Botsuana pone en jaque al Rey

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El cazador ha sido cazado. El Rey Juan Carlos sufrió una caída mientras disfrutaba de un safari en Botsuana. La caza de elefantes -una especie protegida-, los antecedentes recientes en la familia real y la falta de información respecto a este viaje desempolvan una vez más el debate sobre la situación en que se encuentra la monarquía española.

Mientras se celebraba el 81 aniversario de la II República española, el Rey decidió echar más leña al fuego. No había suficiente con el escándalo de Iñaki Urdangarin y con la reciente lesión en el pie que se produjo su nieto Froilán mientras cazaba con su padre. El monarca tuvo que ser descubierto en Botsuana, mientras disfrutaba en un safari de lujo. Siempre ha sido de sobra conocida su afición a la caza, si bien nadie podría esperar que Juan Carlos viajara al país africano a cazar elefantes con la que está cayendo en España. Todo se agrava aún más cuando se conoce que el coste del safari es de 37.000 euros, y que los elefantes son una especie protegida, aunque en Botsuana se permita su caza. Tras este escándalo, la organización medioambiental Adena-WWF estudia retirar al Rey del cargo de presidente honorífico.

El problema no ha sido que el Rey cace o deje de cazar, sino que los españoles han tenido que enterarse de esto por una caída y posterior lesión en la cadera, lo que motivó su inmediato traslado a Madrid. Habrá quien se pregunte por qué tanto escándalo, cuando no era la primera vez que el monarca iba de caza. La cuestión es que este hecho concreto ha sido la gota que colma el vaso. Puede resultar una nimiedad comparado con otras realidades más dramáticas, pero generalmente son pequeñas cosas las que actúan como chispa incendiaria.

Si algo merece especial atención es la reacción de las distintas fuerzas políticas. Mientras los dos grandes partidos justificaban al Rey o, al menos, intentaban quitar hierro al asunto, la izquierda ha aprovechado para lanzar una piedra y, por una vez, no esconder la mano. El líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, habló de “falta de respeto. No se puede decir que al Jefe del Estado le quite el sueño el desempleo de miles de jóvenes en España, ya que decidió marcharse a un país africano a matar elefantes”.

La misma línea siguió el BNG, asegurando que “no es de recibo que, con lo que está sufriendo la sociedad, el Rey se dedique a cacerías”. El líder del PSOE madrileño, Tomás Gómez, llevó la contraria a su partido y se atrevió a hablar del mayor tabú de la monarquía española, la abdicación: “Ha llegado el momento de que la Casa Real se plantee, en este caso, el jefe del Estado, que tiene que elegir entre las obligaciones y las servidumbres de las responsabilidades públicas o una abdicación que le permita disfrutar de una vida diferente”.

Son momentos difíciles para el Rey y para toda la Monarquía. La sociedad está cansada y es cada vez más consciente de que el gasto destinado a la Corona puede cubrir otras necesidades mucho más importantes. Además, cada miembro de la familia tiene su propio escándalo y el monarca no está obligado a dar cuenta de las actividades en que invierte el dinero público que se le destina.

Fotografía: Thomas_Sly

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