Caracas, ¿modelo para armar? (II)

La organización mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública (CCSP) divulgó el pasado año un estudio en el que situaba a Caracas como la segunda ciudad más violenta del mundo, sólo por detrás de Ciudad Juárez y por delante de otras como San Salvador (séptimo lugar), Medellín, en Colombia (octavo puesto) o Bagdad, ciudad que aún permanece bajo ocupación extranjera y que cierra el top ten de la lista.

Sin embargo, fue imposible contactar con ningún miembro de esta organización, a pesar de los reiterados intentos del periodista, para contrastar la metodología utilizada y el número de ciudades sometidas a estudio.

En cualquier caso, la presencia en la lista de CCSP de cuatro ciudades de Latinoamérica, lleva a Javier Bernabé, co-director del Diploma en Periodismo Preventivo por la UCM, a afirmar que la situación de la capital venezolana no es aislada dentro del continente americano. “Ciudad de Guatemala, el DF en México… ha aumentado la delincuencia en muchísimos países alrededor”. “Y también algunas ciudades brasileñas”, añade el profesor Juan Carlos Monedero.

Pero no hay que salir de la propia Venezuela para encontrar ejemplos similares a los de Caracas. Andrea Valdivieso es periodista venezolana y actualmente se encuentra en Madrid, trabajando para la Secretaría General Iberoamericana y preparando su postgrado. Nació en Maracaibo y dice que allí, a quien tienes que tener “miedo”, es “a la policía”. “La policía es la mafia”, afirma Andrea y esa desconfianza hacia las fuerzas de seguridad –reflejada en las encuestas de INCOSEC, en las que un 70,2 de la población califica a la institución policial como mala o muy mala– ha favorecido el auge y el apoyo a grupos, más o menos organizados, más o menos numerosos, con una doble función: la seguridad (armada, por supuesto) en los barrios y la ayuda social a los pobres.

La Coordinadora Simón Bolivar o el Colectivo Alexis Vive son algunos de estos grupos que actúan, en las dos vertientes, dentro de la Parroquia del 23 de Enero, en el oeste de la gran urbe.

El Colectivo Alexis Vive, por ejemplo, tiene entre sus programas de integración social uno bautizado como “Los Héroes de Caracas”, a través del cual ayudan a jóvenes drogadictos a desintoxicarse, enviándoles a Cuba durante un tiempo, donde son tratados de su adicción por médicos de la isla. Por su parte, la Coordinadora Simón Bolivar organiza foros políticos, talleres, actos culturales, e incluso poseen una emisora de radio libre, ‘Al son del 23’, donde dan voz a los vecinos de la Parroquia.

A pesar de estas iniciativas sociales, hay quien acusa a estas agrupaciones de exaltar y apoyar el terrorismo, principalmente el relacionado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia; de hecho, su líder fundador, Manuel Marulanda, alias Tirofijo, tiene un busto conmemorativo en una de las plazas del 23 de Enero.

David Beriain señala, además, que existe una “pelea por el alma del movimiento chavista” en la que “te puedes cargar a los santos, pero no a Dios [Chávez]”, en referencia a una hipotética lucha interna que pudiera desencadenarse, si bien este Dios comenzase a perder el fervor revolucionario y exaltado que le caracteriza o si bien, fuese desalojado del Palacio de Miraflores por vía democrática.

Sin embargo, no parece que en el corto plazo ninguna de estas posibilidades pueda darse; en primer lugar porque “Chávez se ha echado al monte”, según Beriain, y ha reforzado su discurso radical, expresamente dirigido a sus bases más fieles; y en segundo término porque el presidente sigue teniendo tirón electoral. “Es un tipo que cae simpático, yo de hecho voté por él [en las elecciones de 1998]”. Quien así habla es Héctor González.

Este geólogo venezolano trabajaba en la petrolera nacional PDVSA, “la única fuente de ingresos del país” nos confiesa, hasta que fue despedido tras la huelga general petrolera llevada a cabo entre el mes de Diciembre de 2002 y Febrero de 2003. Actualmente trabaja para Repsol en Madrid y se muestra pesimista con el futuro de su país y preocupado por el presente de Caracas, donde aún residen sus padres. “Lo de Caracas es un problema moral”, asegura, “llega un momento en el que la gente se queda inmune, en el que no se valora la vida”.

“La conformidad, esa es la enfermedad de los venezolanos”, sentencia la periodista Andrea Valdivieso.

Por otro lado, “se nota la falta de alimentos”, explica Héctor, mientras recuerda el reciente escándalo de las alrededor de 70.000 toneladas de alimentos podridos que se han hallado por todo el país, ocultas en miles de contenedores.

Desde otro punto de vista, Javier Bernabé señala que, si bien es cierto que “en estos años ha habido una pésima gestión de los alimentos, una inversión insuficiente en la auto-alimentación (arroz, frijol, etc.) y una mala distribución”, eso no debe impedir reconocer que “a día de hoy, en Venezuela y en Caracas, hay gente que come tres veces que antes no comía ninguna”.

También ha habido avances significativos en la reducción de los niveles de pobreza, si nos guiamos por las estadísticas facilitadas por el Instituto Nacional de Estadística de Venezuela. Según este organismo, dependiente del Gobierno, los hogares pobres han pasado de representar el 42,8% del total de hogares venezolanos en el primer semestre de 1999, cuando Chávez asumió el poder, a ser sólo el 24,2% en el último trimestre de 2009.

La pobreza extrema en Caracas también ha descendido notoriamente, cayendo de una cifra de 252.287 personas en esta situación en el primer semestre de 2004, a 68.624 en el primer periodo de 2009.

Una última cara de este complejo poliedro nos refleja una actividad criminal que, por desgracia, se ha asentado en Venezuela como una práctica habitual: los secuestros, en especial los conocidos como secuestros express.

Según datos del CICPC, en el primer trimestre de 2010 se produjeron un total de 393 secuestros, 123 más que en el mismo periodo del año anterior, o lo que es lo mismo, más de 4 al día en todo el país, la mayoría de ellos, en Caracas. Incluso se rodó en 2005 una película, ‘Secuestro Express’, narrando la historia de dos jóvenes caraqueños secuestrados por un grupo de asaltantes.

David Beriain y Javier Bernabé, coinciden en sus valoraciones de este último apartado.

El primero explica en su reportaje de Cuatro que “En Caracas, a partir de las 5 de la tarde, hay que evitar pararse en un semáforo, porque te asaltan”.

El co-director del Diploma en Periodismo Preventivo nos confirma, en la misma dirección que Beriain, que “si tienes un coche de último año, y te paras en un semáforo de determinado barrio, tienes un porcentaje muy elevado de que te secuestren, a punta de pistola, y que se te lleven a ti y al coche”, pero eso, nos matiza, puede ocurrir en Caracas “o en cualquier otra gran ciudad de América Latina”.

“Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios”, cuentan que decía el libertador Simón Bolívar.

Los caraqueños ya han transitado demasiadas veces por esa senda y sólo buscan un triunfo, la tranquilidad de una vida segura, la paz de una ciudad renovada y con hambre de futuro.

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