Campo rival antes que campo propio

0
95

Antes de que finalice el último partido oficial de la temporada en España, antes de que los focos iluminen al campeón y se escriban páginas y páginas sobre su victoria, se deben dar las gracias al Athletic de Bielsa. Gane al Barça en el Calderón o pierda ante los hombres de Pep, como hizo frente a los de Simeone en Bucarest, este equipo ha sido capaz de transmitir felicidad. Esta sensación la comparten muchos seguidores anónimos que, desencantados con un fútbol cada vez más impersonal, maquiavélico y artificial, ven en el Athletic una esperanza en mitad de la nada.

En el mundo del “todo vale”, donde desafortunadamente el fin justifica todos los medios por muy rastreros que sean, aparece en el norte de Euskadi un equipo noble, sincero, cercano, que llora cuando gana y cuando pierde y no lo hace por aparentar, sino porque son conscientes de que cada partido en San Mamés juegan once, pero en la convocatoria hay otros 40.000 que sufren en la grada como si realmente fueran a salir a calentar.

La Catedral es el único campo en el que te sientes extraño. Si no eres del Athletic, canta, se nota demasiado. Allí no hay turistas recién salidos de la tienda oficial con la camiseta más cara de la estantería. Allí la gente no se va cuando faltan diez minutos para evitar atascos. Allí la afición local no reclama a su presidente cada verano el cromo más codiciado del planeta. San Mamés es otra cosa. Ni mejor ni peor, sencillamente diferente. O por qué no decirlo, igual hasta mejor. San Mamés huele a fútbol desde la esquina de Gregorio de la Revilla con Licenciado Poza hasta la zona del palco donde descansa el busto de Pichichi. Es un estadio que anima a sus jugadores como lo hacen los padres que van con sus hijos cada fin de semana por esos campos de alevines.

El Athletic es una familia y, después de muchos años, la familia puede presumir de que su niño está en la fila de honor con los más listos de la clase. Sin copiar, sin pasar los veranos en Estados Unidos y sin comprar la carpeta que todos los demás quieren. Es un alumno que no se ríe del que suspende todas las asignaturas y que respeta con máxima deportividad al compañero que saca matrícula de honor. Allí, por tener, tienen hasta cronistas de renombre como Jon Rivas, Santiago Segurola, Eduardo Rodrigálvarez o Rafa Beato para que sus gestas perduren en el tiempo.

Bielsa ha implantado una filosofía que él mismo definió con una frase brillante en su primera rueda de prensa en Bilbao: “Campo rival antes que campo propio”. El fútbol puede resumirse en seis palabras. El Athletic es un equipo que emociona, con unos jugadores que firman autógrafos durante media hora cada día en Lezama. Nada de puertas cerradas ni todas esas tonterías propias de los tiempos modernos. Fútbol de verdad en la época donde este deporte se aproxima peligrosamente a la mentira.

Los rojiblancos nos han hecho gritar, saltar y vibrar, muchas veces sin necesidad de que exista un vínculo personal con Vizcaya. En definitiva, nos han hecho felices, y de ésto va la cosa, de ser felices con un juego que mueve pasiones. Por el recital de Old Trafford (sólo comparable  a una primera parte del Barça en el Emirates y la segunda mitad de la semifinal España-Rusia de la Euro 2008) y por otras tantas batallas inolvidables comprimidas en diez meses de puro fútbol, sólo cabe decir: gracias Athletic, gracias Marcelo.

 Imagen: Articularnos.com

Dejar respuesta