Buteflika renueva su mandato en Argelia tras 15 años de Gobierno

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Abdelaziz Buteflika ganó las elecciones presidenciales con el 81,53% de los votos. A pesar de seguir acusando el derrame cerebral sufrido en 2013, iniciará su cuarto mandato consecutivo a los 77 años. El proceso electoral ha estado marcado por la ausencia del presidente y la abstención de casi el 50% de la población. El hastío ciudadano que reflejan las cifras y las reformas ya anunciadas, hacen prever un futuro incierto tanto para el Gobierno como para el país.

Bouteflika, imagen de wikimediaLos expertos y principales informadores internacionales ya habían apuntado la previsible victoria del casi octogenario Buteflika. Al renovado presidente no le hizo falta participar directamente en los mítines, es más, apenas ha hablado en público durante las últimas semanas. Desde que empeoró su estado de salud aparece en televisión en contadas y selectivas ocasiones, que suelen tener que ver con diplomáticos extranjeros. A pesar de su holgada victoria (81,53% de votos) respecto a su rival y excolaborador Ali Benflis (12,18%), estos comicios han estado marcados por la enorme cifra de abstención. Casi el 50% de la población decidió manifestar así su hastío contra la situación del país y sus dudas sobre la veracidad de las elecciones. Dentro de este descreimiento general, la gente joven está especialmente desganada. Constituyen casi la mitad de la población del país, critican la excesiva burocracia que reina en Argelia y la carencia de libertades públicas que hacen poco atractivo su futuro. El fraude electoral es uno de los grandes miedos de los argelinos. A pesar de la presencia de observadores internacionales de la Unión Africana, la Liga Árabe y la ONG Global Network for Rights and Development; la oposición encabezada por Ali Benflis rechaza el resultado y critica el fraude colectivo.

La evolución de Argelia pasa por un debate político, económico y también estratégico que produce un panorama lleno de incertidumbres. Buteflika ha ganado las presidenciales, pero está enfermo desde que sufriera un derrame cerebral el año pasado. Argelia se pregunta qué ocurrirá con él y su sucesión y, sobre todo, cómo se realizará este proceso de transición y cómo afectará a la marcha del país. Muestra de la poca salud y falta de actividad política del presidente es que sólo ha aparecido durante la campaña electoral en tres audiencias oficiales: con John Kerry, el enviado de la ONU para Siria y con el ministro de exteriores español, José Manuel García Margallo. La reunión con este último fue especialmente controvertida al aprovechar el acto para arremeter contra Beflis, con el consiguiente enfado público del rival.

A pesar de las dudas que suscita la reelección del presidente de cara al futuro, los observadores coinciden en que la sociedad argelina está cambiando. Este país, donde la primavera árabe pasó de largo mientras agitaba a sus vecinos, podría estar preparando el terreno para una transición desde el último mandato de Buteflika. En Argelia la mitad de la población es joven, no vivieron la independencia francesa en 1962 y no creen en el sistema político construido durante las últimas décadas. La tasa de paro ronda el 20% y el salario mínimo son 180 euros. A pesar de que el PIB se sitúa en un 4,5% actualmente, la economía vive estancada en la exportación de hidrocarburos. El país necesita diversificación y complementos económicos al potencial de los carburantes. Argelia es uno de los principales productores mundiales y el segundo de África en gas y petróleo. El país argelino podría convertirse en una alternativa al carburante ruso y ucraniano en Europa.

En esta línea el nuevo Gobierno ya ha anunciado una reforma tranquila y pactada con la oposición. En primer lugar, el presidente nombró como primer ministro a Abdelmalek Sellal, jefe de la campaña electoral, que liderará el proceso de cambios. La poca participación en los comicios ha derivado en una fase de consultas con el resto de partidos, agentes sociales y económicos, para realizar los cambios necesarios en la Carta Magna, y, especialmente, en las libertades ciudadanas. Este proceso de reformas terminaría teóricamente con la sustitución del actual presidente.

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