Caliente, caliente

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Ya sé que no puedo utilizar términos de jaez semejante a “churri”, “parienta” o “santa”, a riesgo de que afloren susceptibilidades de esas que hay tan a flor de piel y acabe tildado de cabronazo machista a la voz de ya. Dejándome perplejo y con cara de no saber por dónde vienen los tiros, todo hay que decir.
Por eso voy a empezar utilizando el término “pareja”, en un alarde de indefinición sexual y adecuada política de gestos lingüísticos que tan en boga están. El caso es que mi pareja me esconde las cosas. Me refiero a las que son de mi uso propio y necesito tener todos los días a mi lado. Las suyas campan a sus anchas por toda la casa, por supuesto, pero las mías no pueden estar plácidamente apiladas sobre mi mesa de trabajo. Me vuelve loco y deambulo por las habitaciones revolviendo todo, como un poseso, en busca de mis cosas, que parecen haber tomado las de Villadiego de manera misteriosa y sin decir ni “Adiós, muy buenas”. Pero después se descubre que no. Alguien las ha cambiado a un sitio más “funcional” y adecuado.

Es una batalla diaria. La cosa empieza con un “no me toques las cosas”. Sigue con: “Las toco porque las tienes todas por ahí tiradas y esto es un desastre”. Que si eres un guarro, que si tú una manipuladora. Un “¡Tú no eres mi madre!” por ahí. Y un “¿Cómo puedes ser tan desordenado?”… toda la retahíla.

Después de todo el lío, si hay suerte, termina con un “¡Ay, cuando pasa la tormenta, / está mas clara la tarde! / Me gusta reñir contigo, / Porque aluego hago las paces”. (Lase con hondo acento flamenco).

La vida en pareja tiene estas cosas. Y pueden tomarse con humor o ansias de venganza. Ésta última es mi opción personal. Es tal mi dedicación, que esta batalla ha decidido darla por perdida. La cuestión es que tengo tendencia a dejar encima de las mesas y repisas del chabolo las monedas sueltas que llevo en el bolsillo, cosa que a mi santa, pareja… etece, etece, no le gusta ver por ahí. Automáticamente se produce la misma situación que con los traslados de mis cosas, esas que luego no encuentro ni a la de tres. Yo ni caso a las reprimendas, sigo erre que erre con las moneditas. Me vengo dejando más monedas todavía en los sitios más insospechados: dentro de la caja de sus pendientes, en los bolsillos de sus pantalones vaqueros y sus faldas, o debajo de su almohada. Suelo ser creativo con eso. De vez en cuando vuelve a la carga con la reprimenda, aunque hace tiempo que decidió dejarme por imposible. Un caso aparte. Aluego, hacemos las paces.

Esta historia que les cuento viene a colación de los roles que tomamos los sexos dentro de la casa. La mujer ha asumido sin cuestionárselo el concepto de limpieza y orden inculcado por una educación machista. Cada mujer tiene el suyo, que es el correcto, faltaría más. Este concepto no se ha aprendido sólo de la familia, hay otros sospechosos habituales, como son sociedad o cultura, por ejemplo. El feminismo olvida muchas veces esto y trata de eliminar las diferencias de un plumazo, actuando sólo a nivel superficial, porque el verdadero peligro está dentro de nosotros. Pero no quiero ponerme demasiado serio, ya que no es para tanto si sabemos verle la gracia a todas nuestras trampas.

Las cuestiones domésticas han sido motivos de encontronazos dentro del seno familiar. El problema está en que las posturas parten de lugares muy alejados. La mujer está segura del concepto de limpieza y orden que maneja, y así se lo hace saber al hombre. El hombre tiene dos opciones: acatar ese concepto y aceptar su parte del proceso dentro de la casa o delegar en la mujer (si ésta es de ideas tradicionales y ve eso como algo normal). Pero nunca puede negar ese concepto, a riesgo de perder la poca credibilidad que le quede.

Ésta es mi teoría o hipótesis absurda, que tiene de bueno que no tengo que demostrar delante de un tribunal de señores calvos y señoras con gesto de sorber vinagre y exceso de laca. Mis teorías, como ya saben, si sirven para algo, es para echarnos unas risas. No para presentarlas como tesis en ningún sitio.

Mis actos de sabotaje dentro del dulce hogar son actos feministas que tratan de minar ese concepto machista asumido por la mujer. Ensuciando y desparramando monedas por todos lados estoy realizando un acto de liberación, aunque esto no siempre es comprendido por ella. Pero no desfallezco, porque soy un mártir de la causa feminista. Liberémoslas a todas. Enseñémoslas a vivir con los zapatos sucios y las camisas sin planchar. Hagamos libre al género femenino.

Fuente de la imagen:
http://www.humorspain.com/tag/feministas/

3 Comentarios

  1. jaja la vida en pareja no es fácil pero te diré que no todas las mujeres tenemos esa forma de guardarlo todo. En casa, es mi novio el que me ordena las cosas y luego no las encuentro. Me desaparece el estuche de las gafas, las llaves y demás enceres que dejo sobre la mesa del comedor cuando llego… Y lo peor es que no se da cuenta que estoy buscándolas y si le pregunto cuando ve la tele dice “eh, no sé dónde están tus cosas” y claro al rato recuerda que las guardó en vaya saber uno donde!
    Pero luego él sí que puede tener sus zapatillas tiradas por la habitación! En fin, cada uno con lo suyo..

  2. Eso es exactamente lo que me hace a mí mi novia. No sé entonces a qué se deberá. Mi teoría parece desmoronarse con esto que me cuentas.
    Aunque si coincidirás conmigo en que ese rol que asumen muchas mujeres dentro de la casa con tanta naturalidad, ese de “mi concepto de limpieza y orden es el que vale” tiene un cierto tufillo a educación machista.
    De todos modos, no dramaticemos. Tomándolo con cierta rechifla adquirimos un poquito de distancia para analizar el problema de manera más clara. Es lo que tiene el humor, que no sólo sirve para reírnos un rato y hasta aquí hemos llegado. También sirve para comprender mejor las cosas desde otro punto de vista, que no por ser más distendido tiene que ser más o menos cierto que otros análisis más sesudos que se toman demasiado en serio.

    P.D: Véngate de tu novio escondiéndole la play u otro de sus bienes más preciados. Así sabrá lo que es bueno.

    Un saludo Romina.

  3. Muy bueno Alberto, buenísimo. Me ha encantado! Enhorabuena. Me parece una de las mejores teorías que he leído/escuchado últimamente.

    Apoyo tu sacrificada lucha por la libertad de la mujer y me uniré a ella sin pestañear. Digo uniré, porque he decidido dejar a mi madre fuera de esta guerra. Pero prometo que cuando viva con mi pareja desordenaré todo lo que pueda, en honor a nuestra noble causa que ahora nos une.

    PD: Intuyo que el novio de Romina es la excepción que confirma la excepción (perdonad por esta rara expresión, pero es que lo de “la excepción que confirma la regla nunca lo he pillado”).

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