Blancanieves frente al espejo II

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Ésta es la segunda parte de una historia cuyo primer capítulo fue publicado el 21 de mayo.

…Al mismo tiempo, en un lugar cercano, su madrastra también pensaba. Estaba obsesionada con ser la más bella del reino. Ya hacía tiempo que había pensado deshacerse de Blancanieves, pero no sabía donde estaba. Tras la huída de la muchacha, esos deseos malignos se habían velado ligeramente. Pero, sin saber muy bien por qué, habían vuelto otra vez. Y se intensificaron cuando su hijastra dio señales de vida, para sorpresa de todos. Fue invitada a visitar la aldea donde vivía su joven hijastra, con la excusa de restablecer los lazos rotos.

Aprovechando esta repentina aparición, se dispuso a llevar a cabo un plan perfecto. Era muy antiguo pero efectivo. Recolectó ella misma un cesto de manzanas frescas e introdujo en ellas el veneno que le habían enseñado a preparar en su juventud. Se acicaló y compuso con sus mejores galas. Y después de esto, se dirigió con varios hombres de confianza hacia el lugar señalado. Gruñón les estaba esperando y llegaron enseguida. Pudo comprobar que su hijastra no se había ido demasiado lejos.

A Blancanieves la visita le serviría de tanteo. Averiguaría alguna de las costumbres o hábitos de su madrastra que pudieran serle de utilidad. Aún no había decidido nada. La fuerza había sido descartada por inviable. De momento, todo estaba en el aire. No le gustaba precipitarse.

Recibió a la comitiva con su mejor sonrisa. Aparcó el cesto de manzanas que le entregó su madrastra sobre la mesa de la cocina. Los soldados esperaron fuera, junto a Gruñón; y las dos mujeres charlaron animosamente durante toda la tarde. Ambas se cuidaron de parecer amables y complacidas con la compañía.

Aún no era la hora de marcharse cuando les avisaron de que una tormenta se acercaba. Había que partir. La comitiva se dispuso a ello inmediatamente. La madrastra recordó a Blancanieves que se comiera las manzanas lo más pronto posible, antes de que se pudrieran. Asintiendo la joven, hipócritamente, pues no tenía ninguna intención. Cuando estuvo confinada en sus aposentos, después de la muerte de su padre, ese fue todo su alimento. Su madrastra la encerró allí, dejándola marchitar, y las manzanas eran el único alimento que recibía.

Odiaba aquella fruta. No la quería. La madrastra había olvidado la repugnancia que esgrimía la joven al recibir las manzanas, allá en el castillo.

A los cinco minutos de la partida de su invitada, Blancanieves abrió la ventana de la cocina y comprobó que se había desatado una fuerte tormenta. Arrojó las manzanas por ella y cerró inmediatamente, pensativa. ¿Cómo haría para llevar a cabo su plan? Durante la noche charló sobre ese asunto con Gruñón, sin llegar a ninguna conclusión…

CONTINUARÁ

¡No te pierdas el siguiente capítulo de “Blancanieves frente al espejo” el 27 de mayo!

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Fuente de la imagen: blogspot

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