“Cámara Gessell”, el infierno somos nosotros

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Guillermo Saccomanno disecciona con la destreza de un cruel cirujano las miserias y pecados de los habitantes de una villa costera en la que nadie está libre de culpa.

Cámara Gesell - Guillermo SaccomannoCámara Gessell, publicada por Seix Barral, es una novela social salvaje y violenta. Guillermo Saccomanno utiliza una prosa desprovista casi de humanidad para narrar las bajezas de los habitantes de una villa costera en Argentina que sobrevive gracias al turismo de temporada. Pero el resto del año, cuando los visitantes regresan a sus hogares, ese pueblo se ve inmerso en el crimen, la corrupción, la droga, los abusos, el racismo, la violencia doméstica y las infidelidades. Una espiral de ruindad que afecta cual epidemia a los pocos lugareños, pero en la que todo se tapa, se olvida por el bien de la temporada. “Acá pasa de todo pero nunca pasa nada”: aunque la villa recuerda demasiado al propio lugar en el que vive el autor, precisamente llamado Villa Gessell, funciona como metáfora de la sociedad argentina y, por ende, mundial.

La construcción coral de la obra es el principal acierto de Saccomanno. La primera persona pasa a ser un nosotros, de manera que todo es contado por varias voces y varios puntos de vista, un recurso magnífico que aporta al mismo tiempo realismo y cierta distancia, nada sabemos a ciencia cierta, todo nos es contado y por ello deformado. El autor sin embargo también juega en algunos puntos de la novela a utilizar la que, intuimos, es su propia voz, pero sobre todo descansa el peso de la narración en el personaje de Dante, director y único redactor del periódico local y uno de los pocos personajes dignos, hasta cierto punto, de toda la villa. En un momento de la obra se dice que nadie es realmente de la villa, que todos llegaron huyendo de algún otro lugar y se quedaron allí por no saber hacia dónde ir. Es genial que Dante huya de un pasado del que sólo se nos dan pinceladas y que su posesión más valiosa sea un ejemplar de La divina comedia.

No es la única referencia que nos hace el autor para hacernos sentir en esta ciudad balnearia como en un infierno en la tierra. Pero un infierno creado por los hombres, a su medida, y habitado por almas corruptas que ni tan siquiera buscan redención más allá de un castigo de proporciones bíblicas. A pesar de todo esto Cámara Gessell no es en absoluto una novela moralista. Como hemos dicho antes el autor forma una especie de puzle coral, mezclando las diferentes historias que muchas veces funcionan como cuentos independientes, otras veces simples reflexiones de algún habitante, avisos o noticias de el periódico de Dante, anuncios publicitarios de los negocios, todo ello para unir de manera impecable las distintas voces que pueblan este libro y creando en el lector, gracias a la sucesión continua de actos malsanos y terribles o simplemente hipócritas y ruines, una atmósfera tan asfixiante como la de la propia villa.

El único problema de esta estupenda novela reside en que 600 páginas son demasiadas para lo que Saccomanno quiere contarnos y hacia la mitad de la lectura consigue que el lector llegue a cansarse del exceso de anécdotas, muchas repetidas o similares a otras. En muchos momentos peca de reiteración, por ejemplo en el tema de las infidelidades.  Pese a que la mayoría de historias son fascinantes y revelan a un autor de brillante y sagaz prosa este hecho puede lastrar mucho el disfrute del libro. Aunque el lector paciente se verá recompensado al llegar a las últimas páginas ya que Guillermo Saccomanno se guarda para ellas lo mejor de la novela hasta llegar a un final de excelente anti-clímax por lo que tiene de contundente y coherente con el resto del relato.

Portada: una villa argentina (fuente: elmundo.es)

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