Cada día tres personas son víctimas de las Bombas de Racimo en Camboya

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Pese a que han pasado más de treinta años desde que los bombardeos finalizaran en Camboya, las bombas de racimo continúan actuando. De hecho, cada día explotan tres bombas en el país africano, que afectan, en el 98 por ciento de los casos a la población civil, especialmente a los niños, quienes se acercan a ellas atraídos por su color .

Se estima que entre un 5 por ciento  y un 30 por ciento de las  de las  submuniciones que contienen este tipo de armamento no estallan, y quedan esparcidas en las carreteras, los campos de cultivo, las aldeas y núcleos urbanos. Esto se convierte en una ‘lacra’ para los refugiados. “Uno de los derechos de los refugiados es el de poder retornar a su país. Pero, la existencia de estas bombas se lo imposibilitan”, denunció, Amaya Valcárcel, Secretaria General de Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Debido a ello, el director de Greenpeace Juan López de Uralde, denunció que en España se fabrica este tipo de bombas en al menos dos empresas. Al mismo tiempo, informó de la ‘falta de transparencia’ por parte del gobierno. ‘No sabemos a qué país se destinan estas bombas de racimo”, puntualizó.

Por su parte, Kike Figaredo, obispo español que lleva más de 20 años  en Camboya, trabajando especialmente con supervivientes de las bombas de racimo, urgió al Gobierno español a que prohíba la producción de las bombas de racimo.

‘Más allá de las cifras, lo que resulta afectado es la vida diaria de numerosas personas. Y los Gobiernos occidentales, entre ellos el español, no pueden cerrar los ojos a esta realidad y vender  armas como si el resultado final no fuera con ellos. No se puede seguir haciendo negocio con la vida de los inocentes’, declaró Figaredo.

Además, el obispo denunció que el ejército español utilice este tipo de armamento para ‘no quedar en una situación inferior al del resto de los países’.

En este sentido, el obispo hizo referencia al ‘Proceso de Oslo’, que comenzó en el mes de febrero y pretende lograr que no se la prohibición de las bombas de racimo, al igual que hace diez años el Tratado de Ottawa, y al que , pese a no prohibir la creación de armamento, España participó.  ‘No queremos que os delegados se sienten a escuchar, queremos estar orgullosos de un Gobierno que rechace las armas’, sentenció Figaredo.

El obispo se encuentra en España con cuatro niños víctimas de las bombas de racimo. Entre ellos, el que tiene el accidente más reciente es  Mao Ratanak, un niño de once años , al que el pasado 18 de noviembre un objeto redondo que se encontraba cerca del río  donde  que jugaba con sus amigos le mutiló el brazo derechos, dos dedos de la mano izquierda y  u ojo derecho.

Desde el pasado mes de abril Mao vive en el centro Arrupe, con otros jóvenes mutilados. En este momento no puede estudiar, por las terribles consecuencias de su mutilación. Pero se ofrece voluntario para ayudar a sus amigos del centro, arrastra las carretillas, empuja las ruedas y cuida del jardín.

En Noruega ya ha adoptado una moratoria para terminar con este tipo de armamento. Austria, Australia y Reino Unido, en estos momentos, debaten medidas de restricción. Pero, el sobresaliente es para Bélgica que en el mes de febrero del año 2006 prohibió su fabricación.

Fuentes:
Dossier de prensa de Greenpeace
Fuentes de las imágenes:
www.greenpeace.es

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