Camino de piedras

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Sremski Karlovci es un pueblo ubicado a unos diez kilómetros al sur de Novi Sad, la capital de la provincia autónoma de Vojvodina. Al norte de Serbia. Como en muchas otras partes del país, tiene una cantidad de propaganda Chetnik (ultranacionalista) que no se corresponde con la presencia electoral del Partido Radical en su ayuntamiento. Por lo demás, es importante por haber sido sede del patriarcado de la iglesia ortodoxa serbia a mediados del siglo XIX, hecho que ha dejado profunda huella en un pueblo con númerosas y bellas iglesias. A ciencia cierta, Sremski Karlovci sigue siendo sede (pero más bien secundaria) del patriarcado ubicado hoy en la ciudad de Pec (en Kosovo y Metohija). El edificio del patriarcado es la residencia de verano de Gojko Stojčević, Pavle, Arzobispo de Pec, Metropolitano de Belgrado y karlovci, y Patriarca de todos los Serbios.

Los detalles sobre los monumentos y hechos relevantes en la ciudad empezaron a tener un interés secundario a medida que avanzaba la mañana. La escuela de gramática – que fue la primera escuela secundaria de Serbia, en el siglo XVIII -, el seminario, las catedrales ortodoxa y católica y la Capilla de la Paz, en la que se firmó el Tratado de Karlowitz, no son atracciones por las que muchos o muchas se trasladen hasta Vojvodina. Impresionan al llegar. Les hablo de un pueblo ciertamente monumental. Pero al empezar al caminar hacia el Sur, estas cosas dejan de perder importancia. En la subida hacia el cementerio, un camino con casas llenas de perros molestos, se empiezan a ver los tejados de las casas. Vistas que rara vez tenemos en las ciudades. Acercándome a la cima empecé a ver el Danubio. Y aunque seguramente es allí tan radiactivo como en su paso por la frontera entre Bulgaria y Rumanía – y aunque me den nauseas cada vez que recuerdo la primera vez que me ofrecieron pescado del Danubio en Novi Sad – la vista era mágica. El Bósforo calmado. Una visita de la primavera a finales de enero.

A la hora de comer, aleatoriamente fuimos a parar, gracias a la guía-mapa que nos costó 150 dinares (a 92 dinares el euro) en el restaurante Sremski Kutak, “situado en la casa más antigua de la ciudad, cerca de la Escuela de Gramática de karlovski.” Allí conocí a Kolja.

El caballero Komnen Kolja Seratilc escribe para Vidovdan, tradición para el nuevo milenio. Llegó para traducirnos la carta (el camarero no hablaba inglés) en italiano. Cuando supo que veníamos de España empezó a hablar en un correctísimo español, presumiendo además de acento mexicano. Además de español e italiano, Kolja habla francés, ruso, búlgaro, checo, esloveno, alemán y, por supuesto, serbio. Seguramente se me pasa por alto alguno más. A algunos les gustaría decir que Kolja también habla croata, bosnio y montenegrino, pero él no cae en el ridículo.

Aprendió español como funcionario de la embajada yugoslava en la Ciudad de México. Después de la desaparición de su país, se adaptó al servicio exterior de la nueva República Federal de Yugoslavia. Le tocó pues el papel de dirigir la embajada en Buenos Aires. Eran los tiempos de las sanciones y del contrabando de armas hacia Croacia en la Argentina de Menem.

“Kolja, déjeme invitarle a una copa de vino, o un refresco… quédese un poco con nosotros.” Pero se disculpó muy amablemente aduciendo cuestiones muy importantes que tenía que hablar con este señor. Se retiraron con la hermana del segundo a un rincón del restaurante. Sobre la mesa había mapas y números. Muchos números. Cada cierto tiempo Kolja se levantaba para preocuparse por nuestra comida, una excelente combinación de carnes asadas y a la parrilla. ¿Y el vino? Excelente. De los viñedos del segundo hombre, cuyo nombre no recuerdo. Era un actor aparentemente muy famoso del Teatro Nacional de Novi Sad.

En la despedida le pedí su contacto, que me resultará de gran utilidad para mi tesis. Cuando se iba le pregunté si se sentiría más cómodo si le escribía en inglés, razonando, desde el absurdo, que sería una lengua que manejaría con mayor habilidad que el español. Puede que esto fuera cierto, pero Kolja no habla inglés desde 1999. “No puedo evitarlo, soy nacionalista.”

Las historias marcan los caminos. Los grandes monumentos son poco más que hermosos recordatorios del contacto humano y, en mi caso, de los nervios que yo sentía cada vez que Kolja se levantaba hacia nosotros. De pasó aquel día me sirvió para acordarme de mi amigo Leonardo. También de viaje aprendió de una forma un poco brusca que el “perdone ¿habla español?” debe ir siempre primero que el “do you speak english?”

Fuente de la imagen:
http://en.wikipedia.org/wiki/Sremski_Karlovci
http://vojvodinaonline.com/slike/db_img/Restoran_Sremski_Kutak_Sremski kutak.jpg

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