La televisión puede ser divertida

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Becky Fuller (Rachel McAdams) es una prometedora productora en una TV local pero que, por recortes de personal, es despedida. Un golpe de suerte, sin embargo, la lleva a tomar las riendas del magazine matinal de una TV nacional con el objetivo de reflotarlo. Para ello no se le ocurre otra cosa que contratar al reputado pero hastiado periodista Mike Pomeroy (Harrison Ford), que odia este tipo de programas, con lo que no se lo pondrá nada fácil a Becky.

Cualquier productor podrá sentirse identificado con el personaje interpretado por Rachel McAdams: colgada siempre al teléfono, la presión de la audiencia, problemas entre los miembros del equipo y la obligacion de tomar decisiones casi sin tiempo para reflexionarlas. Rachel se mimetiza en el papel de productora sin perder la sonrisa y, recordando su participación en La sombra del poder, parecen sentarle bien los papeles en los que se ha de mover dentro del mundo de los medios.

Enfrente tiene a un Harrison Ford con pinta de ogro. El actor de Chicago se esfuerza (y lo consigue) en ser “la tercera peor persona del mundo” (tal como le denomina el personaje de Patrick Wilson en la película). Un hombre cansado, egocéntrico, malhumorado, egoísta… que saca de sus casillas a Becky y a nosotros unas carcajadas.

El resto de personajes actúan más bien de acompañamiento que como impulsores de la trama (Ésta gira en torno a Rachel y, en menor medida, a Ford). Algo de lo que no se salva Diane Keaton, al contrario de lo que se podría pensar en un principio. Su personaje de antigua reina de la belleza reconvertida en presentadora de programas de cotilleos y entretenimiento podría haber dado mucho más juego. Sin embargo, se queda sólo en la superficie como mera comparsa, sin entrar en sus conflictos y motivaciones (como sí se hace con Becky y Mike).

Con el sello de J.J. Abrams,  a Morning Glory se le podrá achacar la previsibilidad propia de estas cintas (tras los diez primeros minutos sabemos como acabará), pero tiene la enorme capacidad de no perder fuerza en ningún momento. Ello gracias sobre todo al desparpajo demostrado por Rachel McAdams (muy a gusto en las comedias), que hace suya la película.

Este es un film realmente divertido, al que además le podemos sacar una lectura más seria. Morning Glory pone en relieve el eterno conflicto entre el entretenimiento y la información; la tiranía de la audiencia frente al periodismo de calidad. Con un mensaje claramente optimista, la película cree que es posible ofrecer un entretenimiento de calidad. De momento, sólo es ficción.

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