La Rae define el botellón como reunión al aire libre de jóvenes, ruidosa y generalmente nocturna, en la que se consumen en abundancia bebidas alcohólicas.

Esta práctica se ha visto aumentada de manera alarmante llegando hasta el doble del consumo en los últimos 20 años, y la edad de sus participantes se ha reducido de forma drástica (la edad media de los jóvenes que realizan prácticas abusivas de bebidas alcohólicas es de 14 años). Las nuevas tecnologías poseen un enorme potencial comunicativo y educativo, pero también entrañan riesgos; al formar parte de todas las actividades diarias de los jóvenes, el botellón no es una excepción a las mismas: cada vez es más frecuente la organización de botellones y macrofiestas a través de las redes sociales, como facebook o twitter, utilizando difundidos, eventos y otras facilidades que encontramos en las plataformas sociales.

El consumo de alcohol es una adicción y puede afectar a todas las edades, pero especialmente a los adolescentes, con el riesgo añadido de no estar controlado por los padres.

Desde los años ochenta, la definición de botellón y su práctica ha ido variando hasta el día de hoy. Los cambios que se han producido en los lugares donde se beben hasta la gente ha dado un vuelco en los últimos 20 años.

La situación en España

La Unión Europea (UE) es la región del mundo donde más se bebe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En España “todos los parámetros evolucionan favorablemente y en el ranking europeo estamos por debajo de la media, pero las leves mejoras se producen a un ritmo tan lento que no nos puede complacer”.

El alcohol puede derivar en adicción y es el factor de riesgo modificable que más enfermedades genera. Pero además de problemas en el sistema digestivo –que afectan sobre todo al hígado- y en el circulatorio –corazón, hipertensión…-, su consumo está asociado a accidentes de circulación vial y comportamientos lesivos, como pueden ser peleas y agresiones.

Según las estadísticas del Observatorio Español de las Drogas y las Toxicomanías, empezamos a beber a los trece años, entre la población de 15 y 65 años se comienza a beber a los 16,7, un poco antes que en 1997 (16,8 años de media) cuando se mide la edad de inicio de los adolescentes entre 14 y 18 años la cifra baja la segunda mitad de los 13.

Un 93,1% ha probado el alcohol, cuatro de cada cinco (78,3%) ha bebido algo en el último año, y el 10% bebe a diario. Los consumidores cotidianos se concentran en los tramos de edad de 45 a 64 años. Un 15% de hombres todos los días, frente al 4,5% de mujeres. Asturias es la comunidad autónoma que más alcohol bebe en España con un 71,9 frente al 35,7 % de Ceuta que es la comunidad española que menos bebe. La media en España se sitúa en un 64,4. En cuanto a Europa, el país que más bebe es Reino Unido con un 45%, en esta situación España está por debajo de la media europea con un 22,3% frente al 29,5 de media europea.

Sin embargo, los protagonistas de esta historia son en su gran mayoría los jóvenes, quienes mantienen una relación con el alcohol. La mayoría apoya la lógica de que es más factible beber alcohol, o irse de botellón, si estás alegre o si quieres celebrar algo en vez de por algo triste. También tienen en cuenta otros factores que pueda tener relación con el alcohol.

Entre las conclusiones resultado de la encuesta destacamos la temprana edad a la que los jóvenes comienzan a consumir alcohol, que bascula entre los 14 y los 16 años. Un dato alarmante corresponde con beber por diversión, ya que la mayoría de los jóvenes hoy en día no concibe salir de fiesta sin consumir alcohol.

A pesar de considerar el alcoholismo como una enfermedad, y sentirse informado acerca de los problemas que conlleva un uso irresponsable de su consumo, podemos concluir que aquellas personas jóvenes que sí beben alcohol, ya sea de forma habitual o esporádica, no lo hacen por desconocimiento de sus consecuencias, sino de forma totalmente libre y voluntaria. Además, este consumo en su mayor parte se realiza con amigos, por lo que se deduce que es hecho social.

Consecuencias, antes y después

Los impactos visuales, definidos como las perturbaciones que afectan a la visualización y que cambian el aspecto de un lugar, son más que evidentes tras la realización de este tipo de eventos. Bolsas de plástico, vasos, botellas, daños en estatuas, edificios y jardines son las formas más evidentes de impacto visual; pero hay otros hechos negativos subyacentes: impacto acústico, impacto sociológico debido a las cantidades ingeridas de alcohol, etc.

Medidas para un uso responsable del campus universitario de las universidades Complutense y Politécnica en Madrid incluyen refuerzo de vigilancia por parte de la Policía Nacional, controles de alcoholismo y prohibición de venta ambulante de comida y bebida, además, si la universidad o su rector, Carlos Andradas, lo requieren, podrá actuar la Unidad de Intervención Policial. Desde el propio Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid también se impulsan medidas para Minimizar los daños producidos a través de correos informativos y la obligación de presentar el carnet universitario para acceder a las instalaciones universitarias.

Carta de los rectores de la UCM y la UPM a la comunidad universitaria

Lo que opinan los servicios sanitarios

Viendo algunas de las consecuencias físicas que se deja entrever por culpa del alcohol, y después de escuchar tanto las declaraciones sobre esta droga tanto de un médico como de diversos jóvenes, necesitamos también tener el punto de vista de una trabajadora del Samur, quienes son las primeras personas en entrar en contacto con la víctima y que nos cuenta los diversos sucesos que ha vivido en persona con relación a los excesos del botellón, junto con el caso más impactante, cómo tienen que tratar frente a diversas situaciones y sus consecuencias.

El botellón, un problema

Los médicos advierten del exceso de consumo de alcohol en España, y su frecuencia entre los episodios de borracheras entre jóvenes, las cuales se han duplicado en los últimos 20 años. Esto produce unas graves consecuencias para su salud con embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y causa accidentes mortales, sobre todo de tráfico.

Respecto al tema del coma etílico, los jóvenes entre los 14 y 18 años de edad se emborrachan cada fin de semana, esto conlleva que se detecten cada vez más casos de comas etílicos, algunos finalizando con el fallecimiento del menor.

El doctor Joan Ramon Villalbí, representante de la Sociedad Española de Epidemiología, ha explicado que el sistema nervioso de los jóvenes es muy sensible al alcohol y su consumo episódico elevado tiene consecuencias negativas para el funcionamiento y maduración cerebral, además de asociarse a una mayor incidencia de lesiones, accidentes y prácticas sexuales de riesgo. Afirma que es necesario contrarrestar la frecuente banalización de su consumo por parte de muchas familias y de los propios menores, retrasar la edad de inicio, y disminuir tanto la frecuencia como la intensidad de estos episodios.

Entre las medidas que recomiendan los expertos, destaca la prevención en el ámbito escolar con un aumento del precio del alcohol incluyendo un impuesto especial. También pretenden reducir los establecimientos de venta, disminuir a cero la tasa de alcoholemia, crear un “acuerdo social” para que el inicio del consumo de bebidas alcohólicas comience a los 18 años, reducir la publicidad y su patrocinio y grandes sanciones económicas para el consumo en la vía pública.

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