Brillante como el amarillo

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Chris Froome (27), ganador del Tour de Francia, con el Arco del Triunfo de fondo. Foto: Presse Sports
Chris Froome (27), ganador del Tour de Francia, con el Arco del Triunfo de fondo. Foto: Presse Sports

París iluminado recibió la carrera de las cien ediciones más de tres semanas después. El conjunto monumental de la capital gala ejerció como testigo de la coronación de otro británico, un año después de que Bradley Wiggins paseara la ‘union jack‘ por los Campos Elíseos. Chris Froome es el nuevo y merecido ganador del Tour de Francia.

Un corredor notable en todos los terrenos. Ahí descansa la mayor virtud demostrada por el ciclista nacido en Kenia durante la recién finalizada carrera. El del Sky acumuló ventaja con sus rivales en los ascensos a Ax 3 Domaines y Mont Ventoux, además de distanciarles en las dos contrarrelojes individuales. Vivió momentos de zozobra que le vinieron por el irregular papel de su equipo y en las jornadas previas a la conclusión de la Grande Boucle.

Goza Sky de un elevado respeto dentro del pelotón. Sin embargo, la escuadra británica no estuvo cerca de su jefe de filas durante muchos kilómetros decisivos. Solo Richie Porte pudo resistir al lado de los mejores. El resto de compañeros, nada. Pero Froome creó alrededor de sí mismo la figura de un corredor inalcanzable. Y la idea caló. El británico, ciclista impulsivo cuyos propios afanes han podido dañar su liderazgo, resistió sin apenas rasguños. El Movistar fue el equipo que capitalizó la carrera y el que con mayor cosecha regresa. El equipo español, heredero de los legendarios Reynolds y Banesto, consiguió los objetivos que se propuso: podio, etapas y el postre de la general de la montaña. Pese a la capacidad de su bloque y la longitud de recursos no intentaron el asalto al amarillo.

La escuadra dirigida por José Luis Arrieta no llegó a plantearse la posibilidad más alta. Indultaron el posible mal momento del líder y no le atacaron ni viernes ni sábado en los Alpes. Porque Froome, el poderoso líder que se enfundó el jersey amarillo después de ocho etapas, mostró grietas en la última semana. El jueves, primero de los tres días que la carrera pasaba por los Alpes, perdió tiempo y contacto con Nairo Quintana. El viernes, la lluvia le perdonó. El sábado, sus rivales directos, y que parecían tener un punto de fuerza más que él, compitieron solo para asegurar el podio. El ‘escarabajo’ certificó la victoria parcial y el resto de parabienes.

Alberto Contador ha cerrado un Tour discreto. Corrió animoso, ávido por probar al líder. Emprendió aventuras inesperadas, en descenso la mayoría de las mismas, que suponían una alternativa para intentar arrebatar el dominio a Froome. Nadie le puede negar su espíritu ofensivo, pero carece de la chispa y las piernas de antaño y no puede aguantar el ritmo de los más fuertes en las subidas. Su papel menor ha recibido duras críticas de parte de uno de los dos patrocinadores principales de su equipo. El español que sí alcanzó el podio fue Joaquim ‘Purito‘ Rodríguez. El catalán tuvo una trayectoria de menos a más. Terminó, magnífico, al lado de los dos capos de la carrera, Froome y Quintana.

Del campeón y el subcampeón de este año en la ciudad de las luces se espera que sigan copando el podio en las ediciones venideras. Británico y colombiano están llamados a ser los estandartes del ciclismo de las vueltas por etapas en los próximos años. Se ha fraguado este verano un binomio que se espera perdure. El anterior, compuesto por Contador y Andy Schleck, ha permanecido vigente menos tiempo del que cabría haber supuesto.

El ciclismo, ya lejos de los fastos y el ‘glamour’ propios la gran carrera gala, sigue atrapado en una convulsa mirada hacia el pasado. Solo unas horas después de haber terminado la carrera de 2013, se ha conocido el nombre varios ciclistas que corrieron la edición de 1998 bajo el efecto de sustancias dopantes. El podio de aquel año estaba contaminado, también otros ilustres participantes como el español Abrahám Olano. Lejos de las tres semanas de competición del julio francés, la disciplina de la bicicleta no refulge con el mismo esplendor.

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