Cambio de perspectiva

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Llegó resoplando y quejándose de las interminables clases y de todo lo que tenía que hacer y el poco tiempo del que disponía. Su único deseo en esos momentos era tirarse en el sofá y desconectar. Pero en cuestión de segundos, todo su plan se vino abajo cuando la llamaron.

Tras colgar el teléfono, su mirada se perdió en el infinito. Todo tipo de desesperados pensamientos invadían su mente. No estaba preparada para eso. Durante un tiempo negó lo que pasaba. Era más fácil pensar que todo iba bien y que su vida giraba en torno a la universidad. Pero algún día tendría que volver a casa y enfrentarse cara a cara con todo.

La distancia le convirtió en una piedra. Aunque llorase y siguiera siendo sensible, Susana no se reconocía al verse tan fuerte y no dándole importancia a la enfermedad. No era ella quien lo padecía, pero desde el momento que se enteró, deseó con todas sus fuerzas que así fuese.

Escuchaba su canción favorita a lo largo del día y eso le hacía sentir bien. Pero ella no se perdonaba. No se perdonaba el hecho de haber esquivado el problema. Una cosa así le venía grande, o eso pensaba ella. Se encerraba en su mundo cuando veía que estaba peor. Se sentía cobarde y decepcionaba consigo misma. Las series de médicos que siempre le habían gustado, ahora las detestaba. No quería ver ni cirujanos ni enfermeros. Tampoco películas dramáticas con su correspondiente triste final.

Poco a poco comenzó a asumirlo y le dio la vuelta a la tortilla. Con todo esto, se dio cuenta que lo que antes consideraba grandes problemas, ahora pasaban a un segundo plano. Y conoció en primera persona a la madurez de la que tanto había escuchado oír. Toda su percepción ante la vida cambió en cuestión de poco tiempo. Comenzó a disfrutar el día a día. Intentaba verle el lado positivo. Valoraba cada mordisco, cada olor, cada hora en clase, cada momento compartido o en soledad.

Pero a medida que se acercaba la fecha de vuelta a casa, todo eso lo iba olvidando y se preocupaba más de lo que pensarían de ella al no haber estado a la altura de las circunstancias. Había pasado bastante tiempo desde aquella llamada pero no podía olvidarse aunque se refugiara en sus aficiones y obligaciones. Quedaba una semana para las vacaciones cuando Susana comenzó a angustiarse. Su glotonería se mezclaba con su nervioso carácter. Le preocupaba engordar pero en esos momentos, sólo quería calmar su insaciable apetito y mientras tragaba, no pensar en ello. La ansiedad se apoderaba de ella.

Un mensaje al móvil le dio la mejor de las noticias: “la operación salió bien”.

Susana de nuevo respiraba y en su universo, que no paraba de cambiar, salió el Sol. La esperanza se apoderó de ella llenándole de vitalidad y las ganas de volver a casa se hacían cada vez más grandes. Claro que tendrían que esclarecerse las cosas, pero ella estaba dispuesta a corregir sus errores y su única ilusión navideña era darle un abrazo enorme a la persona más luchadora y alegre que había desafiado las probabilidades y que estaba mejor que nunca. Y esa era la persona que le dio la patada a la enfermedad con su propio antídoto: su sonrisa.

Aprender a vivir el día a día, valorarlo y darle la importancia justa y necesaria a los problemas son cosas que ha aprendido Susana durante este tiempo. Ahora está preparando la maleta repleta de sueños para iniciar su propio viaje: beberse la vida a sorbitos deleitándose con cada uno de ellos y no dejando que le consuman los problemas.

Fuentes de las imágenes:
http://www.rvaquerom.com/favoritos/fotos/nublado.jpg
http://www.miasdepicas.es/wp-content/uploads/2009/07/marte.jpg

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