ejercicio de televisión sorprendente. La he visto varias veces, me encanta repasarla, y creo que ni ellos mismos eran conscientes de lo que estaban haciendo, que lo fueron descubriendo por el camino. Expediente X, por ejemplo, también me parece muy buena, pero Mulder y Scully eran prácticamente iguales del primer al último capítulo. En Buffy, si quitas toda la paja, te quedas con una historia que cuenta el paso de la adolescencia a la madurez, pero con monstruos, que es mucho más divertido.

Fotograma 85.12.30

Por otro lado, Seinfeld es algo verdaderamente brillante, probablemente la mejor comedia de la historia de la televisión. Aquí los personajes no evolucionan, pero porque es así como los concibieron. Es increíble cómo se construye una serie en la que no pasa nada durante los nueve años que estuvo en antena; un conjunto de manías, locuras y obsesiones combinados de manera tremenda. Y la continuación que ha tenido en Curb your enthusiasm me parece otro ejemplo de genialidad, porque es hacer Seinfeld pero sin Seinfeld. Otra vuelta de tuerca más.

También me gusta mucho Flight of the Conchords. Hice un viaje a Nueva York y visité los lugares donde rodaban habitualmente. Además, me pareció muy honesta la decisión de Bret McKenzie y Jemaine Clement, que decidieron no continuar con la serie a pesar de la insistencia de HBO, porque les resultaba imposible componer las canciones y escribir los guiones para hacer algo decente al ritmo que se les pedía.

En cuanto al cine, siempre he sido fan de Alfred Hitchcok, en concreto de su sentido del humor y de cómo hablaba de relaciones personales y familiares utilizando estructuras de ‘thriller’. Y por supuesto, ahí está la saga de Regreso al futuro. Teniendo en cuenta que mi ‘nick’ en todas las redes sociales es Fluzo, ya te lo podrás imaginar… Cuando vi la primera película, con ocho o nueve años, aluciné como no había alucinado hasta ese momento. De hecho, mi cortometraje trata sobre viajes en el tiempo, que es un tema muy jugoso y que da para muchas historias diferentes.

¿Qué le atrae de las historias de viajes intertemporales?
Generalmente hay dos vertientes: por una parte, que no hay forma de cambiar el pasado, que hagas lo que hagas será siempre algo que ya ha sucedido; y por otro, que sí se puede modificar lo ocurrido. Me gusta ir comprobando hacia qué vertiente se desarrolla cada historia a medida que va avanzando, así como el enfoque que aporta cada autor.

¡Spoiler Alert!

Hay un capítulo de South Park, “Espaldas pringosas”, en donde el futuro está tan saturado que la gente tiene que viajar hasta la época actual para encontrar trabajo. ¿Encuentra cierta analogía con la protagonista femenina de su cortometraje?
Sí, evidentemente, pero no conocía ese episodio. ¡Ahora tendré que verlo! Creo que todas las historias de viajes en el tiempo ya se han contado, y la gracia reside en ver qué aportas de nuevo.

En el caso de mi cortometraje, mucha gente se ha quedado con la paradoja del final, el hecho de que la hija a la que no vemos sea realmente la madre de los dos hermanos, pero a mí lo que me interesaba contar era que, dada la situación social actual, si viajar en el tiempo fuera tan fácil como coger un AVE, la gente se iría a trabajar y a estudiar a otras épocas. Eso, y jugar un poco con una estructura clásica familiar a través de una conversación telefónica imposible, es lo que me parecía gracioso a la hora de desarrollar la trama, mientras que el broche era un recurso propio del género. Pero es verdad que, pese a ser tan sólo tres minutos de vídeo, hay muchos temas concentrados. Es normal que cada espectador se identifique y se quede con cosas distintas. Mientras la gente lo disfrute y se ría, yo me quedo satisfecho.

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Página web oficial.

Imágenes cedidas por Manuel Bartual

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