Bolero

0
278

Me ocurre desde siempre una cosa que yo considero extraña. Se trata de cierta nostalgia que me aborda por algunas ciudades en las que nunca he estado. Una de ellas es La Habana, esa Habana que pinta Javier Mariscal y en la que coloca Fernando Trueba a los personajes de Chico y Rita.

Viendo las imágenes antes del estreno –incluso las que se vieron antes de que estuviese terminada- ya se podía ver que la película iba a ser distinta. Y así es porque quizá es lo que buscaron desde el principio sus creadores.

Un anciano recuerda el pasado desde una habitación con vistas a toda la ciudad. Una caja de la que, cuando se abre, brotan una serie de recuerdos en forma de notas musicales, como si de una caja de música se tratase. Y en este caso, Chico, el viejo, tiene su propia bailarina, que danza por toda la ciudad una sonatina dulce y apasionada a partes iguales. Se trata de Rita, una joven promesa de la canción cubana a la que conoció en un baile en La Habana.

Desde entonces, sus caminos se entrecruzarán, acariciándose y alejándose numerosas veces, como una tangente que va y viene con cierta cadencia. Los dos personajes vivirán una historia de amor, de las que yo suelo denominar como de verdad, esas que tienen altibajos, las turbulentas, con idas y venidas, con encuentros y desencuentros. Mientras, la caja de música suena, y los acontecimientos y sus carreras les harán desenvolverse en diversos ambientes y ciudades: Las Vegas, París, Nueva York, la propia Habana, Los Ángeles…

Cierra el cuadro de personajes un secundario muy delicado: el inseparable amigo de Chico, Ramón. Sin embargo, tras cambiar sus vidas, llegará Ron, un magnate americano y algo propiciará que Chico y Rita se separen por completo. Chico regresa al malecón de La Habana al triunfo de la Revolución de 1959. Poco a poco el músico se desvanecerá y tanto su éxito como su amor con Rita –conocida ya como Rita LaBelle en todo el mundo- se convertirán en un recuerdo que dejará de sonar en una caja que se cierra.

Los dibujos de Mariscal son minimalistas y aportan una visión muy efectiva tanto de los planos generales como de los más ínfimos detalles de cada ciudad. Lo que llamaríamos una fotografía interesante, si existiese.

Pero sin duda, argumentalmente, lo más interesante, además de la historia de amor entre los protagonistas, serán los músicos que aparecerán a lo largo de las carreras de ambos (Dizzy Gillespie, Chano Pozo, con el que entablarán relación en Nueva York, Charlie Parker o Estrella Morente). Mención especial merece la inconmensurable banda sonora, plagada de temas de estos artistas y otros similares.

Chico y Rita es un bolero. Un verdadero homenaje a la música, a Bebo Valdés, al jazz y la música cubana, además de un canto nostálgico al Cine (sí, con mayúsculas, como Arte).

Dejar respuesta